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Marzo , nº 8 , 1983 Copyright 1983 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

GABINETES, ¿UNA SALIDA?

Daniel Iríbar

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Ejercer libremente como psicólogo es una salida profesional muy dura. En ella nadie te arropa a no ser que entres en algo que ya está en marcha, en algo que lleve tiempo funcionando. Con estas palabras resume su experiencia Enrique Galán durante una mesa redonda celebrada en la Sala de Juntas del Colegio. La contrapartida de esa indefensión consiste en que haces lo que tú quieres.

El equipo de redacción de Papeles del Colegio decidió convocar tal mesa redonda porque deseaba dar a conocer a sus lectores cómo se desarrolla el trabajo en gabinetes privados. Enrique Galán forma parte de uno de ellos, de K.A. Diagnóstico y Psicoterapia.

Para mí, el gabinete no fue consecuencia de la falta de otras perspectivas profesionales; de que, por no encontrar trabajo de otro modo, tuviera que montar uno para salir adelante. Ejerce por libre por vocación.

Yo creo que siempre hay otras salidas: puedes hacer oposiciones y convertirte en un funcionario, por ejemplo. Pero ¿qué le significa convertirse en un funcionario a un psicoanalista que busca trabajo como psicólogo clínico en un hospital? Significa estarse años pasando tests, remontar poco a poco el escalafón y cuando ya sea mayor acceder a la posibilidad de hacer el trabajo profesional que quiere... si es que para entonces le quedan ganas.

A la mesa que estamos transcribiendo convocamos a psicólogos que forman parte de gabinetes muy diferentes entre sí, tanto por el número de años que llevan funcionando como por los recursos de que disponen y por su orientación; intentábamos reunir una muestra representativa de ese mundo de los gabinetes, tan variado.

No creo que hay tantas posibilidades de elegir trabajo cuando tanta gente está en paro, replica Agripino Matesanz; yo creo que la mayor parte de los psicólogos recién licenciados está deseando trabajar y lo haría aunque fuera de administrativo. Agripino Matesanz, otro de los asistentes forma parte de Intesex, Instituto de Terapia Sexual.

En la mesa prevalece una opinión pesimista -o tal vez realista-; según ella, quienes abren gabinetes lo hacen, más que por otra razón, por mor de la dura necesidad de abrirse camino, de crear posibilidades de trabajo en la propia profesión.

Tras una primera ronda de intervenciones, Enrique Galán matiza sus opiniones iniciales y coincide con el resto de los asistentes. Efectivamente, la mayoría de la gente recurre a formar un gabinete porque no tiene otras vías; aunque, insisto, para algunos formar un gabinete es una opción, un proyecto voluntariamente elegido.

Proporcionalmente, las últimas promociones son las que más trabajan en gabinetes. Ha tomado la palabra Adolfo Hernández, secretario del Colegio. Como no tienen otra vía de acceder al mercado de trabajo y, para ejercer libremente, la ley sólo les exige tener el título y estar colegiados es lógico que encuentren en ella la única alternativa existente para iniciar la experiencia profesional. Las cifras al respecto no engañan.

Montar el gabinete

Para quien se lanza por ese camino, lo fácil sería incorporarse al finalizar los estudios a un gabinete que ya esté instalado, que ya tenga sus clientes y su estructura. Pero ¿cómo conectar con ese equipo, en qué condiciones? Y si no es posible conectar con ninguno, ¿cómo montar un gabinete nuevo? ¿dónde, con qué criterios, cómo captar los clientes, qué problemas tratar, a dónde acudir para obtener créditos, cómo cubrir todos los requisitos legales que se exigen?

Bastantes colegiados de las últimas promociones harían, si estuvieran presentes, esas mismas preguntas a los reunidos. Con frecuencia llegan a las oficinas del Colegio con dudas sobre cómo se hace para abrir un gabinete y qué posibilidades se crean al montarlo. Eramos un grupo de cuatro personas que llevábamos un tiempo pensando en montar un gabinete; pero no teníamos ningún dinero. Verania Andrés comienza a relatarnos cómo formaron entre varios compañeros C.T.M.C. Centro de Terapia y Modificaciones de Conducta. Dio entonces la casualidad de que hicimos un programa de radio que nos permitió darnos a conocer. Acudieron a nosotros varios posibles clientes. Recuerdo perfectamente que a raíz de tener veinte nos decidimos a empezar. Según nuestros cálculos, esas veinte personas nos daban la seguridad de que al menos íbamos a cubrir gastos. En el caso de C.T.M.C., los cálculos fueron correctos; esta vez no se trató del cuento de la lechera; C.T.M.C. continúa abierto y Verania sigue atendiendo a los que allí llegan.

Tampoco fue una experiencia truncada la que José Carlos de Prada acometió al montar un gabinete. Hay una vía que hasta ahora no se ha citado y que, sin embargo, por mi experiencia se que la hemos seguido bastantes compañeros: la vía del meritaje, la de la asistencia voluntaria. José Carlos de Prada forma parte del Taller de Psicología. Si no tienes dinero para pagarte una formación postuniversitaria, si no tienes dinero para soportar los gastos de instalación de un gabinete, que además al principio no va a tener pacientes, yo no veo otra solución que ésta: dar el trabajo a cambio de esa formación y de los medios que precisas para instalarte. Una inversión de cara al futuro.

Formación y profesión

Me parece oportuno plantear algo en relación con los estudios en la Facultad. Galán ha pedido la palabra. Aquellas personas que durante la carrera se limitan a hacer sus cursos, salen de la Facultad y están absolutamente asustados. A ninguno se le ocurre nada, ni montar un gabinete ni nada. En cambio, aquéllos que durante su preparación han establecido alguna relación con algún gabinete o se han psicoanalizado están más capacitados para salud adelante.

Un nuevo tema ha saltado a debate: la formación universitaria y el ejercicio profesional. Francisco Escobar, psicoanalista, lo recoge inmediatamente. Una persona al salir de la Facultad no sólo desconoce la forma de acceder al ejercicio de su profesión; es que tampoco tiene mucha idea de psicología. Además, y esto me parece particularmente grave, e incluso de dudosa eticidad, no ha pasado por la psicología dentro de sí. Siendo una persona que va a proyectarse continuamente, él no tiene resultados una serie de conflictos internos. En un extremo, Francisco Peñarrubia asiente con la cabeza: estoy de acuerdo en que el tema más serio es el de la formación. Francisco Peñarrubia forma parte de CIPARH, Centro de Investigación Psicosociológica. Aplicada a las Relaciones Humanas. Porque con el título en la mano, si sabes exactamente qué hacer encuentras el dinero para alquilar lo que sea, para abrir una consulta... Y Escobar, por su parte, remacha: La psicología no se pasa dentro de uno en la Facultad porque no les interesa, porque les supone demasiado trabajo. Supone demasiado trabajo formar profesionales con todas las pautas y claves que exige el ejercicio de la profesión.

Galán va a intervenir de nuevo; se han adelantado opiniones serias que exigen una recapitulación. Hay que distinguir dos cuestiones. La primera es la económica y la segunda la de la preparación. Ambas están además muy relacionadas.

Efectivamente, vuelve a la carga Peñarrubia; al no estar previstos cursos subvencionados para postgraduados en los que se entrene en psicología aplicada, bajo una supervisión, tienes que hacerlos por tu cuenta y eso sí que suponen tiempo y dinero. (Escobar interrumpe: la formación psicoanalítica viene a costar en España unos dos millones de pesetas). Para el tema estrictamente económico de montar el gabinete sí que veo soluciones, continúa Peñarrubia. Abrir una consulta y comenzar a manejar lo que más o menos aprendisteis en la Facultad, eso se resuelve. En opinión de Peñarrubia, sabiendo lo que se quiere hacer se encuentra una solución para los problemas de dinero.

Qué salida queda

La mesa redonda va cerrando posibilidades en vez de abrirlas: por un lado, uno sale de la Facultad y no tiene ni idea; por otro si quiere aprender, ha de gastarse un montón de dinero; además si se lo gasta, lo hace sin ninguna garantía de que su inversión sirva para algo. Ya me diréis entonces qué salida queda, comenta Adolfo Hernández; cómo puede una persona decidirse a hacer una inversión, por mínima que sea, si no existe alguna posibilidad intermedia, algunos mecanismos similares al que Verania nos contaba al hablar de aquel programa de radio que le trajo los primeros clientes.

José Carlos de Prada tiene algo que decir y por su expresión se adivina que quiere despejar los nubarrones acumulados sobre la Sala de Juntas del Colegio. La cosa es dificilísima, comienza; pero aquí estamos reunidas unas serie de personas que lo hemos intentado y por el momento no nos hemos muerto de hambre. Ahí tenéis también los datos de ese montón de psicólogos que lo están haciendo. Luego la experiencia dice que existen vías practicables para salvar los dos problemas iniciales fundamentales: el de la formación y el económico.

Prada se sumerge en su memoria. Nosotros, los del Taller de Psicología, establecimos contacto trabajando en el Servicio de Psiquiatría de la Paz. Allí trabajábamos sin cobrar, sólo para adquirir experiencia. Teníamos facilidad para trabajar a nivel clínico, no sólo de pasar tests como se decía antes.

En mi caso, Jesús Valcárcel también trata de recordar, lo que hice fue irme a EE.UU. Jesús Valcárcel trabaja en IBPSI, Instituto Biopsicotécnico Español, S.A. Cuando volví tuve la suerte de conectar con alguien que tenía un gabinete abierto en el que pude ver cómo se podía aplicar lo que había aprendido; entonces en mi casa, en un salón me dediqué a trabajar.

Hoy existen mayores posibilidades, Prada vuelve al presente. Conozco personas que están trabajando en la AISNA como contratadas. Ya no tienen que trabajar gratis como él lo hizo. Eso quiere decir que se van produciendo cambios en la valoración del trabajo clínico del psicólogo.

Jesús Valcárcel ofrece, a partir de la experiencia que antes no relatara, algunos consejos para los recién llegados a esta profesión. Recomendaría que primero se preocuparan por conocer cómo se trabaja en psicología: que se introduzcan como puedan en un hospital en un área en la que por lo menos vean a un paciente, o que se pongan en contacto con gentes que estén organizando cursos o estén trabajando de alguna manera y les transmitan su experiencia. Sería interesante, es ahora Galán quien interviene, que a partir de tercero de Facultad se conectara con pacientes, se pudieran hacer diagnósticos orientados por terapeutas. Podrían hacer un ciclo práctico de dos años en el que realizarán fundamentalmente psicodiagnóstico; aprenderían un lenguaje, unas técnicas, etc. Luego, en una segunda fase, ya acabada la Facultad, pasarían por ejemplo a hacer psicoanálisis de niños; lo digo porque una persona de 23 años es un adulto para un niño, pero no lo es para una persona de 40 años. Así realizarían un pequeño aprendizaje durante unos cuantos años, Esas prácticas con niños permiten conocer muy a fondo los mecanismos dinámicos, muy claros en los niños y entonces podrían pasar a los adultos. Verania asiente; a mí me decían antes de empezar: métete con niños porque seguro que tienes más clientes y es verdad; Francisco Escobar redunda: evidentemente, no te vas a dedicar cuando comienzas a los neuróticos obsesivos, porque la armas; puedes trabajar al comienzo con determinados pacientes que presentan exigencias mínimas; pero, y aquí vuelve a uno de sus temas constantes, la condición mínima de todas es la de estar sano.

Centrando el debate de nuevo en la formación, toma la palabra Prada. Lo básico en una línea de terapia de conducta es el hincar previamente mucho los codos, el tener una formación teórica muy sólida y después ir comenzando la práctica respaldado por un profesional que tenga experiencia; en una línea dinámica quizás sea más complejo. En el caso de nuestro gabinete, refuerza Verania la opinión de Prada, ocurrió algo así; desde tercero empezamos a estudiar modificación de conducta y además tuvimos la suerte de poder acudir desde entonces a un gabinete donde nos asesoraban, veíamos cómo hacían terapias... es decir que teníamos contacto directo con la práctica.

Galán apostilla: en el sentido de lo que estáis hablando, en la Facultad de Somosaguas hay proyectos de abrir la Facultad al servicio de orientación, de psicoterapia, etc., llevada por clínicos; de hacer una Facultad experimental.

Evidentemente al terminar los estudios falta experiencia profesional, aunque habría que señalar que eso ocurre en todas las carreras; está hablando Adolfo Fernández. Sabemos también que en algunos países exigen unas prácticas postuniversitarias para acceder al pleno ejercicio profesional: en Estados Unidos por ejemplo, para ser socio de la APA exigen, además del nivel de doctorado, cinco años de prácticas supervisadas. De todos modos sobre ese tema de formación hay mucho que discutir y quizás convenga dejarlo para otra ocasión y centrarse ahora en los problemas con los que se encuentra la persona que termina, independientemente del de su preparación. Lo primero que tendrá que plantearse es qué puede hacer que comience a darle dinero, y que le abra camino, sabiendo que inicialmente no podrá hacer lo que quiera si no tiene a alguien que le financie.

Verania quiere dar a conocer su opinión. Parece que hay que arriesgarse a perder dinero y el trabajo que puedas aportar. Claro que para ello es conveniente tener de algún modo cubiertas las espaldas, prevista la "retirada". En nuestro caso, dos personas trabajan en otro sitio y otras dos, yo era una de ellas, estábamos viviendo con nuestros padres, lo que quería decir que no nos iba a faltar de comer.

Por lo que en el Colegio sabemos, continúa Adolfo Hernández, los gabinetes tienen múltiples problemas iniciales: aparecen, desaparecen, se refundan con otra gente, etc. Inicialmente les es muy difícil, por no decir que imposible que una persona pueda vivir aceptablemente sólo de un gabinete. Quizás vosotros no tenéis ya esos problemas porque habéis pasado las etapas iniciales de montaje. Pero nos interesaría que hablarais de eso para que, a partir de vuestra experiencia, pudiéramos informar a un vasto colectivo de nuestros lectores que ve como única salida la de montar un gabinete.

Montamos el gabinete con unas 60.000 Ptas. cada uno de los cuatro que lo formamos -nos cuenta Verania-, lo que si bien no es mucho dinero sí que lo era para nosotros, pues no lo teníamos; tuvimos que pedirlo a unos y a otros . Ahora llevamos ya dos años y medio trabajando y, bueno, hace muy poco que podemos vivir sólo de ello. Yo les diría a los que van a montar un gabinete, que cuenten al hacer planes con que en los dos primeros años no van a obtener dinero, porque, el dinero llega, pero hay que invertirlo de nuevo si se quiere mantener el gabinete.

Nuevos campos de actividad

Para mi, cambia de onda Galán, el problema de fondo es el de que no está organizado el mercado de trabajo del psicólogo. Sobre la mesa de esta Sala de Juntas de Fernández de los Ríos, 87 acaba de plantearse un nuevo aspecto, estructural, del ejercicio libre; es un aspecto que sólo la acción continuada de la profesión podrá ir modificando. Con la psicología se podrían hacer muchas cosas: desde organizar el espacio de una discoteca hasta publicidad; se podría, en general, apoyar cualquier trabajo de grupo. Pero la dura realidad es que sólo tenemos clínica, pedagógica e industrial, y eso con unas limitaciones que no hace falta que os cuente pues las sabéis igual que yo. Efectivamente, va a insistir Jesús Valcárcel, lo fundamental me parece que es ir incorporando los saberes del psicólogo a otros campos, porque en los que existen el mercado está totalmente saturado. José Carlos de Prada no lo cree así: el campo de la psicología clínica es lo suficientemente amplio como para que puedan trabajar en él todos los psicólogos que hay en el país y bastantes más y el hacerlo sería beneficioso para la sociedad.

Lo que hay que reconocer, comenta Jesús Valcárcel, es que esté o no suturado el mercado, la gente te llega a un gabinete nuevo muy mal informada, pensando que somos unos brujos o aún cosas más extrañas. Claro, insiste José Carlos de Prada; uno de los problemas más graves con los que se encuentra cualquier gabinete es el de la información; y es muy difícil realizarla por cada gabinete, porque no existe una propaganda general que dé a conocer a los ciudadanos para qué sirve un psicólogo. Y no sólo a los ciudadanos; porque el problema, el gran problema, no es el de que el hombre de la calle conozca a los psicólogos y sus funciones, sino el de que son igualmente desconocidos para una serie de profesionales que deberían colaborar en la formación y difusión de una demanda de psicología: es proverbial el desconocimiento de los médicos sobre el papel de los psicólogos. A mi me han llegado pacientes enviados por médicos con exigencias totalmente descabelladas.

Todo eso es en parte cierto; pero insisto, nos dice Galán, es importante lo que antes os decía: la psicología tiene que abrirse a otros campos y esa apertura difícilmente la pueden acometer los profesionales veteranos o el Colegio; éstos lo más que pueden hacer es abrir brechitas. Son los nuevos los que tienen que abrir los campos más modernos. Galán, remacha: todas esas nuevas salidas, que las hay, las van a abrir aquellas personas que están terminando los estudios y que digan: oye, mira, yo entiendo muchísimo de organizar espacios; y van y venden esto como psicología. ¿No fue eso lo que hicimos nosotros en los campos ya establecidos?.

Cómo llegan los pacientes

El gabinete ya está abierto (en artículo aparte incluido en este A fondo, la Asesoría legal del Colegio informa sobre criterios legales orientativos para la elección de una u otra fórmula jurídica en la constitución del gabinete); se presentan otros problemas; el primero y fundamental es el de qué canales abrir para que los clientes lleguen. Si el gabinete es nuevo, si partes de cero, un porcentaje muy alto te llega a través de la propaganda directa, dice Valcárcel, en la prensa o mediante buzoneo. Luego te llegan a través de las relaciones que vas estableciendo y tarda bastante tiempo, pero bastante tiempo, en llegarte a través de los propios pacientes que ya has tenido, lo que al final se convierte en la vía principal. Matesanz está de acuerdo, aunque con un pequeño matiz: eso es cierto, excepto si se trata de un problema sexual; en este caso a veces no se entera ni la propia mujer de que se ha acudido al tratamiento, por lo que difícilmente puede funcionar la comunicación de viva voz. En estos casos, lo que verdaderamente funciona es la publicidad en la prensa y la comunicación al resto de los psicólogos, aunque pienso que la repercusión de estas últimas comunicaciones ha sido mínima en comparación con la repercusión de la publicidad en la prensa.

Pues nuestra experiencia, comenta Prada, es que la propaganda que hemos hecho como tal propaganda nos ha dado muy mal resultado: ni las cartas a médicos, ni el buzoneo en el barrio, ni nada. En cambio, lo que nos ha dado un gran resultado son cosas que no nos habíamos planteado como propaganda: charlas, conferencias, cursillos en centros sanitarios, etc. De esas cosas han surgido muchas relaciones que luego se han convertido en fuentes de clientes. En el mismo sentido opinan ahora casi todos. Verania, que está también de acuerdo, y que además insiste en lo caro de la publicidad en prensa, no puede dejar de recordar aquella emisión de radio que permitió a su gabinete arrancar: lo que verdaderamente funciona es la radio; pero es dificilísimo acceder a ella. Y las amistades, profesores, etc. Amaya Ortiz, miembro también de RA, piensa que su gabinete ha salido adelante gracias al conocimiento de gestes, no sólo de otros gabinetes, sino sobre todo de otras profesiones, fundamentalmente médicos. Efectivamente, puntualiza Peñarrubia, muchos vienen a partir del intercambio profesional, de hospitales con los que hemos hecho formación, o de sociedades que aglutinan profesionales. Nuestra idea básica al respecto es la de mantener un programa de actividades y enviarlo por correo a mucha gente. A estas actividades nos viene gentes incluso de fuera de Madrid con un interés informativo. Prada insiste ahora en que si falla la propaganda directa es porque falta una propaganda de fondo sobre qué es un psicólogo y qué es la psicología.

Relaciones profesionales

Las relaciones interprofesionales, parece, no son sólo interesantes como forma de intercambio de experiencias, sino que, por lo visto, influyen también en la promoción del gabinete. Vamos a tratar pues más profundamente de los contactos interprofesionales e intraprofesionales. Nosotros derivamos mucha gente a otros centros, comienza Francisco Peñarrubia. Y muchos otros profesionales nos envían gente a nosotros. Es importante en ese sentido poder tener reuniones de profesionales de distintos centros e intercambiarse casos; todos nos hemos encontrado con pacientes que después de un cierto tiempo se estabilizan, que no avanzan. Entonces hacemos intercambio. Facilitaría esta forma de actuar, el pasarlo incluso a otro tipo de técnicas, el establecer una relación entre gentes que trabajamos en distintos sitios, con distintas orientaciones. En este sentido a nosotros en nuestro centro nos gustaría potenciar una cosa de éstas: tendría que existir como un forum que nos uniera a los centros. Y para mí, el intercambio será tanto más rico cuanto más distintos fueran los enfoques. José Carlos de Prada refleja lo que ocurre en su gabinete: nosotros recibimos bastante gente de profesionales que están en centros oficiales en nuestra misma línea y que no pueden atenderlos por circunstancias de tipo legal o de capacidad. A partir de ahí solemos tratar a los pacientes hasta el final. Aparte de esto, otra fuente importante es de fuera de la psicología; recibimos gente de los psiquiatras y también se la enviamos, para control de medicación fundamentalmente. Esto supone problemas bastantes serios. Lo ideal desde luego sería poder formar un equipo interdisciplinario; pero es prácticamente imposible por razones económicas, sin hablar de los problemas con que nos encontraríamos para seleccionar a la persona adecuada. De momento es bastante difícil que desde la medicina puedan colaborar con una línea de terapia de conducta que para nosotros es la fundamental.

En la relación con psiquiatras, continua Prada, hemos tenido todo tipo de problemas; incluso en un caso que enviamos para resolver un problema del tipo que antes os decía, el psiquiatra de zona de la Seguridad Social nos ha llegado a decir que el psicólogo es un intruso que no tiene que entrar en esto. Y no digamos nada de los médicos; si los psiquiatras plantean problemas, los médicos es que desconocen que estamos haciendo los psicólogos, mucho más si lo hacemos en una línea relativamente nueva como es la terapia de conducta.

Peñarrubia disiente: nosotros tenemos una experiencia muy positiva de intercambio entre psiquiatras y psicólogos. De todos modos, los intercambios de experiencias son difíciles, incluso entre distintos gabinetes de psicólogos: existen ciertas resistencias, que a mí me parecen absurdas.

Prada está muy interesado por ampliar el ámbito de los intercambios más allá de los que ya puede practicar (cuando llevas un cierto tiempo, se te empiezan a quedar cortos); demanda por eso del Colegio una mayor intervención en este campo: podría facilitar encuentros, sesiones clínicas, estudios más o menos monográficos; debería superar el actual nivel de formación que en él se imparte, que es un nivel muy básico. Claro, para la gente que acaba de terminar en la Facultad existe la necesidad de un tipo de cursos como lo que ahora hace el Colegio. Pero quienes llevamos ya un tiempo trabajando necesitamos otras cosas, necesitamos un mayor intercambio.

Siempre que intercambias opiniones concluye Prada tienes una visión más amplio de lo que es la persona humana, que al fin y al cabo es a quien estamos dedicándonos.

¿No sería mas interesante el intercambio, el análisis de experiencias en un marco operativo, en un hospital con diferentes especialistas? Particularmente a mí, ya no me interesan esas discusiones sobre la utilización masiva de fármacos o la utilización de terapias; eran discusiones que me atraían cuando estaba en la Facultad, pero ya no. Lo mismo me ocurre con esas discusiones sobre líneas; hoy no me dicen nada.

Organización del trabajo

Insensiblemente pasamos de este tema al de la organización del trabajo en el interior del gabinete. Los contertulios expresan experiencias muy similares: existe una especialización en el interior de cada gabinete, pero el paciente llega "destinado" a uno de los componentes del equipo y a éste le toca tratarlo, le corresponda o no en el organigrama del gabinete. Cuando alguien viene, viene preguntando por una persona que conoce, que le han dicho, comenta Peñarrubia, y si intentas cambiarlo, añade Prada, te contesta "a mi me ha dicho el señor tal que fulano", con lo que fulano ha quedado marcado por un carisma que hace conveniente que sea él quien lo atienda.

Alguno de los asistentes defienden posiciones más especializadas; es el caso de Valcárcel o de Amaya Ortiz. Otros enfatizan menos en esa cuestión.

Las cosas son muy distintas según se trabaje en un hospital o no, comenta Prada. En un hospital, en el que existen campos específicos del psiquiatra, del psicólogo, del asistente social, de la enfermera, se establecen los campos con más claridad; pero cuando sales de ahí, la especialización es bastante difícil, porque las relaciones son más lejanas, lo que no deja de originar ciertos tipos de susceptibilidades. Lo ideal para mí sería poder lograr un equipo en el que por lo menos pudiéramos integrar a un psiquiatra; las dificultades mayores para conseguirlo estriban en razones de tipo económico y en poder encontrar la persona que se acople a nuestro tipo de trabajo.

Por parte de los otros componentes de esta mesa redonda, que, excepto Amaya Ortiz y Matesanz, tampoco cuentan en su gabinete con un equipo multiprofesional, se señala cómo últimamente las relaciones con psiquiatras son mucho mejores, -mi experiencia, dice Francisco Peñarrubia, es que ahora por primera vez los psiquiatras están pidiendo formación a los psicólogos en áreas que ellos no dominan, lo cual me parece importante.

Jesús Valcárcel es más taxativo: la realidad es que nosotros siempre hemos tenido una buena relación con los psiquiatras, quizás porque siempre hemos actuado de tal modo que primero estaba la amistad y después la relación profesional.

Incluir o no incluir otros profesionales en el gabinete es en gran medida un problema económico.

Vivir de la profesión

Volvemos a los temas iniciales: durante toda la conversación late, tras todos los problemas, una cuestión fundamental, en algunos momentos obsesiva: financiar el gabinete, vivir de la profesión. Algunos pacientes vienen a nosotros y no pueden pagarlo, comenta Agripino Matesanz. Y no pueden ir a otro sitio o no saben, o si acuden al psiquiatra sabéis con qué respuesta pueden encontrarse. Este es uno de los problemas más dolorosos: la necesidad por parte de los pacientes de obtener de alguna manera una asistencia.

Juan Carlos Prada, por su parte, opina: después de todo lo que hemos hablado, una gran mayoría de nosotros dejaríamos de lado, a largo plazo, la actividad privada, si se pudiera cubrir realmente por parte del Estado. No cabe duda que resultaría mucho más satisfactorio, incluso a nivel económico, ya que aunque no se consiguieran unos sueldos fabulosos no cabe duda de que la seguridad podría compensar. Y luego, las facilidades para tratar todo tipo de pacientes, serían mayores de la que tenemos a nivel privado, donde hay que superar a veces grandes limitaciones. Yo desde luego, mañana cerraba, continúa Prada, si hubiera una opción pública. Que la gente llegara, que se lo pagara la Seguridad Social... Con este tipo de organización, evidentemente los psicólogos que hoy estamos en los gabinetes podríamos también procurarnos una mayor formación, estar más al día, etc. Yo además tengo un dato de mi experiencia: cuando estuve en la Seguridad Social, veía a gente de todas las clases sociales, mientras que en los gabinetes sólo vemos a gente de nivel universitario, excepto en el trabajo con niños; eso es bastante significativo de la limitación que constituye para nosotros y para el público la privatización de la psicología.

En qué medida no sería posible, se pregunta y pregunta Matesanz, participar, ya que no se puede en el circuito público, en los circuitos de los seguros médicos privados, Sanitas, Asisa, etc.

Creo que ha habido varios intentos de ese estilo, comenta Prada. Nosotros, en concreto, hemos presentado proyectos de participación en alguna Sociedad y nos hemos encontrado con pegas enormes: al final siempre resulta que ofrecemos un servicio que a una sociedad que tiene como finalidad el lucro le resulta caro. Se comenta que hay algunas instituciones, se cita en concreto a la TVE, que se "permite ese lujo". Lo que no se nos debe olvidar a los que estamos en gabinetes, finaliza Prada, es que ese lujo lo estamos financiando en gran medida los propios gabinetes privados con nuestras dificultades.

Seguridad Social

Ya hemos hablado de casi todas las dificultades. De las importantes, quizás nos quede solo una: la Seguridad Social de los psicólogos que trabajan en gabinetes.

En nuestro gabinete, el de José Carlos de Prada, el Taller de Psicología, cada uno tenemos nuestra propia mutualidad médica; pero el resto de las cuestiones, jubilación, baja por enfermedad, etc., no las tenemos resueltas. Es un problema importante y nos parecería interesante que el Colegio intentara organizar algo, una mutualidad u otra cosa, que pudiera de alguna manera cubrir una serie de eventualidades que todos tenemos, desde la asistencia médica hasta una jubilación o problemas de este tipo. Hasta hace poco a los profesionales que trabajaran por libre les era difícil o imposible acogerse al régimen de autónomos de la Seguridad Social, informa Adolfo Hernández. La dificultad es algo menor últimamente: ahora es posible que grupos de profesionales se acojan al régimen de autónomos de la Seguridad Social; así lo han hecho los economistas, los veterinarios y los agentes de comercio, negociándolo su Colegio con la Seguridad Social. El problema que se plantea es el de que si el Colegio negocia eso y lo consigue, entonces es obligatorio acogerse a ese régimen de la Seguridad Social: o sea que no se consigue el derecho individual a acogerse a la Seguridad Social sino el derecho y la obligación para todo el grupo, para todos los psicólogos que ejercen por libre, para todos los que no están ya cotizando a la Seguridad Social.

Los asistentes expresan diversas opiniones; piden más datos; el problema preocupa. José Carlos de Prada, que lo suscitó, sugiere aplazar las opiniones: hay que tener más datos económicos y dárselos a todos los colegiados para poder tener una idea firme.

La mesa llega a su final. Han sido varias horas de reunión en las que se ha pasado revista a los problemas de los colegas que ejercen libremente. Mejor dicho, ellos han sido los que nos han explicado su situación. A nosotros sólo nos ha quedado transcribir sus palabras, resumirlas, ordenarlas. Si hemos logrado hacerlo con fidelidad, nuestros lectores conocerán mejor tan importante sector de la profesión; si no... que él nos lo demande.