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Papeles del Psicólogo es una revista científico-profesional, cuyo objetivo es publicar revisiones, meta-análisis, soluciones, descubrimientos, guías, experiencias y métodos de utilidad para abordar problemas y cuestiones que surgen en la práctica profesional de cualquier área de la Psicología. Se ofrece también como foro para contrastar opiniones y fomentar el debate sobre enfoques o cuestiones que suscitan controversia.

PAPELES DEL PSICÓLOGO
  • Director: Serafín Lemos Giráldez
  • Difusión: (Noviembre 2013)
         Media de difusión: 57.900 ejemplares
  • Periodicidad: Enero-Abril | Mayo-Agosto | Septiembre-Diciembre
  • ISSN: 0214 - 7823
  • ISSN Electrónico: 1886-1415
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Papeles del Psicólogo, 1984. Vol. (18).




EL PSICÓLOGO Y LA SALUD MENTAL

José Buendía, Ernesto Coy y Manuel Esteban

EL hombre se ha ocupado de la salud mental según los criterios que sobre el concepto de salud y enfermedad han predominado en cada momento histórico.

El desarrollo actual de los conocimientos psicológicos y sociales ha cuestionado las prácticas asistenciales llevadas a cabo en las instituciones psiquiátricas y ha centrado la atención en programas de actuación que posibiliten el desarrollo de la personalidad del individuo teniendo en cuenta el ambiente en que se desenvuelve.

Desde este punto de vista, el psicólogo como profesional de la salud mental adquiere un papel cada vez más importante en los problemas de salud.

Históricamente la Psiquiatría y su correlato, el sistema manicomial, se constituyeron en guardianes del orden establecido aplicando la ideología de la desviación, negando en la práctica el carácter relativo, convencional, no universal, de la propia desviación e ignorando los factores sociales intervinientes en la causación de la enfermedad mental.

Posteriormente, se abren paso lenta y dificultosamente otros modelos, cuya trascendencia innovadora queremos subrayar y que ya hemos analizado con cierta amplitud en otro lugar.

Nos referimos, por una parte, al modelo de Psicoterapia Institucional, que se planteó la necesidad de un cambio fundamental en la estructura de las instituciones asistenciales (fundamentalmente manicomiales) para conseguir la personalización de los individuos en ellas internados y su participación responsable al más alto nivel posible, concibiendo la enfermedad mental como un fenómeno claramente social.

Por otro lado, tenemos el modelo de Psiquiatría Alternativa, que también plantea la enfermedad mental como algo fundamentalmente social y comienza denunciando la forma represiva en que se aborda la situación patológica, tanto por lo que respecta a la reclusión, como por lo que se refiere a las técnicas de tratamiento.

En la acción preventiva y terapéutica basada en estos dos últimos modelos, el psicólogo va teniendo, cada vez más, una presencia profesional que nos obliga a una constante reflexión y revisión de las funciones de un ejercicio profesional que debe tener la consideración de servicio social. Y esto es lo que aquí nos proponemos, sí bien muy brevemente por razones de espacio.

La función del psicólogo en Salud Mental

CONVIENE partir del hecho del pluralismo social, científico y tecnológico como fenómeno progresivamente creciente e irreversible de nuestra sociedad, que impide aplicar epítetos y caracteres universales y perennes al as distintas funciones sociales que hace años eran concebidas como algo unívoco e inmutable, tal el caso del médico de cabecera, el maestro, el filósofo, etc.

Eludimos, por ello, hablar del "rol del psicólogo en abstracto, como si esta función debiese ser tomada unívocamente para cualesquiera tareas que tal profesional pueda efectuar.

La profesión psicológica disfruta -o debe- de un pluralismo que le viene dado por las especiales características del objeto q que se aplica y de las condiciones en que se profesa. Entendemos que es diferente el "rol" de un psicólogo entera y específicamente entregado al laboratorio, del de un psicólogo-profesor o del psicólogo en la escuela o en las consulta, en el hospital, en el barrio o en las instituciones públicas... Nos parece un error, por tanto, entender unívocamente el rol del psicólogo y por extensión pensar en una formación de psicólogos unívoca y monolítica..

Nosotros hablamos de un psicólogo, el que trabaja en salud mental, y desde un enfoque, el de los criterios de salud que procuran los modelos asistenciales que hemos subrayado. A saber, que antes que los conceptos de normal y anormal, de lo patológico y lo formativo existe el hombre y la sociedad, el individuo y su medio en el que se generan no sólo las enfermedades, las desviaciones, sino incluso las normas que las rigen y las categorías que las clasifican. Es este sentido, la sociedad en -o puede ser- patógena y salutífera y no puede ni debe estar ajena o ausente en todo su tejido institucional, desde la familia, el barrio o el concejo hasta el Estado, en el proceso de enfermar y sanar. El psicólogo de que hablamos debe procurar ese enganche de las distintas instancias en el proceso de curar. Pero, redes sociales patógenas comprometiéndose con las mismas instituciones un las acción educativas, preventivas, profilácticas, normalizadoras, etc., que permita evitar muchas de las causas de la enfermedad. El psicólogo de que hablamos es, pues, un trabajador social.

Para ese complejo -aunque someramente enunciado-perfil profesional es preciso partir desconocimiento personal y científico de los mecanismos por los que una sociedad se estructura, opera, se manifiesta, refleja, incorpora; absolutamente imprescindible, a nuestro juicio, para entender los procesos sociales. El conocimiento de los procesos sociales. es para un psicólogo de la salud mental tan útil y necesario corno el de los propios procesos psicológicos. Unos y otros se hallan tan intrincados que cualquier disociación se haría imposible. Sólo las razones de especialización aconsejan abordar más profundamente uno de ellos, social, psicológico, somatológico. Precisamente para evitar las desviaciones o sesgos propios de la especialización es para lo que se hace absolutamente imprescindible la constitución de equipos de salud mental, integrados multiprofesionalmente, que reconstruyan en su seno la diversidad y riqueza de todo el proceso.

Desde este punto de vista la función del psicólogo ha de integrarse dentro del equipo asistencial, sin el cual no tendría sentido ni perspectiva. Pero dentro del equipo, el Psicólogo tiene un puesto privilegiado porque al estudiar al individuo como una totalidad se convierte en asesor y coordinador del equipo, y sus opiniones deberán ser tenidas especialmente en cuenta. Parece ocioso, hacer hincapié en las necesarias actitudes de colaboración, de equivalente y equipotente participación, de inutilidad de acciones fragmentarias o personalistas, etc.

Todo esto exige del psicólogo unas actitudes que le lleven a una denuncia de la sociedad actual y del sistema sanitario en particular, apareciendo en todo momento como reivindicador y facilitador de dos factores básicos:

- la democratización de la estructura asistencial,

- la devolución al presunto enfermo de sus atributos de la persona con sus derechos y libertades.

Para ello ha de trabajar por conseguir una opción asistencial alternativa que tenga en cuenta las necesidades reales de la población marginada, cuestionando al mismo tiempo el papel secular que el psicólogo como técnico de la salud mental ha venido desempeñando en la organización social como agente de control y transmisor de la ideología dominante.

Por otro lado, el psicólogo es el profesional que ha de establecer pautas de investigación para detectar los niveles de morbilidad psíquica y los factores que originan los trastornos mentales. El psicólogo es fundamentalmente un profesional de la investigación aplicada, y sus estudios del medio social deberán llevar a la denuncia de los aspectos insanos y a unos programas de actuación capaces de transformar la realidad social mediante la intervención directa en la familia, en el barrio, en el trabajo, en las instituciones en general.

Ha de investigar cuales son las condiciones psicológicas y sociales más adecuadas para hacer posible la máxima capacidad de maduración del individuo, de forma que su posterior intervención se haga sentir sobre el juego de fuerzas individuales y sociales, en todos los medios de la colectividad y en todas las fases del desarrollo del individuo, promoviendo acciones de prevención con el fin de tratar a tiempo problemas de carácter, carencias efectivas, etc. La atención al hábitat, al mundo del trabajo, a la familia, a la organización de los tiempos libres, es una exigencia indispensable para poder disponer de unas condiciones favorables.

Modificaciones de actitudes sociales

Especial papel adquiere el psicólogo en la modificación de actitudes sociales negativas y prejuicios en relación con la enfermedad mental, así como en la preparación e información de la población sobre los principios generales de higiene mental. La puesta en marcha de una adecuada educación sanitaria logrará ampliar la perspectiva de los ciudadanos sobre los problemas mentales, obteniendo al mismo tiempo una mejor concienciación respecto de actividades preventivas.

La intervención permanente del psicólogo en programas de difusión sobre planificación familiar, alcoholismo, educación sexual, etc., ayudará al individuo a vivir la salud en todos sus aspectos.

Por otra parte, un noble deseo de legitimación del papel profesional del psicólogo en la sociedad competitiva y, sin embargo, aún tan crédula respecto de ciertas presentaciones de la ciencia, la técnica -¿o la magia?- inducen con frecuencia a adoptar miméticamente las actitudes más estériles e ineficaces, pero más cotizadas socialmente de tales "científicos", tecnólogos -¿o magos?- con el fin de alcanzar indiscutido e indiscutiblemente un espacio profesional en tal sociedad.

El individualismo, el "secretismo profesional", entendido como una especie de arcano secreto de lo que cada uno hace de su "técnica", son asimismo actitudes que retardan y violentan los intentos de buscar espacios de definición profesional más afines y sensibles a las necesidades reales.

Existe, además, otro factor que no favorece en absoluto la búsqueda e implantación de nuevas formas de actuaciones profesionales. Esta es precisamente la actual situación del mercado psicológico en todos los ámbitos, pero, en especial, en el de la salud mental. Las condiciones de privatización de estos servicios que los convierte en privilegiados somete a los profesionales a contradicciones muy profundas entre la necesidad de generalización de la asistencia psicológica y las propias necesidades de supervivencia personal y profesional. Por lo general, son las condiciones de mercado las que terminan resolviendo el dilema que probablemente tantas vocaciones de servicio público ha agostado ya y va a seguir agostando.

Por otra parte, el estancamiento masivo de psicólogos está favoreciendo, entre otras, dos modelos de absorción que tampoco conducen a soluciones que puedan convertirse en alternativas. La más inmediata y obvia es la de abrir individualmente una consulta o "iniciarse" individualmente con casos individuales, por lo general próximos al psicólogo o proporcionados por algunos colegas.

El otro, más válido, al menos aparentemente, consiste en constituir equipos de trabajo entre compañeros de promoción o muy próximos e iniciar juntos la singladura del gabinete o la consulta. Naturalmente, esta fórmula permite, al menos, el contraste de opiniones, la reflexión común, la revisión de casos, etc., pero carece, inicialmente al menos, de garantías de conocimientos prácticos y de complementariedad profesional al ser todos psicólogos además, naturalmente, de la de ser consultorios privados.

Las acciones, actuaciones o interacciones para promover equipos de salud mental con psicólogos definidos y comprometidos con el "rol" inicialmente diseñado son lógicamente muchas y muy variadas, de orden político unas, social y profesional otras y no siempre diferenciadas ni diferenciables. Pero lo que nos interesa subrayar aquí, aunque sea brevemente, son las acciones referidas a la formación de los psicólogos que pretenden comprometerse con esta forma de intervención en salud mental.

El "rol" que ha de desempeñar el psicólogo en Salud Mental nos lleva a cuestionar los objetivos y Planes de estudio en la formación del psicólogo de forma que pueda desarrollar sus capacidades de iniciativa y transformación de la realidad, en vez de servir como instrumento y justificación del sistema.

Inexistente formación práctica

La formación del psicólogo que imparten las Facultades de Psicología cultiva, como todos sabemos, un modelo altamente especulativo. La formación práctica es no sólo escasa, sino en bastantes casos absolutamente inexistente. Aun allí donde existen las prácticas, éstas adolecen de un carácter absolutamente ficticio y artificioso, ya que se realizan fuera de los ambientes propios de la intervención, hogar, barrio, escuela, hospital, cte. Sin una formación que se apoye por una parte en el contacto directo con la realidad social y con la aplicación de los estudios científicos sobre ésta para modificarla y adaptarla, los profesionales se encontrarán siempre ante la eventualidad de descubrirlo todo por sí solo. No hay psicopatología, psicoterapia, ni proceso psicológico alguno que no requiera ser desprendido de una realidad social concreta para poder aplicarlo asimismo a unos sujetos que viven en dicha sociedad. Como trabajador social, el psicólogo de salud mental debe instruirse en los procesos y mecanismos de la realidad social, la dinámica de los grupos sociales y sus interacciones, las técnicas de investigación para aproximarse a la realidad social donde se origina la enfermedad mental y entender más adecuadamente los factores y procesos del enfermar psíquico. Junto a ello, es absolutamente imprescindible el dominio de las técnicas de intervención sobre la realidad y sobre el individuo con la actitud modesta e indagadora del auténtico científico, eliminando de las aulas facultativas toda actitud dogmatizante que sólo favorece la secreción de creencias 'irracionales en la omnipotencia de la técnica -¿magia?- y que tan inoperantes son para el progreso real de la ciencia y, en particular, para la salud mental de la población.

La interdisciplinaridad y la interacción entre profesiones afines que inciden convergentemente en la salud, psiquiatras, psicólogos, médicos, sociólogos, a nivel de formación son todavía simples conceptos. Pero aún la comunicación e información recíprocas siguen quedando muy lejos salvo en reductos muy localizados, que deben tender a generalizarse.

El profesorado universitario de las Facultades de Psicología está, de manera muy generalizada, formado teóricamente y mantiene por exigencias administrativas, por lo general, una gran distancia de la práctica real de la Psicología. Aquí se forma oficialmente a los psicólogos y consiguientemente a los que se dedican a la salud mental. Su falta de preparación práctica no parece sino consecuencia lógica también de la anterior premisa. Esta afirmación no significa que aboguemos por un sistema de dedicación compartida, sino que es exigitivo de la formación integral el tener los medios -Institutos Universitarios, Hospitales, conciertos con instituciones estatales, regionales, locales, etc.- teóricos y prácticos cuando ambos son requeridos por la naturaleza del trabajo a realizar. Quede aquí referencia, sin querer entrar en ello por la simple razón de no ser objeto de este trabajo, que la formación de psicólogos de salud mental requiere cambios estructurales de fondo en los procesos de formación, Universidad, y en los de asistencia sanitaria, Seguridad Social.

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