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Mayo , nº 25 , 1986 Copyright 1986 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

LOS VALORES QUE NOS GOBIERNAN

EUGENIO GARRIDO MARTÍN, ALBERTO DE LA TORRE GARCIA, LUIS GOMEZ JACINTO

Universidad de Salamanca

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Dado que la ley positiva regula la conducta humana en general, o que tiene consecuencias para la personalidad cuando sanciona la conducta individual, la psicología, ciencia de la conducta y la personalidad, ha de ser la verdadera consejera del legislador; acaso el psicólogo debiera ser el legislador.

A esta conclusión se llega cuando desde el punto de mira de la psicología se estudia el contenido y la aplicación de la ley penal, por ejemplo. Pero ni por esencia, ni por finalidad puede la psicología convertirse en legislador; sí puede, en cambio, (Reich, 1982) evaluar la ley positiva desde sus hallazgos científicos; también debe, naturalmente, estudiar el comportamiento legal en sí mismo. La psicología no sólo trabaja para el derecho, sino también en el derecho. (Muñoz Sabaté, 1975; Tapp, 1975).

El presente estudio es un intento para evitar el psicologicismo aplicado a la ley; nace de la convicción de que la ley, y también la ciencia positiva (Buss, 1979) tiene su último fundamento en la escala de valores del legislador y del investigador; de ahí su título: Los valores que nos gobiernan,- aunque pretende demostrar en estudios posteriores, que las leyes cambian cuando cambia el partido político que está en el poder.

Entre los teóricos de la psicología legal también existe el convencimiento de que la ley depende de los valores que gobiernan (Kirby, 1978; Bertrand, 1983). Saks, 1982, lo expresa así: "Cada encarnación de una innovación varía probablemente desde algún modelo ideal" (pág. 329). Participación de este convencimiento los estudiosos de las aplicaciones de la psicología a situaciones legales, Por ejemplo, Pandey et al. (1982) descubren que los afiliados a partidos de derechas atribuyen las causas de la pobreza a defectos personales del pobre, mientras los afiliados a partidos de izquierdas echan la culpa al Gobierno. Al tratar de las posibles medidas contra el desempleo Jahoda (1981) dice que dependen de la ideología del partido que esté en el poder: las derechas tienden a medidas individuales, las izquierdas prefieren las comunitarias. Conclusión parecida se desprende del estudio de Sears y McConahay (1973) sobre la intervención de la policía en las revueltas callejeras.

La psicología de los valores (Rokeach, 1968, 1973, 1979, 1982) da por supuesto que así debe ser, pues una de sus funciones es servir de contraste para el enjuiciamiento de la conducta propia y ajena. Si deben regular la vida, deben, pues, regular las leyes que regulan la vida.

Para descubrir los valores que actualmente gobiernan nuestras leyes caben dos posibilidades: hacer una encuesta o aplicar una escala de valores a los políticos, lo que es imposible, o hacer un análisis de contenido de sus escritos y discursos, método este último usual en este tipo de estudios. (Tetlock, 1981, a).

Por ser sin duda Rokeach el mejor estudioso de los valores en general y de los políticos en concreto (Serrano, 1984) pareció adecuado tomar sus estudios como paradigma. No se ignora que este paradigma ha sido defendido (Ranking y Grube, 1980) y también criticado (Ng, 1982). Aunque a la hora de hacer la crítica no debería olvidarse que el mismo Rokeach (1973) ha expuesto e incluso ha arrancado sus estudios de críticas que ahora se le hacen a él. Se le critica que su escala de valores no tiene una validez trascultural cuando es el mismo Rokeach quien critica estudios anteriores debido a esta ambigüedad (1982); también se le critica el que los mismos esquemas de valores, los mismos rankings en dos personas distintas, pueden arracimarse de manera distinta y con significado distinto, lo que los hace incomparables, cuando estas mismas ideas son explícitamente expuestas por Rokeach, por ejemplo, al afirmar que la igualdad toma significado unida a la libertad; también se le critica que su escala no es completa o que en circunstancias puede ser excesiva, cuando en 1973 presenta estudios en los que explícitamente dice que por las circunstancias de la muestra no se pueden medir los 18 valores terminales; del mismo modo se le ha criticado la metodología fundada en rangos y no en intervalos (esta crítica metodológica, bien pensado, es el resumen de todas las anteriores). Se le concede valor, cambiando hacia la crítica positiva, si sus estudios o sus escalas se restringen a una cultura y más aún si se aplican a estudiar la evolución de los valores de una persona.

Personalmente creo que, sobre estas críticas a la escala (que no al escritor que la ha confeccionado) añadiría el que entienda por valores políticos solamente la libertad y la igualdad. También lo son la paz, la educación, la dignidad, el bienestar social, etcétera. Sus estudios han demostrado, y así los tendremos en cuenta en el presente estudio, que las opciones políticas se pueden agrupar en torno a la importancia relativa que los valores terminales tengan para ellas. Acaso se le pueda conceder más: que los otros valores (paz, educación, justicia, etcétera) se apiñan teniendo significado distinto en función de la importancia que cada opción concede a esos dos valores llamados políticos.

Con esta afirmación me adentro en la comparación entre los estudios de Rokeach sobre los valores políticos y el que aquí se presenta. Decía más arriba que había tomado el estudio de Rokeach como paradigma. Me refería a aquel (1968, 1973) en el que con el análisis de contenido, confirma sus hipótesis sobre los valores políticos progresistas, conservadores, comunistas y fascistas. También aquí se hace análisis de contenido de escritos políticos. Pero existen más semejanzas: los dos tratan de construir una escala de valores y con ella hacer estudios comparativos posteriores; la puntuación ordinal como base de los análisis estadísticos, etcétera.

Pero existen diferencias importantes. Para construir la escala de valores políticos se parte aquí del análisis directo de textos políticos, lo que garantiza de entrada una validez intrínseca y operante: todos los valores que se obtienen son políticos. De esta manera se eluden críticas mencionadas más arriba: trasvase trascultural indebido, arracimamiento distinto e incomparable y, consiguientemente se eluden defectos metodológicos. Se cumplen, al contrario, exigencias teóricas y metodológicas (Ng, 1982): se puede estudiar la evolución de la escala de valores políticos de un individuo; se pueden hacer comparaciones con otros políticos siempre que los textos tengan un mismo contexto: el político. Discursos políticos dirigidos a las mismas personas nominales: miembros del Parlamento.

El modo cómo se han elaborado las escalas de Rokeach y la que aquí se presenta permite a una y otra posibilidades diferentes para futuras investigaciones. La escala de Rokeach en la que cada valor está representado sólo por una palabra-estímulo permite comparar y clasificar; es, pues, una escala diferencial. La que aquí se presenta posibilita, además, estudios evolutivos sobre comprensión de esos valores políticos porque cada valor está operacionalizado por un conjunto de palabras o expresiones que lo representan en el discurso político. Para hacer un estudio sobre socialización política basta con presentar esos estímulos a sujetos de distinta edad (o a unos mismos sujetos en distintas edades) y pedirles que las emparejen con uno de los valores políticos estímulo. En este momento está hecha un análisis factorial de estas expresiones que permitirá esos estudios evolutivos y comparativos.

Siguiendo una distinción propuesta por Muñoz Sabate (1975), hemos hablado de estudios para el derecho y en el derecho. Esta distinción es válida igualmente para la Política: la psicología puede aconsejar o evaluar la acción del político y puede estudiar el comportamiento político en sí. Sin duda alguna el comportamiento político ha sido estímulo de mayor interés para le psicólogo que el comportamiento legal.

Campbell (1969) creó un buen fundamento metodológico para el análisis de las actuaciones políticas traducidas en leyes o reformas. Pero, sin duda, ha sido la conducta de votar la que más estudios ha generado. Sears (1968) limita casi a esta conducta su estudio sobre el comportamiento político. La teoría de la comunicación de Hovland para explicar el cambio de actitudes y la teoría de la disonancia cognoscitiva han tratado de explicar esta conducta. Acaso estudios realizados desde una psicología cognitiva, como los de Cantor y Miscliel (1977) puedan tener el sentido de explicar la conducta del voto desde niveles más profundos. Pero ha habido otros temas más puntualmente tratados. Por ejemplo, la aplicación de la teoría del "Groupthink", de Janis a decisiones políticas revisada y confirmada por Tetlock (1979); los recientes estudios de la llamada escuela de psicología social de Ginebra sobre el influjo de las minorías (Mugny, 1981) que viene a dar unas nuevas perspectivas a los tradicionales estudios sobre el conflicto (Deutsch, 1980) estudiado desde la perspectiva de las negociaciones entre las grandes superpotencias (Apfelbaum y Lubek, 1976). Es interesante, para terminar con este apunte sobre psicología y política, la aplicación que Wilker et al. (1978) han hecho de la teoría del costo-beneficio y de la teoría de la cosistencia cognoscitiva para explicar las coaliciones políticas cuando ningún partido ha conseguido la mayoría absoluta.

El estudio presente se encuadra dentro de la psicología política, entre aquellos intentos que han pretendido hallar una correlación entre personalidad y afiliación política, uno de cuyos trabajos más conocidos es el de Adorno y colaboradores sobre el fascismo (una revisión interesante de la evolución de este tema se encuentra en Sidanius 1979). Desde este tipo de estudios se originó la escala de valores de Rokeach (1960).

Estas afirmaciones nos plantean una dificultad de explicación a nivel teórico: acaso debiera titularse este trabajo "la personalidad que nos gobierna" en vez de "los valores que nos gobiernan". La duda se presenta por cuanto está clarísimamente demostrado que una personalidad autoritaria es más propia de los afiliados a partidos conservadores, lo que no se ha logrado demostrar con los partidos progresistas (Sidanius, 1978; Tetlock, 1981, a) y, por otra parte, Rokeach ha demostrado que las distintas opciones políticas tienen distintos esquemas o configuraciones de valores. Los estudios son correlacionales y no permiten inferir si la personalidad es la causa de los valores o si éstos ocasionan un tipo de personalidad.

En resumen, el presente estudio toma sentido en el marco de la psicopolítica, comparte la idea de que las normas legales emanan de la escala de valores de quien gobierna y trata de contestar a las siguientes preguntas:

1. Cuáles son los valores políticos de la persona y del partido que están actualmente en el poder: valores que nos gobiernan.

2. Si ha existido un cambio en la escala de valores a lo largo de estos tres últimos años; y, en caso afirmativo, cuál es la dirección de ese cambio.

3. Si existen diferencias entre los discursos del presidente de Gobierno y el programa electoral que presentó el PSOE en las elecciones de 1982.

I. METODOLOGIA

Textos examinados.- Para descubrir tanto la escala de valores general como su evolución temporal pareció oportuno seleccionar los siguientes textos con contenido y finalidad paralela: Discurso de Moción de Censura al Gobierno de Adolfo Suárez (28-5-80). Por el cambio: Programa electoral, Partido Socialista Obrero Español (septiembre 1982); Discurso de investidura (11-1982); el Gobierno ante el Parlamento (20-9-83). En todos ellos se exponen los principios y las preocupaciones primordiales para el PSOE, teniendo la ventaja de estar elaborados antes y después de ganar las elecciones generales.

Análisis de contenido., El método utilizado para establecer la escala definitiva que supondría la base de comprobación de hipótesis fue el siguiente (cronológicamente). El trabajo ha sido realizado por 14 alumnos del curso de doctorado (1983-84), bajo la dirección del primer firmante de este estudio. Tras un estudio detenido de la teoría y la escala de los valores terminales de Rokeach se elige el Discurso de Investidura de Felipe González y se examina minuciosamente; se discuten los valores y las palabras que los representan. la tarea más difícil fue determinar qué palabras o expresiones se aceptaban para cada valor. La lista que aparece en el Apéndice es una lista discutida y teóricamente "consensuada".

Una vez construida la nómina de valores políticos y las expresiones que las operacionalizan se llevó a cabo el análisis de contenido de cada uno de los discursos y el Programa. Se tomó como unidad de análisis la unidad de 160 palabras por ser una medida adecuada en este tipo de análisis (Holsti, 1968); como unidad de contexto se tomó cada uno de los discursos completos ya que todos suelen tener una longitud semejante y referirse a los mismos temas, lo que facilita metodológicamente el análisis de contenido. Dadas estas características de los discursos se intentó una puntuación de frecuencias por páginas a fin de poder utilizar métodos estadísticos más potentes en los análisis, pero muchas de las páginas ofrecían puntuaciones cero en la mayoría de los valores, por lo que se decidió utilizar escalas ordinales, tal como es tradicional en este tipo de estudios. Con las puntuaciones de frecuencias (positivas y negativas) se halla la frecuencia absoluta de cada valor en cada documento.

Puesto que la escala de rangos es extraída directamente de los discursos políticos, queda solucionado el tema de la validez.- no debemos plantearnos si nuestros valores son políticos (otro problema es el de sí son todos). El problema de la fiabilidad en la corrección se solucionó elaborando cada miembro del grupo por separado la puntuación de cada valor en cada discurso, luego se contrastaban estas puntuaciones individuales, página a página, en sesiones conjuntas en las que se discuten las palabras dudosas hasta llegar a la unanimidad; la fiabilidad de los correctores es, pues, perfecta. Cabe señalar que, al igual que otros autores (Rokeach, 1973; Tetlock, 1979, 1981) las diferencias de puntuaciones individuales afectaban a una puntuación concreta, pero nunca al lugar que un valor debía ocupar en el ránking de cada discurso; es decir, que la correlación ordinal media entre los correctores hubiera sido también perfecta. Para completar el tema de la fiabilidad se pasó la lista del apéndice como prueba de comprensión (debidamente barajada) a un grupo de estudiantes de cuarto de psicología, en dos momentos del curso, obteniendo una correlación de test-retests de.9221. Es una manera indirecta de asegurar la fiabilidad.

II. RESULTADOS:

Para contestar a la primera de las preguntas que nos haríamos (los valores que nos gobiernan) lo más acertado es tener en cuenta los cuatro discursos y el programa que hemos analizado y extraer de todos ellos una puntuación y un ranking conjunto. Este ranking nos daría esa escala de valores políticos del presidente del Gobierno y del partido que lo sustenta; es lo que buscamos. (Ver Tabla l).

Hemos dicho anteriormente que nuestra escala, anque tenga como paradigma lo de Rokeach, no es idéntica, por lo que comparaciones son vidriosas. Esto, no obstante, no sería difícil identificar muchos de los valores que aquí aparecen con los de Rokeach: bienestar con vida confortable, orden público con seguridad nacional, paz con un mundo en paz, etc. Por lo que, a falta de mejor modelo comparativo, recurrimos a él.

En tal comparación no parece desproporcionado afirmar que la escala de los valores que nos gobiernan (Tabla 1) es la que se esperaría de un partido conservador occidental: valora altamente la libertad y la democracia, los valores nacionales y la seguridad ciudadana y sólo después valora la igualdad y la solidaridad.

La segunda pregunta que nos hacíamos estaba referida a la posible evolución de la escala y el sentido de esta evolución. Para contestar a estas preguntas parece necesario tener en cuenta los datos comparativos de la Tabla 2.

Aunque, sin duda, la mejor manera de comprender esta variabilidad entre los distintos discursos es compararlos en una gráfica. El entrecruzamiento de líneas (no es un rompecabezas) indica una variabilidad no observable tan fácilmente en la tabla numérica (Gráfica l).

Tanto en la tabla corno en la gráfica se observan marcadas diferencias de uno a otro discurso. Por ejemplo, si se compara el Programa del partido con el discurso sobre el estado de la nación se puede comprobar cómo el valor de la igualdad ocupa el primer puesto en el Programa del partido y el único en el discurso.

Pero a pesar de estas aparentes diferencias en los rangos al someterlas a distintos análisis de contraste no paramétricos (Prueba de Friedman y Coeficiente de concordancia de Kendall) en ninguno de ellos aparecen diferencias significativas. Y esto sucede tanto si comparamos conjuntamente todos los rankings como si los comparamos por parejas. Por lo cual podemos afirmar que el esquema de los valores que nos gobiernan es, ya se ha dicho, un esquema propio de un partido conservador occidental.

Esto no obstante, no se puede ignorar ni dejar de subrayar marcadas diferencias que aparecen en estos estudios comparativos de los discursos. Acaso para esto sea más apropiado seguir el método de análisis cualitativo utilizado por el mismo Rokeach en todos sus estudios.

Para analizar este análisis cualitativo, y, supuesto que se están analizando principalmente los valores políticos, analizaremos solamente los valores de libertad e igualdad. Esta comparación permite responder a otra de las preguntas que nos hacíamos: posible cambio y dirección del mismo, así como una comparación entre los discursos del presidente del Gobierno y el partido que lo sustenta.

Como en el caso anterior, parece más adecuado recurrir a los gráficos. En el Gráfico II se ve la evolución de los dos valores tomados los cuatro discursos y la puntuación total.

A fin de poder evidenciar mejor el sentido del cambio se muestra en el Gráfico III la evolución de estos dos valores políticos teniendo en cuenta solamente los tres discursos del presidente.

A falta de mejores estudios debemos recurrir, una vez más a los de Rokeach para encontrar sentido a estos datos. En líneas generales se advierte que mientras el valor de la Libertad se mantiene alto en todos los discursos, el de la Igualdad desciende considerablemente hasta ocupar el último en el discurso del estado de la nación. Dicho en lenguaje menos técnico: tras un año en el Gobierno, el presidente ha evolucionado hacia una escala de valores más marcadamente conservadores. Si tenemos en cuenta las acertadas observaciones de Rokeach (1973) al afirmar que en una democracia occidental el valor de la libertad y de la democracia ha de mantenerse siempre alto, es el valor de la igualdad lo que diferencia en estas democracias occidentales a unos partidos de otros. En este supuesto no cabe duda que el perfil de valores que aparece en el último discurso analizado es netamente conservador.

Idea que se confirma si se advierte que los cinco primeros lugares de esta escala lo ocupan los siguientes valores del cuadro 1.

Se responde así, decimos , a la pregunta sobre la dirección del "cambio" socialista

Siguiendo con el análisis cualitativo puede responderse a la exigencia de comparar las escalas de valores del presidente con la del partido que lo sustenta. Si se vuelve de nuevo la Tabla 2 y se ve que los cinco primeros valores del programa del partido son , Ver cuadro 2.

Es una escala de valores netamente socialista. Si es que, con la libertad en cuarto lugar, no se inclina hacia el comunismo. Acaso se pueda afirmar, al compararla con la del presidente que, una vez en el Gobierno, se ha alejado del programa del partido que lo llevó al mismo.

III. DISCUSION

Por el análisis de contenido realizado a los discursos de Moción de Censura (28-5-80), Programa del Partido Socialista para las elecciones generales de octubre de 1982, Discurso de Investidura de Felipe González y el Discurso ante el Parlamento sobre el Estado de la Nación (20-9-83) se descubre que el Gobierno actual español tiene una escala de valores propia de un partido conservador occidental.

Se puede afirmar que durante el período que transcurre entre los discursos, especialmente una vez que ha subido al Poder, el cambio ha sido hacia un mayor conservadurismo. Esta última afirmación cobra más sentido si lo comparamos con el Programa del Partido Socialista Obrero Español.

Si se tratara de dar una explicación a esta evolución desde teorías psicosociales podríamos encontrar varias. Lo que, una vez más, demuestra la falta de teorías generales dentro de esta ciencia.

Es posible que se caiga en la tentación de querer minimizar estos resultados. La mejor explicación en este sentido se encontraría en la distinción propuesta por Pinillos (Serrano, 1984), quien "ha distinguido entre estructura superficial y estructura profunda de los valores" (pág. 22). Según esta distinción tal cambio no es más que superficial.

Qué duda cabe que, debido a la problemática puntual que requiere una acción inmediata del Gobierno, debido acaso a un fenómeno de audiencia (Bauer, 1973), el presidente hable de aquellos problemas que sabe le va a plantear la oposición: Orden Público, Unidad de España, Defensa de la democracia frente a rumores involucionistas, etcétera. Debido a estas y otras circunstancias quizá el cambio sea solamente de palabras y no de conducta, tal como han querido explicarse, por ejemplo, los resultados del estudio de Bandura y McDonald (1963) sobre la inversión de las etapas morales.

Pueden ofrecerse estas y otras explicaciones, con fundamento más o menos psicológico, pero siempre con la necesidad de demostrar que existe una escala de valores distinta de la que la conducta verbal explícitamente manifiesta (no difícil de superar dentro del maquiavelismo político). Aún así no se pueden olvidar teorías como la de la disonancia cognoscitiva, la autopercepción de Bem o la "self-efficacy" de Bandura por las que se demuestra que una conducta en contra de las propias convicciones termina por cambiar estas convicciones. Recuérdese que muchos de los experimentos de disonancia cognoscitiva consisten en cambiar los valores políticos tras haber argumentado en contra de ellos.

Creo, teniendo en cuenta el axioma de la parsimonia, que lo más normal es admitir el cambio. Por otra parte, es un fenómeno demostrado en los estudios de dinámica de grupos que el líder se convierte en conservador; es un fenómeno cultural frecuente: recuérdese que el aristotelismo fue excomulgado antes de convertirse en la doctrina filosófica oficial de la Iglesia Católica. Y sin salirnos de la política, creo que los resultados aquí presentados confirman otros hallados por Tetlock (1981, b) al analizar el estilo político antes y después de acceder al Poder.

Como se ha indicado más arriba, éste es un estudio preliminar. Es necesario comparar estos resultados con los de otras organizaciones políticas para poder contrastarlos, es necesario así mismo llevar a cabo análisis parecidos a los de Rokeach para demostrar que sus hallazgos sean aplicables a nuestra situación concreta. También es necesario el estudio de la socialización política.

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  Tabla 1.    Ranking de los valores que nos gobiernan
  Tabla 2 Ranking de valores en cada discurso.   
  Gráfica I.    Rangos y discursos
  Cuadro 1.    Valores de la escala
  Cuadro 2.    Cinco primeros valores
  Gráfica II.    Rangos y discursos
  Gráfica III.    Rangos y discursos