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Octubre , nº 31 , 1987 Copyright 1987 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

EL PAPEL DEL PSICOLOGO EN LOS EQUIPOS DE INTERVENCION SOCIAL

FERNANDO CHACON FUERTES

Profesor de Psicología Comunitaria. Facultad de Psicología, U.C.M.

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EL artículo que voy a desarrollar se articula alrededor de tres puntos:

1. Las funciones del psicólogo en los Equipos de Intervención Social: marco legal, orientación general, características de los equipos que condicionan la labor del psicólogo.

2. Problemática surgida durante mi experiencia como colaborador en un equipo de reinserción de toxicómanos referente al rol del psicólogo.

3. Función del psicólogo en los servicios sociales generales y la organización del sistema de servicios sociales.

Debo comenzar reconociendo que siempre que se me ha planteado el tema de la función del psicólogo en los Equipos de Intervención Social, he dudado sobre la forma adecuada de abordarlo, debido fundamentalmente a la diversidad de los campos de la Intervención Social (familia e infancia, toxicomanías, tercera edad, juventud, marginación ... ). ¿Qué tienen en común las funciones de los psicólogos que trabajan en áreas tan distintas? ¿Tiene sentido hablar de la función del psicólogo dentro de los equipos en general, sin concretar el área de intervención específica?

Para poder contestar a estas preguntas tenemos que resolver otra previamente: ¿Cuáles son los factores que condicionan las funciones de cualquier psicólogo? Evidentemente estos factores son múltiples, pero considero especialmente importantes cuatro de ellos:

1. El marco legal. Cualquier profesional, psicólogo o no, está condicionado en el ejercicio de su profesión por el marco legal desde la Constitución hasta las normas deontológicas. En el caso de los componentes de los Equipos de Intervención Social hay que añadir especialmente las normas y leyes que rigen los organismos o servicios públicos en los que realizan su labor.

2. El tema concreto sobre el que se trabaja. Lógicamente las funciones serán distintas según el objetivo específico del equipo.

3. Las características del centro donde trabajan. El hecho de que los equipos estén contratados por entidades públicas otorga a su función una serie de peculiaridades que la distinguen de la función de los psicólogos privados que trabajan en el mismo tema.

4. Las relaciones con otros profesionales, sean psicólogos o no. Concretamente en los equipos interprofesionales la función de cada profesional viene determinada, en parte, por la formación y profesión del resto de los miembros del equipo.

5. El modelo teórico del que parte el psicólogo. Es ya bien conocido que la orientación de un profesional incide en las funciones a realizar. Un psicólogo que ejerce la profesión en el ámbito privado puede elegir con total libertad su modelo teórico y las funciones que de él se deriven; sin embargo los profesionales que trabajan en Equipos de Intervención Social tienen condicionado parcialmente el modelo teórico del que parten, ya que las leyes que regulan los servicios donde están encuadrados los equipos (leyes de servicios sociales de las Comunidades Autónomas, ley general de Sanidad, etc.) tienen marcados unos principios generales, a los cuales teóricamente deben de ajustarse todos aquellos que trabajen dentro de dichos servicios.

Si consideramos estos factores, podemos intentar contestar a las preguntas que nos planteábamos a principio. Si bien es verdad que los temas sobre los que intervienen los equipos son distintos, sin embargo el resto de los factores citados son comunes a todos los equipos; y esto nos va a permitir algunas líneas generales comunes a todos los Equipos de Intervención Social.

I. LOS PSICOLOGOS EN LOS EQUIPOS

En primer lugar, los equipos están contratados por entidades públicas y, su acción va dirigida a paliar y prevenir problemas sociales, por tanto, el beneficiario de su intervención es la comunidad donde realizan su trabajo y no sólo personas particulares.

Por otra parte, los Equipos de Intervención Social suelen ser multiprofesionales y con pequeñas variaciones incluyen casi siempre a trabajadores sociales, psicólogos, educadores de calle o familia; y, en ocasiones, sociólogos o pedagogos; por tanto los conflictos de roles y funciones entre las distintas profesiones suelen ser similares.

Por último, todos los equipos se inscriben en un marco legal, las leyes autonómicas de servicios sociales fundamentalmente, que como vamos a ver a continuación tienen una orientación casi idéntica.

Al examinar las leyes de servicios sociales de las Comunidades Autónomas de Madrid, Murcia, Navarra, País Vasco y Cataluña, comprobamos que comparten unos mismos principios generales que deben dirigir las actuaciones de los servicios sociales. Estos principios son, entre otros, los siguientes:

1. La finalidad de los servicios sociales es promover el desarrollo completo de las personas y grupos sociales.

2. Debe favorecerse la participación ciudadana.

3. Los servicios sociales son públicos, igualitarios y universales.

4. Debe hacerse especial hincapié en la prevención de los problemas sociales.

En definitiva, como es bien sabido, las leyes están promoviendo la creación de un nuevo sistema de prestación de servicios sociales participativos y preventivos frente al tradicional sistema de beneficencia.

¿Qué orientación deben tener los psicólogos que trabajan en servicios sociales para adecuarse a este nuevo sistema de prestación de servicios?

Como ha puesto de manifiesto el profesor Amalio Blanco en su artículo, la orientación comunitaria es la adecuada para un psicólogo que trabaja en un Equipo de Intervención Social. Efectivamente, los principios inspiradores de las leyes anteriormente citadas coinciden con las definiciones ya clásicas de Psicología Comunitaria; por tanto considero innecesario insistir sobre este punto; sólo quiero detenerme en un aspecto teórico por sus posibles implicaciones en la definición del papel del psicólogo. Generalmente se considera que la principal aportación de la perspectiva comunitaria al campo de la Psicología ha sido, precisamente, el cambio que propone en el rol del psicólogo. El psicólogo no puede esperar pasivamente a que le vengan los problemas a su consulta o servicio, sino que debe dirigir su actividad a la prevención de la problemática social y su acción debe dirigirse a toda la colectividad. Esta transformación en el sistema de prestación de servicios supone una ruptura con el rol clínico tradicional del psicólogo.

Ahora bien, si la mayoría de los autores estaban de acuerdo en que las funciones que tradicionalmente venía desempeñando el psicólogo no eran de utilidad para el trabajo comunitario fundamentalmente por su carácter individualista y pasivo, la unanimidad desaparecía al considerar las características generales que debían tener los psicólogos preocupados por la Intervención Social.

Bender, en un artículo de 1972, recoge su experiencia como psicólogo en un equipo de servicios sociales dedicado inicialmente a disminuidos psíquicos, y en él nos da algunas pistas sobre la función de un psicólogo comunitario en servicios sociales:

1. En un escenario comunitario el psicólogo está especialmente cualificado para aplicar metodologías de investigación a ternas relevantes.

2. El psicólogo debe desarrollar técnicas de intervención que tengan validez en escenarios comunitarios.

3. El psicólogo debe ser consciente de que otros profesionales y paraprofesionales están tan bien enterados como él para comprender la terapia.

4. El psicólogo, por su implicación en una gran variedad de áreas, debe influir en la generación de cambios sociales.

Por otra parte, Silverman (1978) en un conocido artículo sobre las características fundamentales del rol del Psicólogo Comunitario, junto con la marginalidad y la complejidad de sus funciones, habla de la informalidad y flexibilidad, necesarias para adaptarse a las demandas continuamente cambiantes de la sociedad. Con esto se llega a la paradoja de que una de las características que teóricamente debe tener un psicólogo con perspectiva comunitaria es la relativa indefinición de su rol y la disponibilidad para extender sus conocimientos y habilidades a otros profesionales y miembros de la comunidad en general, lo que contribuye a su vez a difuminar más aún su rol.

Il. TEORIAS Y EXPERIENCIA

Todo lo dicho anteriormente hace referencia a aspectos teóricos sobre el papel del psicólogo en los Equipos de Intervención Social; pero en la mayoría de las ocasiones la realidad se distancia mucho de lo que teóricamente debería ser, y este tema desgraciadamente no es una excepción. A continuación me gustaría plantear algunos de los problemas que relacionados con la discusión teórica anterior, me he ido encontrando durante mi experiencia como colaborador de un Equipo de Intervención Social.

En primer lugar, he podido observar que, excepto en algunas ocasiones, las funciones que realizan los equipos no se corresponden con los principios generales que inspiran las leyes. Así se produce un cambio de modelo de beneficencia en el papel, pero no en la realidad. Las causas de esta situación son diversas:

1. En ocasiones, la finalidad misma de los equipos que se crean no se corresponde con el modelo que se quiere implantar. Así se forman equipos de valoración y seguimiento de las toxicomanías dentro de los servicios sociales de los Ayuntamientos, con el objetivo casi exclusivo de tratar a los toxicómanos y sin ninguna función específica de prevención o de coordinación de los recursos del distrito. Sería ilusorio por nuestra parte pedir que estos equipos se dediquen exclusivamente o fundamentalmente a la prevención, pero no es menos cierto que una labor meramente asistencial no se adecua a lo que debe ser un Equipo de Intervención Social. ¿Cuál es la función de un Equipo de Intervención en problemas de la tercera edad, atender a los ancianos directamente, o cambiar las actitudes y crear los recursos necesarios para que la propia comunidad atienda a sus ancianos?

2. Incluso cuando entre las funciones del equipo se encuentra recogida la promoción del bienestar y el cambio social, y no sólo la asistencia, los criterios que se utilizan para seleccionar a los profesionales que lo constituirán son, en la mayoría de las ocasiones, exclusivamente clínicos. Se contrata a especialistas en atender individualmente a toxicómanos, ancianos o niños problemáticos, no ha expertos en diseño de programas de prevención, especialistas en cambio de actitudes, evaluadores de programas, expertos en organizaciones, etc. Como consecuencia de esta situación, el profesional tiende a hacer lo que sabe hacer: atender casos individuales y se resiste a todo cambio en el sistema que tienda a removerle ese rol.

3. Aunque se han hecho algunos progresos en los últimos años, las Universidades no dan aún la preparación adecuada para un psicólogo que deba trabajar con comunidades, y continúa formando en su mayoría psicólogos apegados al modelo clínico tradicional.

Este estado de cosas es muy problemático e incluso peligroso, porque si los equipos se muestran ineficaces pueden echar por tierra un modelo de servicios sociales que empieza a contar con los psicólogos. De hecho los Centros de Salud Mental Comunitaria en Estados Unidos fracasaron por causas similares, y actualmente en España los Centros de Salud, los Equipos de Atención Primaria, y los Equipos de Salud Mental corren el mismo riesgo.

Un problema común a todos los equipos es la existencia de una demanda de servicios muy superior a la que se puede atender siguiendo los métodos tradicionales. Ante esta situación al psicólogo se le presentan dos opciones:

- Continuar con las técnicas de siempre, generar una lista de espera larguísima, tratar a una parte muy pequeña de la población y convertir el equipo en una consulta privada gratuita para el cliente.

- Diseñar nuevas técnicas de aplicación más amplia, como decía Bender, difundir sus conocimientos y entrenar a voluntarios, familiares, paraprofesionales, etc., fomentar la participación ciudadana en el programa, organizar recursos, etc. Sin duda estas últimas constituyen algunas de las funciones más importantes de un psicólogo de la Intervención Social.

Sin duda, el tema más conflictivo referido al papel del psicólogo en los equipos, es la distribución de funciones entre los distintos profesionales. Además es donde se produce una mayor discrepancia entre la teoría de la Psicología Comunitaria y la realidad de los Equipos de Intervención y donde mi posición puede generar mayor polémica.

¿Qué tareas debe realizar un psicólogo? ¿Qué tareas debe realizar el trabajador social? ¿Qué funciones debe realizar el educador de calle? Estas preguntas frecuentemente suscitan arduas discusiones en el seno de los equipos. En ocasiones obedecen a una problemática muy real (p.e.: problemas planteados por los psicólogos contratados como educadores de calle); en la mayoría de los casos se deben a luchas de poder entre dos profesionales con campos de aplicación no muy bien definidos y en gran parte coincidentes. Quizá sea demasiado pedir a los psicólogos que luchan por abrir camino a la psicología en un nueva campo como es para nosotros los servicios sociales, reivindicando continuamente su función específica; que eviten presentarse como únicos detentadores del conocimiento psicológico, que compartan sus conocimientos, que enseñen las técnicas a otros profesionales, que no se anquilosen en una serie de funciones predeterminadas, que sean flexibles. Quizá sea demasiado pedir en este momento concreto cuando aún estamos definiendo nuestro rol, pero considero que es la actitud adecuada: no tener una lista predeterminada de funciones para unos y otros, sino preguntarse quién puede realizarlas mejor según su preparación y habilidades.

III. EL SISTEMA DE LOS SERVICIOS SOCIALES

Tanto por el título como por su organización y estructura este A FONDO parece ir dirigido a la función del psicólogo en lo que las leyes autonómicas de servicios sociales denominan servicios sociales específicos, y mi artículo hasta ahora ha ido dirigido en esa línea, pero antes de terminar quería hacer referencia a las posibilidades de los psicólogos en los servicios sociales generales dirigidos a toda la población, y en la organización' del sistema de servicios sociales.

Es evidente que si los servicios sociales generales, y en concreto los servicios de valoración, información y seguimiento, pretenden seguir con un modelo tradicional de espera, no serán mucho más que una puerta de entrada a los servicios específicos, y los psicólogos tendremos poco que decir; pero si se intenta darle un enfoque más práctico y abarcar a toda la comunidad la función del psicólogo puede ser importante.

Por otra parte, el sistema de servicios sociales no es más que una organización y se rige por los mismos principios que el resto de las organizaciones. En este sentido, un psicólogo experto en organizaciones puede ayudar a estructurar y diseñar el sistema; p.e.: en la actualidad en muchos municipios se están introduciendo cambios en los servicios sociales, y se están registrando resistencias a esos cambios por parte de los empleados en dichos servicios, un psicólogo organizacional habría previsto esas resistencias y diseñado las intervenciones precisas para minimizarías.

Por último, un sistema de bienestar social tiene otras funciones como la elaboración de planes y programas, la evaluación de los mismos, tareas de estudio, investigación y formación, etc., en la que un psicólogo podría desarrollar funciones importantes.

Bibliografía

Bender, M. P. (1972): The role of a community psychologist. Bull. Sr. Psychol. Soc., 25, 211-218.

Silverman, W. H. (1978): Fundamental role characteristics of the community psychologist. J. of Community Psychology, 6, 207-215.