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Febrero , nº 55 , 1993 Copyright 1993 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

ENTREVISTA A RUBEN ARDILA.

HELIO CARPINTERO

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Nos ocurrió este verano pasado; en Washington, subidos él y yo a un autobús de los que el comité organizador del congreso había fletado para visitar la nueva y envidiable sede que la Sociedad de Psicología Americana -la APA, o American Psychological Association- ha conseguido proporcionarse a si misma. Una joven psicóloga latinoamericana se sentaba a nuestro lado. Hablamos del mal tiempo, de las muchas conferencias interesantes que llenaban el programa, de los psicólogos que allí estábamos hablando español, cuando ella se fijó en la tarjeta identificadora de mi amigo.

- ¿Pero usted es Rubén Ardila?

Mi amigo afirmó sin la menor dubitación. Y ella:

- Pero si yo le creía muchísimo mayor. He estudiado con su libro de aprendizaje, y su Psicología Fisiológica, los teníamos recomendados en ...

Ella dijo, quizá, Lima o Rosario, o Quito, ya no recuerdo el dato, y esto en el fondo da igual. Porque lo cierto es que en muchísimas universidades iberoamericanas se han estudiado los textos de Ardila, y su nombre es conocido allá en todas partes, cruzando por encima del general desconocimiento que unos países tiene de los otros en este mundo latinoamericano, donde países cercanos entre sí por lengua, por historia y por problemas, están a veces de espaldas unos a otros, ignorando sus literaturas, su cultura, su ciencia, sus más nobles creaciones.

Rubén Ardila es conocido en toda Iberoamérica, al menos en la que tiene que ver con la Psicología. Desde hace ya muchos años, su firma ha aparecido en revistas, libros colectivos, incluso en el Annual Review o Psychology (de 1982), precisamente hablando allí de la Psicología en Latinoamérica.

Hace menos años que Rubén Ardila frecuenta el mundo español. Ha encontrado aquí, como en otras partes, amigos y lectores. Se siente igualmente en casa, hablando de Psicología, en Madrid como en Bogotá o Buenos Aires, porque en verdad se está creando una red de amistad, de contactos, de colaboración, entre las dos orillas del Atlántico, en nuestro pequeño mundo, que es semilla de algo que puede llegar a ser nexo frondoso, resistente, dinámico, potenciador de nuestros comunes esfuerzos por construir un marco colectivo para la comunidad iberoamericana en el campo de nuestra ciencia.

Poco antes de nuestro encuentro en Washington habíamos coincidido en Madrid en julio, en el Congreso Iberoamericano de Psicología, hablando él y yo de la perspectiva nueva y esperanzadora que se abre a la Psicología en la comunidad de naciones de lengua española, y los amigos de Papeles del Psicólogo, sugirieron la posibilidad de esta entrevista. Aceptamos los dos encantados. Y dejamos para nuestro encuentro en Estados Unidos el momento de hacerla.

Lo que sigue es unan breve, pero fidedigna, recolección del diálogo que medió entre nosotros, en un remanso del trajín que siempre es la vida de un congreso.

Helio Carpintero. -Qué te llevó a estudiar Psicología ?

Rubén Ardila. -Siempre me interesó la Psicología. Esto probablemente se debió a influencias familiares, tanto de mi padre como de mi madre. Ella fue una maestra de escuela primaria que le dio gran importancia a la Psicología y escribió una tesis sobre el papel de Psicología en la educación parvular. Mi padre siempre apoyó mi interés por la Psicología y la consideró una carrera muy importante y de gran porvenir.

Más específicamente, el libro Psicología Experimental de Henri Pierón, que leí en mis años de adolescencia, me hizo interesarme en estudiar Psicología. Yo nunca conocí ningún psicólogo de niño y sólo me enteré de las posibilidades profesionales de esta ciencia cuando viajé a Bogotá a estudiar en la Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Psicología.

Otra influencia importante fue la literatura. Los libros de Stefan Zweig, especialmente, me llevaron a interesarme en los aspectos psicológicos de la literatura. Lo mismo mis lecturas de Tolstoy, Dostoiewsky, y otras importantes figuras literarias.

Yo ya sabía, por conversaciones anteriores, que Rubén Ardila siente una profunda gratitud por una psicóloga española, Mercedes Rodrigo, exiliada tras la guerra civil, e iniciadora en Colombia de los estudios de la especialidad. A la inversa, Rubén conoce bien mi interés por estos datos históricos sobre la Psicología de nuestros países. Por eso le pregunto:

H.C. -¿Cómo estaban los estudios de Psicología en Colombia, cuando empezaste tu carrera?

R.A. -La Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia, en la cual ingresé como estudiante en 1960, era la primera del país y de América del Sur. Había sido fundada como Instituto de Psicología Aplicada el 20 de noviembre de 1947, por Mercedes Rodrigo, la conocida psicóloga española que llegó a Colombia en 1939, invitada por la Universidad Nacional. Este fué el primer programa de entrenamiento de psicólogos en América del Sur.

Durante mis años de estudiante de pregrado me encontré con una facultad básicamente interesada en el Psicoanálisis. En Colombia había muy pocos psicólogos y este vacío lo llenaban los médicos psiquiatras. El decano de la Facultad era un psicoanalista y lo mismo la mayor parte de los profesores.

H.C. -Conozco tu trayectoria, y sé que estás muy lejos de la órbita psicoanalítica. ¿Cómo fue tu encuentro con esa Facultad de que me hablas?

R.A. -A mi nunca me convenció el psicoanálisis, y siempre leí libros de Psicología Científica -además de muchas obras de otras cosas, como astronomía, filosofía de la ciencia, egiptología, literatura, etc. No mucho de psicoanálisis, a pesar de la presión de profesores y compañeros.

Fui un buen estudiante, al cual siempre se le respetaron sus ideas rebeldes. Antes de graduarme me convertí en instructor de Psicología Comparada, asignatura que nunca había tomado en la Universidad y que me había interesado sobremanera. Mis lecturas de Darwin, y de temas de evolución, biología, genética, me llevaron a interesarme mucho por los procesos psicológicos de los animales. Siempre conservé este interés.

H.C. -Eres un escritor de muy largo curriculum. Has debido empezar pronto a escribir, ¿no es así?

R.A. -Siendo estudiante publiqué mi primer libro, Nefertiti, reina de Egipto. Esta es una novela bastante mediocre, que para mi sorpresa fue traducida muchos años después al ucraniano. La publiqué a los dieciocho años, y no fue ningún éxito de librería. Más adelante escribí otra novela de corte filosófico, titulada Cuando agonizan todos los Dioses que nunca publiqué, pero con la cual gané un concurso literario internacional en España. Sin embargo, nunca pensé en ser escritor, y la única novela que publiqué más adelante, que fue Walden Tres (1979), la considero más una obra de Psicología que un trabajo literario.

En este momento he publicado 24 libros, algunos de los cuales se han traducido a otros idiomas. Walden Tres, por ejemplo, se ha publicado en español, alemán e inglés. Yo le dedico mucho tiempo a escribir y éste es un trabajo que tomo muy en serio. Pero son obras de Psicología, no de literatura, y esos «comienzos promisorios» de mi carrera como escritor no me interesan ya en absoluto. Soy un psicólogo, comprometido con mi época, con mi ciencia, y con mi gente, no un literato. Además, creo que no lo habría hecho bien. De modo que la elección de la Psicología fue un buen camino, y nunca pensé en otra cosa -a diferencia de Skinner, por ejemplo, que llegó a la Psicología después de intentar ser un literato.

H.C. -¿Cuál ha sido la evolución de tu línea intelectual?

R.A. -Comencé en Psicología Comparada, como ya te he dicho. Hice mis estudios en Magister y de doctorado en Psicología Experimental. Mi doctorado es de la Universidad de Nebraska (USA) y me lo concedieron en 1970 con una tesis experimental sobre el fenómeno de la transposición en ratas.

El siguiente paso fue la Psicología de Aprendizaje que me sigue interesando. En la actualidad dicto un curso sobre Metodología de la Investigación en Análisis Experimental del Comportamiento, o sea que no he abandonado para nada la Psicología del Aprendizaje.

Otro interés han sido los asuntos profesionales. He sido presidente de muchísimas asociaciones de psicólogos, por ejemplo, la Sociedad Colombiana de Psicología, la Federación Colombiana de Psicología, la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP) y muchas más. El lugar de la Psicología en la sociedad contemporánea me ha interesado mucho. América Latina y su Psicología son temas que han sido constantes en mi vida.

La historia de la Psicología y los problemas conceptuales y filosóficos también son parte de mi vida. He escrito sobre historia de la Psicología y quiero seguirlo haciendo. Un hombre como yo que comenzó escribiendo una novela histórica sobre Egipto, y luego una novela filosófica sobre las relaciones entre ciencia y religión, sin duda debe estar muy interesado en la historia y la filosofía. Yo leo mucho sobre estos temas, pero creo que lo que más ocupa mi interés son los relacionados con Psicología, su metodología, su desarrollo y sus perspectivas futuras.

Tiene razón Ardila en lo que dice. Me viene a la cabeza su libre sobre La profesión del psicólogo. (Trillas, México), un modelo que aún no se ha realizado en continentes como el europeo, a veces tremendamente falto de interés por aspectos vitales de la sociología del conocimiento. Por eso le pregunto:

H.C. -¿Cómo sientes tu papel de psicólogo latinoamericano?

R.A. -Yo creo que ustedes, los psicólogos del primer mundo -y España, sin ninguna duda, es parte de ese primer mundo-, nunca entenderán lo que significa ser un científico en el Tercer Mundo. De eso hablé en mi conferencia en el XXV Congreso Internacional de Psicología, en Bruselas, hace muy poco. Los problemas sociales, las dificultades, las contradicciones, son agobiantes, están en todas partes, influyen en la vida diaria, en la academia, en la elección de los temas para investigar ... Eso es algo que ustedes jamás van a entender. Eso me ha llevado interesarme en asuntos sociales, en Psicología Política; por ejemplo, a investigar la Psicología de la pobreza y los problemas de la violencia y de la guerra...

H.C. -¿Cuál debe ser la formación de un psicólogo, a tu juicio?

E.A. -La Psicología es una ciencia, yo diría que una ciencia natural. Tiene sus características particulares, mantiene un vínculo con las llamadas «ciencias sociales», pero es ante todo una ciencia natural. Si queremos ser más estrictos, la Psicología es Psicología, no es igual a la física y nunca lo va a ser; pero tampoco es una disciplina idográfica, ni se parece a las humanidades. Es una ciencia muy sui generis, con fundamentos en las ciencias naturales, y también en las sociales.

La formación de los psicólogos debe darse en todas las ramas de la Psicología y no debe haber especialización a nivel de pregrado. La llamada Psicopedagogía, por ejemplo, sobre la que ahora están ustedes dando vueltas, no tiene razón de ser, y es necesario que sea una especialización a nivel de postgrado, no una carrera diferente. Para poder trabajar como psicólogos es preciso poseer unan amplia formación en todas las ramas de la Psicología, y además en matemáticas, computadores, biología, sociología, antropología y otras disciplinas. Nosotros, en 1974 lo que se denomina el «modelo latinoamericano de entrenamiento en Psicología», que incluye cinco años de estudios, énfasis profesional y científico -algo así como el modelo Boulder-, tesis de grado y prácticas. Ese psicólogo puede trabajar en todos los campos, clínico, educativo, social, organizacional, como investigador, etc. Es un entrenamiento amplio y muy científico. Pero a nivel de pregrado no debe haber especializaciones, éstas se deben dar solo a nivel de Magister y de doctorado.

Ardila está refiriéndose a la conferencia que sobre entrenamiento del psicólogo se reunió en Bogotá en 1974, y cuyos trabajos forman el volumen a que yo me refería antes. La profesión del psicólogo. En sus páginas se encuentra explicitado ese modelo, con referencias a la precedente Conferencia Boulder, de 1949. En Boulder, Colorado (Estados Unidos), se reunieron un puñado de especialistas preocupados por los problemas de la formación del psicólogo clínico en Estados Unidos. Allí se enfatizó la formación básica del psicólogo como etapa previa a su posterior especialización. Análogo propósito guió a los asistentes a la reunión de Bogotá.

Rubén Ardila añade:

R.A. -O sea, que la Psicología se parecería menos a la ingeniería que a la medicina. En ingeniería uno puede estudiar ingeniería civil, industrial, mecánica. En medicina tiene que ser médico antes de ser cardiólogo, neurólogo, pediatría o lo que sea. En medicina, la especialización se da a nivel de psotgrado, y creo que en Psicología la situación debe ser similar. Uno no puede recibir un título de psicólogo organizacional a nivel de pregrado, como no puede recibir un título de cardiólogo o de ginecólogo sin antes ser médico.

H.C. -Sé que te preocupa el problema de fondo de la teoría de la Psicología.. Y sé también que sobre esas cuestiones has escrito no hace demasiado tiempo. ¿Cómo te sitúas ante la pluralidad teórica que se ofrece al psicólogo de nuestro tiempo?

R.A. En los últimos años me ha preocupado mucho el problema del fraccionamiento de la Psicología, su desunión y la multitud de paradigmas existentes. Después de mucho tiempo de estudio y reflexión he propuesto un paradigma que denomino «síntesis experimental del comportamiento». Deriva del neoconductismo (Skinner ante todo), pero va mucho más allá y busca integrar los hallazgos de otros paradigmas, pero sin caer en el eclecticismo. Yo soy un enemigo acérrimo del eclecticismo, pero creo en la unidad de la Psicología y deseo seguir trabajando para lograrla. Mi libro Síntesis experimental del comportamiento (1988) se publicó en Madrid hace tiempo, y ha tenido buena acogida en muchos países. Pronto va a aparecer en inglés.

H.C. -Me gustaría conocer tu impresión sobre la situación de la Psicología en Latinoamérica. Creo que asistimos a un momento de crecimiento y de consolidación, que sin duda tú conoces muy desde dentro.

R.A. -En 1967, siendo estudiante, asistí al XI Congreso Interamericano de Psicología en México. Fue mi primer contacto con la Psicología latinoamericana, más allá de las fronteras de mi propio país. Me sorprendió ver que existía un tremendo desconocimiento de la Psicología latinoamericana. Esto me llevó a publicar un artículo sobre el tema en el American Psychologist )agosto de 1968), y a fundar la Revista Latinoamericana de Psicología, que se publicó por primera vez en enero de 1969.

La Psicología como profesión es muy antigua en América Latina y se remota a 1947. Observo que es más antigua que en muchas naciones europeas, incluida España. Nosotros comenzamos antes que ustedes, a nivel de entrenamiento profesional, pero ustedes los españoles han avanzado mucho más que nosotros en los últimos años.

En este momento, la Psicología latinoamericana es unan profesión establecida en todas las naciones. Su estatus es alto. Su reconocimiento social es bueno. Existe una investigación científica en Psicología, pero mucho menos de lo que debería haber, dada la gran tradición de la Psicología latinoamericana. La Psicología tiene un lugar en la sociedad latinoamericana de hoy, pero todos pensamos que debe avanzar todavía más. Y la investigación científica es un campo que requiere mucho más desarrollo.

H.C. -Tu revista, la «Revista Latinoamericana de Psicología», ocupa un lugar destacadísimo en el horizonte de las publicaciones psicológicas en español. Me gustaría conocer las razones que te movieron a fundarla, y tu impresión sobre ello al cabo de los años.

R.A. -Los problemas de falta de comunicación entre los psicólogos latinoamericanos, que detecté en diciembre de 1967, durante el XI Congreso Interamericano de Psicología, en México, al que antes me refería ya, fueron el acicate para fundarla.

Esta ha sido una empresa de éxito, y en ella han publicado muchas figuras distinguidas de la Psicología a nivel mundial. Es interesante señalar que es una revista autosuficiente en todos los aspectos incluyendo el económico, que a veces es el más difícil en revistas científicas. La revista se sostiene sola, con suscripciones, y no tiene problema alguno para sobrevivir. La tasa de aceptación de artículos es menos del 40 por 100. Vale la pena señalar que en los últimos años el país que más artículos ha contribuido ha sido España. Muchos de esos trabajos son excelentes, y los hemos publicado. Muchas universidades y personas de España están suscritos a la Revista Latinoamericana de Psicología. Muchos psicólogos españoles nos han honrado eligiéndonos para publicar sus trabajos.

Hay planes para fundar otras revistas, incluyendo una en inglés, cuyo objetivo es romper la barrera idiomática que tanto mal ha hecho a nuestra disciplina.

H.C. -Desde tu experiencia, vivida de cerca, de la realidad de la Psicología en Latinoamérica, en los Estados Unidos, y en España, me gustaría que me hicieras un juicio comparativo, acerca de ellas.

R.A. -La Psicología de América Latina está comenzando a tener un lugar de relevancia en el panorama internacional, aunque todavía hay un largo camino por recorrer, como dije antes. Nuestro papel en el mundo europeo puede comenzar a mejorar participando más en Congresos, realizando investigaciones conjuntas con psicólogos de Europa. España, con el altísimo desarrollo de su Psicología en las últimas décadas, puede jugar un papel especialmente importante.

Creo que la Psicología latinoamericana es bien conocida en Estados Unidos, aunque necesita ser mejor conocida en algunas áreas, por ejemplo, en investigación científica. Seguramente el primer paso es la integración latinoamericana, en Psicología, al igual que en economía y en política. Luego de esto se podrá pensar en una integración iberoamericana, con España y Portugal. En este sentido, el Congreso Iberoamericano de Psicología de julio de 1992, en Madrid, fue un hito de enorme envergadura. Finalmente, podremos tener una integración global, en condiciones de igualdad.

Es preciso señalar también que la Psicología latinoamericana no se ha limitado a reproducir modelos de otros países, sino que ha enfatizado los problemas sociales, lo «indígena» y autóctono, la Psicología transcultural. Es una disciplina altamente original, una profesión muy bien establecida y una ciencia que, aunque tiene todavía profundas limitaciones, es probable que avance considerablemente en los próximos años.

H.C. -Me alegra oír lo que dices. Hace unos diez años, en el Congreso de la Sociedad Interamericana que se celebró en Caracas, recuerdo muy bien que estábamos allí tres españoles, por todo testimonio de lo que se hacía en España. Desde luego, las cosas han cambiado, pero creo que aún se ha de recorrer camino, tanto en lo académico como en lo personal, ¿no crees?

R.A. -Desde luego; cada día tendremos mejor comunicación con España, y esto redundará en beneficio recíproco. Este diálogo es algo que necesitábamos y que será útil tanto para nuestro desarrollo como para una conceptualización más exacta del hombre y de su comportamiento, que es lo que los psicólogos hemos tratado de hacer a lo largo de toda la historia.

Podríamos seguir hablando sin término con Rubén Ardila. Este hombre, nacido en 1942, en Colombia, hoy profesor de la Universidad Nacional de Colombia, presente en todas las reuniones internacionales importantes, recientemente elegido miembro del Comité directivo de la Unión Internacional de Psicología Científica, tiene una curiosidad, y un conocimiento de primera mano de la realidad de la Psicología en el mundo iberoamericano, de cuya situación se siente responsablemente comprometido. Tenemos muchos de sus libros -Investigaciones psicológicas (1977), La Psicología en América Latina (1986), Los orígenes del comportamiento humano (1979)- al alcance de la mano. Podemos empezar a leerlos -o a releerlos, según el caso de cada cual. Nos sentimos próximos a su empeño, cercanos a su mundo, interesados en una empresa común que es la Psicología Científica en lengua española. Hay mucho camino que hacer, por delante. Importa profundizar el conocimiento mutuo. Esta conversación quizá no tenga, en el fondo, otro fin que dar un paso en esa dirección.