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Febrero , nº 67 , 1997 Copyright 1997 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

EL DESARROLLO PROFESIONAL DE LA PSICOLOGÍA AMBIENTAL, ÁMBITOS Y ESTRATEGIAS

Enric Pol

Director del Máster en Intervención Ambiental. Universidad de Barcelona.

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Nadie llama a la puerta de un profesional si no ha habido una tarea de promoción orientada a mostrar -individual o corporativamente- que ofrece exactamente el servicio que el cliente necesita. Como en cualquier otro ámbito consolidado de la psicología, el psicólogo ambiental debe mostrar su competencia en aquellos lugares donde está el potencial cliente. Ello resulta un tanto paradójico cuando, como he mostrado en diversas ocasiones (Pol, 1988; 1993), la psicología ambiental fue antes profesional que académica, aunque finalmente creció más en la academia que en lo profesional.

Si bien es importante la investigación básica y la formación académica, la preparación orientada a la profesión resulta fundamental. Pero si no hay demanda de profesionales, todo ello resulta estéril. Esta orientación ha guiado los casi diez años del Master en Intervención Ambiental de Barcelona. Ello junto a estrategias de promoción de prácticas para estudiantes en los servicios medioambientales de las instituciones públicas, de las empresas y de las consultorías ambientales, alguna de las cuales ha generado nuevos puestos de trabajo para psicólogos. Con esta intención hay que entender el 'Foro Interprofesional' que ocupó buena parte del programa del reciente 5º Congreso de Psicología Ambiental del pasado noviembre en Barcelona. Pero no basta con la voluntad, es preciso ofrecer una aportación específica y única, ajustable a los tiempos y a los costes asumibles desde la empresa privada y la administración pública. Trataré de esbozarlos en los apartados siguientes.

Lo primero que hay que enfatizar, y de lo que hay que convencer, es que la cuestión ambiental, en la empresa y en la sociedad, es un problema que tiene su origen en el comportamiento y las vivencias de las personas, como individuos y como colectivos, y que no tiene solución posible si no se atiende de raíz esta dimensión humana y social, con una componente eminentemente psicosocial, dificilmente tratable desde otras perspectivas sociales con las que solemos competir en el campo profesional.

PERFILES PROFESIONALES

Además de los estudios básicos, se pueden configurar algunos ámbitos aplicados, en los que en estos momentos, aunque pocos, hay psicólogos trabajando profesionalmente, véase Pol y Vidal (Comp) 1996). Los perfiles que describiré combinan ámbitos temáticos e instrumentos de análisis y de gestión destacados, al uso en el ámbito profesional. Pueden servir para ordenar, clarificar y definir campos de actuación concretos que ayuden a definir el 'producto' diferencial que ofrece la psicología ambiental. Pero antes de abordar estos perfiles, quisiera hacer un par de consideraciones previas sobre aspectos que afectan a todos ellos.

Una primera consideración, con efectos sobre el desarrollo profesional del psicólogo ambiental, es la profunda separación de lo que en un sentido restrictivo se considera 'ambiental' (los 'vectores ambientales clásicos, como aire, agua, residuos, recursos, etc, y su gestión) y lo que, por razones más políticas que técnicas, entra en el ámbito del urbanismo y la política territorial, como es la organización del territorio, la transformación y la gestión del espacio, que no deja de ser un recurso ambiental más, a la vez que tiene importantes efectos sobre los llamados vectores ambientales. La práctica -pero también la organización política lo favorece-, hace que se trate de dos ámbitos con organizaciones, perspectivas y profesionales implicados muy separados entre sí, aunque tiendan a emplear los mismos tipos de instrumentos de análisis y de diagnóstico.

La segunda consideración, que he tratado de explicar ámpliamente en otros textos (Pol, 1996), es que partimos de que toda intervención ambiental no es meramente un problema tecnológico. Se origina en la acción humana y comporta un impacto tanto ecológico como social que hay que tomar en consideración. Si bién en última instancia la decisión es siempre política, el psicólogo debe saber aportar los datos justos y necesarios, y el 'técnico' debe saber considerar esta información. Ello requiere una auténtica colaboración interdisciplinaria en equipos integrados y entrenados, no una mera yuxtaposición de profesionales.

Planificación, gestión y calidad de vida

Este primer perfil aglutina buena parte de lo que ha sido tradicionalmente el campo de trabajo de los psicólogos ambientales. Abarca la planificación y la gestión de recursos naturales y del paisaje, pero básicamente se centra en entornos urbanos, orientado a conseguir un mayor bienestar social y una mejor calidad de vida. Su necesidad y función social tiene su origen en el presunto derecho de los individuos y colectividades a preservar la propia identidad individual y de grupo, las formas culturales, valores simbólicos compartidos y formas de relación, sin que se vean alteradas por intervenciones ajenas más allá de lo que se desee. La intervención del psicólogo ambiental va orientada a encontrar el equilibrio entre la adaptación a las condiciones de vida que vienen dadas, las modificaciones no controlables que estas condiciones de vida siempre sufren y la adaptación del entorno a las propias necesidades. Y ello en la consideración de que el sistema social no es estático sino dinámico. Por tanto el diseñador-planificador y el gestor han de encontrar el equilibrio entre la introducción de elementos de renovación-innovación y el mantenimiento de la identidad del lugar, de los colectivos y de los individuos.

Este perfil profesional toma sentido cuando la planificación y construcción a gran escala para una masa de población anónima, provoca el distanciamiento entre el diseñador-planificador y el futuro usuario. El diseñador-planificador tiene necesidad de un programa a desarrollar en su trabajo, que recoge las características sociales de los grupos, no siempre estandarizables. A menudo el propio diseñador-planificador trata de acercarse a ellos, pero también a menudo no dispone de los instrumentos, tiempo o formación para poderlos valorar adecuadamente (Véase Valera y otros, 1996). Consultor, miembro del staff de una compañía de diseño, técnico social o funcionario de una entidad pública de gestión, asesoramiento y defensa de los vecinos, etc, son algunas posibilidades profesionales.

En cada país de la Unión Europea hay leyes que regulan procesos de intervención de los ciudadanos en la planificación y la gestión del espacio y recursos urbanos. En lo que se refiere a la construcción de edificios para viviendas o instituciones, no se acostumbra a contemplar ninguna vía de participación obligatoria.

Via pública, usuarios, movilidad y transporte

Este segundo perfil podría considerarse un caso particular del anterior. Sin embargo, tiene algunos rasgos peculiares que le dan entidad y requieren unos conocimientos específicos. Toma carta de naturaleza en la medida que la movilidad se ha universalizado, que el automóvil y los medios de transporte colectivo se han generalizado y que las distancias se han reducido. La seguridad pasiva de los vehículos, de las calles y las carreteras en relación al comportamiento, el riesgo y la percepción de riesgo que tienen conductores y usuarios, la claridad de la señalización, los hábitos perceptivos y las distorsiones de la percepción debidas a la velocidad, al cansancio o a al consumo de determinados productos, son temas centrales y específicos que requieren un abordaje psicosocial. El automóvil como principal causante de la contaminación atmosférica y sónica de nuestras ciudades, y por tanto, de rebote, la contaminación como efecto de decisiones individuales sobre la elección del medio de transporte, y como efecto de la planificación de servicios y/o de la adopción de campañas de opinión o de medidas disuasorias, completan el objeto de trabajo.

Como en el perfil anterior el psicólogo ambiental puede actuar como consultor, como miembro del staff, como gestor o como directivo en centros de planificación y gestión del espacio público y del tráfico; Planificación y gestión del transporte; Industrias relacionadas con la ergonomía de la automoción, o el asesoramiento y defensa de los vecinos y usuarios. Sin embargo, a diferencia del perfil anterior, los compañeros de viaje serán eventualmente los urbanistas, pero sobre todo los ingenieros de tráfico y del transporte.

Gestión ambiental en la empresa

Establecer un Sistema de Gestión Ambiental (SGA o EMS) en la empresa comprende la explicitación de una filosofía y unos objetivos ambientales internos y externos de la organización que tanto afectan las políticas concretas, la gestión, los procesos productivos, como la imagen de la organización y unos sistemas de control más o menos participativos. Se trata de sistemas de adcripción voluntaria, que aportan algunos beneficios para los que los cumplen, y se hallan formulados en las ISO 14000. En ellas también se contemplan algunos 'instrumentos' para la gestión ambiental, como los análisis de ciclo de vida de los productos (ACV) o las auditorías ambientales, que a su vez tienen regulaciones específicas en directivas de la Unión Europea, traspasadas a las legislaciones estatales y autonómicas (Véase Choy y Moreno, 1996; o el artículo de Emilia Moreno en este A fondo).

Entre los instrumentos vinculados a la gestión, aunque de suyo es previo al funcionamiento de la organización y se extiende también a intervenciones públicas, está la Evaluación del Impacto Ambiental (E.I.A.). La actual legislación Comunitaria contempla en la E.I.A., tanto los aspectos ecológicos como los sociales. El objetivo último de los estudios de impacto ambiental es evaluar los efectos positivos y negativos que tendrá una intervención (gran industria, infraestructuras como carreteras, etc), para tomar las medidas correctoras pertinentes, en la fase de elaboración del proyecto. Deben aportar elementos a la administración pública competente para que pueda hacer una declaración de impacto y en consecuencia denegar o autorizar la ejecución del proyecto imponiendo, si es preciso, unas medidas correctoras.

En las E.I.A. los psicólogos ambientales (u otros científicos sociales) abordan habitualmente características de la colectividad, funcionales, simbólicas, identitarias, cohesión social, salud, etc, (no sólo sociodemográficas y económicas, como se hace a veces) que conforman el bienestar. Se han propuesto algunos instrumentos de detección. (Véase Rubio, 1987; Pol y Moreno, 1994; Moreno, Serena y otros, 1996). Cada caso tiene sus peculiaridades y el planteamiento ha de ser específico. Los estudios de impacto ambiental los puede hacer la misma empresa u organismo promotor del proyecto, pero es frecuente que se encarguen a una empresa o consultoría externa especializada, en las que ya hay psicólogos trabajando.

La auditoría ambiental es un instrumento de evaluación y verificación, utilizable a iniciativa de la propia empresa, para evaluar y optimizar sus procesos o para dar cuentas a terceros, cuando es preciso (Roca y otros 1996). Es independiente -pero a su vez es la base- del sistema comunitario europeo Eco-Audit (DOCE nº C76/2 de 23.3.92). El objetivo del sistema de auditorías ambientales es conocer para promover la mejora de los resultados de las actividades industriales en relación con el medio ambiente. Si se realiza de modo adscrito al sistema Eco-audit. y se supera el control de la inspección, da la posibilidad de conseguir el derecho de uso de un logo acreditativo como incentivo, que debe favorecer a la empresa para alcanzar mejores cuotas de mercado.

En la evaluación (la auditación) se consideran el control y la prevención de las repercusiones de la actividad sobre los diversos componentes del medio ambiente. Una parte importante de los aspectos a evaluar tienen que ver con la organización, la gestión, el riesgo y la percepción del riesgo, el comportamiento del personal, la formación de los trabajadores y la información interna y externa, y la relación con la comunidad. Aspectos, muchos de ellos, tradicionalmente vinculados al ámbito de la psicología de las organizaciones, pero que requiere en este caso una fuerte formación en temas ambientales.

Las auditorías, generalmente deben ser realizades por personas, equipos o empresas independientes de la actividad que evalúan, pero con un 'conocimiento suficiente del sector (...) y la suficiente formación y pericia como auditores para alcanzar los objetivos fijados' (DOCE.27.3.92:9). La legislación no especifica un perfil formativo único de los inspectores, que son acreditados por las comunidades según unos criterios establecidos en colaboración, entre otras, con las asociaciones profesionales. Existen actuamnente acciones de colectivos -entre las que se encuentra este Colegio Oficial de Psicólogos- a nivel de toda Europa, para conseguir el reconocimiento del psicólogo como profesional competente acreditado.

Los análisis de ciclo de vida (ACV) se utilizan para preveer los impactos ambientales que un producto generará, desde la materia prima y la producción hasta el uso y la eliminación, para corregirlos o minimizarlos ya en la fase de diseño. Desde la psicología ambiental el énfasis se hace en la incidencia del comportamiento humano tanto en la fase de producción como, sobre todo, en la fase de uso y eliminación (ver Rieradevall et al.1996).

Los impactos de un producto a lo largo de su vida pueden verse especialmente agravados por los usos y las formas de depositación no previstos en la fase de diseño. Por ello es muy relevante conocer los hábitos y los estilos de vida de la colectividad o público destinatario, para preveer las tendencias que se proyectarán sobre el producto concreto. El ACV se vincula especialmente a la consecución de la eco-etiqueta.

Tanto los SGA como los instrumentos descritos hacen imprescindible un experto en comportamiento social integrado en un equipo interdisciplinario.

Salud laboral, ergonomía y gestión del riesgo

Un aspecto que acostumbra a quedar fuera de lo que se considera gestión ambiental es el relacionado con la salud y seguridad laboral, gestión del riesgo y, por extensión, ergonomía. Ello dado que tiene una legislación específica, recientemente modificada.

El mundo laboral es uno de los ámbitos más antiguos en los que ha intervenido la psicología ambiental.En las organizaciones laborales, su estructura física juega un papel importante para su buen funcionamiento, tanto desde un punto de vista funcional como estético y simbólico (imagen, estatus, etc); tanto en la producción y satisfacción laboral de los trabajadores (gestión sobre su espacio, etc), como en los efectos ambientales (luminosidad, ruido, tóxicos, etc) y riesgos innecesarios que se pueden producir si un mal clima laboral se convierte en desinterés, malas prácticas o incluso sabotajes o actos irresponsables.

Lo que a veces llamamos 'Ecología del Lugar de Trabajo' (Aragall et al., 1996) está especialmente centrado en la vertiente de la empresa, las condiciones de trabajo, la ergonomía, la seguridad y la salud laboral, el llamado síndrome del 'edificio enfermo', etc. Estos aspectos a menudo han sido tratados sólo desde una perspectiva médica, pero en la medida que la idea de calidad se va implantando (normas ISO 9000 e ISO 14000) y se enfatiza en la calidad de vida laboral y no únicamente la correción de disfunciones, se hace más evidente la importancia de las dimensiones psicosociales en aspectos relacionados con los ambientes de trabajo.

Todo ello delimita un doble perfil: el de un psicólogo organizacional bien formado en aspectos ambientales o el de un psicólogo ambiental bien formado en aspectos organizacionales. Ambos casos, como profesional integrado al staff de la organización o como asesor-consultor externo.

Gestión ambiental en la administración pública

Si bien el concepto de gestión ambiental y en buena medida los instrumentos son parecidos a los del ámbito empresarial (planes de gestión, E.I.A., Auditorías, ACV, etc), presentan suficientes peculiaridades como para precisar un perfil formativo y un desarrollo profesional diferenciado.

La gestión ambiental en la administración pública comprende una amplia diversidad de tareas, objetivos y funciones. Desde las unidades competentes, que deben dictaminar sobre la corrección de las EIA para proceder a la Declaración ambiental, que debe entender de los aspectos humanos y sociales; la inspección ambiental, que debe entender de aspectos organizacionales de gestión y formativos; a los departamentos de educación y promoción ambiental (que se ajusta al último perfil del que nos ocuparemos).

Pero además, la progresiva aplicación de los principios que se derivan de la Agenda 21 local y de la Carta de Alborg, instan a los municipios, las diputaciones y las entidades locales la necesidad de dotarse de un sistema de gestión ambiental que generalmente se inicia con lo que se llama una Auditoría ambiental municipal, sobre los resultados de la cual se construye un Plan de Optimización Ambiental. Esto plantea dos aspectos claramente psicosociales. Por un lado, la necesidad de incorporar a los ciudadanos como usuarios de los recursos en el momento de evaluar los llamados vectores ambientales (agua, energía, residuos, etc). No es suficiente mesurar consumos o producción de residuos. Requiere conocer la valoración que de ellos se hace (si se quiere la Representación Social, las teorías implícitas o los procesos de influencia social) que están en la base de su comportamiento. Por otro lado, se contemplan todos los sistemas de participación social existentes y cómo estimular dicha participación. En definitiva, conocer para promover el cambio, lo cual nos sitúa en el último de los perfiles que describiré.

Márqueting, Educación y Promoción Ambiental

Este perfil ocupa una parte central en el desarrollo profesional de la psicología ambiental. Todos los perfiles descritos tienen una dimensión comunicacional, de creación de estados de opinión, de formación de nuevos hábitos comportamentales y de nuevas actitudes. La etiqueta de Educación Ambiental resulta un tanto confusa, por su uso excesivamente vulgarizado. La educación ambiental como conocimiento del entorno nos remite a alguna cosa que, por sí misma, queda fuera de lo propiamente psicológico. Como mucho puede considerarse un aspecto periférico que puede ser útil para analizar procesos cognitivos o de aprendizaje. Ahora bien, si Educación Ambiental nos remite a cómo se produce -o cómo provocar- la experiencia del lugar; cómo esta experiencia incrementa el conocimiento del medio por un proceso de aprendizaje significativo; cómo se produce una identificación con el entorno después de trabajar sobre él, de manipularlo, de transformarlo y a partir de aquí emergen comportamientos y actitudes mas respetuosas con el entorno; o cómo provocar este proceso a partir de la propuesta de modelos alternativos a través de campañas persuasivas, entonces estamos de lleno en el ámbito de lo psicológico, pero hablando además de educación ambiental, de márqueting y de promoción (vease Remesar y Morales. 1996; Iñiguez, 1996).

El perfil del psicólogo en el márqueting, la educación y la promoción ambiental se centrará en la creación de una imagen o una representación social de lo ambiental, en la detección, creación o modificación de estados de opinión, de actitudes, a través de campañas proponiendo modelos alternativos por vías persuasivas, o que inciten cambios de comportamiento ambiental. En programas específicos sobre conservación de la energía, recogida selectiva de basuras, consumo de agua, prevención del 'littering' y el vandalismo, reducción de la contaminación por automóviles, prevención del riesgo, conservación de la naturaleza.

ESTATUS PROFESIONAL

Con estatus profesional remito al tipo de puesto de trabajo en el que el psicólogo ambiental desarrolla su actividad profesional en medio ambiente. Se pueden dar dos situaciones básicas:

• Como experto integrado en la dirección o en el cuerpo técnico de empresas de dimensiones suficientes o en la estructura funcionarial de la Administración pública (Véase Ricardo de Castro en este A Fondo).

• Como consultor externo, en asesoramientos a corporaciones o empresas menores, desde consultorías ambientales.

Hay mucha variedad de empresas consultoras, por su dimensión y por su estructura organizacional. Podemos distinguir tres tipologías básicas:

a) Las más grandes ofrecen un servicio completo -un 'full service'- desde la propia organización, de características interdisciplinarias, que puede comprender desde la realización de una EIA hasta la misma ejecución del proyecto.

b) Las medianas ofrecen el mismo 'full service', pero no desde su estructura organizacional, sino a través de empresas especializadas concertadas.

c) Las pequeñas formadas por un equipo humano restringido, interprofesional o no, que contratan puntualmente personas para ejecutar trabajos, o subcontratan partes concretas de los estudios a otras asesorías especializadas.

El rol de científico social empieza a estar contemplado en algunas de ellas, pero es aún minoritario, por la aplicación parcial que a menudo se hace de la legislación vigente. Cuando se consideran los aspectos humanos y sociales, es frecuente que quede en unas 'apreciaciones' de los propios ingenieros o biólogos, o en algunos casos en valoraciones estadísticas socioeconómicas y demográficas hechas por algún economista (lo cual podría llegar a considerarse intrusismo profesional). La perspectiva de endurecimiento de los niveles de cumplimiento de la legislación hace preveer un cambio importante en la situación. Por la naturaleza del problema, es fundamental que los psicólogos ambientales estén preparados para aportar sus conocimientos desde consultorías especializadas en lo que les es propio, integrándose en el staff de empresas 'full service' o participando en la creación de nuevas empresas interdisciplinarias.

El psicólogo ambiental, como experto en dimensiones humanas, sociales y organizacionales, debe estar perfectamente capacitado para desarrollar tareas técnicas desde la perspectiva que le es propia, pero también tareas de alta dirección, coordinación, dirección de departamentos y/o de programas incluso tecnológicos, ya que siempre se cuenta con un equipo técnico. Ello es especialmente así, ya que si su formación es correcta, tiene una perspectiva de globalidad de los problemas, a la vez que de los objetivos y los contextos en los que se desarrolla la organización (privada o pública) que lo hacen especialmente cualificado para estas tareas. La creciente consideración de la cuestión ambiental como un problema eminentemente humano y social, y no solamente como un problema tecnológico, tanto en el ámbito de lo político como en el de la empresa, parece ir en esta dirección. Hay que estar preparados para dar una respuesta adecuada.

A MODO DE CONCLUSIONES

Se debe evitar la ingenuidad y el repetir la historia. La primera psicología ambiental contemporánea, se ocupaba de problemas relevantes aportando soluciones irrelevantes. Probablemente por falta de experiencia y bagaje, o por partir de los principios teóricos y epistemológicos dominantes en los cincuenta y sesenta, no adecuados para la resolución de las demandas, y llevando a un cierto nivel de fracaso.

El refugio en la academia permitió avanzar un poco en los conocimientos básicos a través de la investigación y reflexión, sin el peso de la responsabilidad social de la aplicación inmediata. No obstante también hizo caer en el pasatiempos entretenido, casi lúdico y autocomplaciente de temas fáciles pero irrelevantes. Es por ello que considero importante que en la definición de programas de formación se preste atención no sólo a aquello que nos es cómodo y conocido, sino a las exigencias de un mercado laboral que debemos estimular para que crezca, pero que debe responder a los intereses sociales.

El reto es normalizar la presencia del psicólogo ambiental en el campo empresarial, asociativo y en la administración pública. Para conseguir este objetivo, al menos son necesarias dos condiciones:

1- Que los posicionamientos o planteamientos de base 'normalicen' la concepción de que las dimensiones comportamentales y sociales son indisociables de la cuestión ambiental y por tanto de su gestión.

2- Que los profesionales de la psicología ambiental y las ciencias sociales sean capaces de hacer aportaciones positivas, operativas y relevantes para la gestión ambiental, en tiempos y costos ajustados a los ritmos que requieren las dinámicas de las empresas y la administración pública.

Se podría afirmar, para finalizar, que existe una demanda social que desconoce que lo que necesita realmente, le puede ser aportado por el psicólogo ambiental. Pero por un psicólogo ambiental integrado como miembro de un equipo interdisciplinario con la formación suficiente de todos sus miembros. Una oferta profesional transdisciplinaria de la que forma parte el psicólogo ambiental y que debe saber cómo y a quién dirigirse. Sintonizar estos dos extremos será tarea de los propios individuos, pero especialmente de asociaciones profesionales especializadas y/o de los colegios profesionales.

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