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Junio , nº 70 , 1998 Copyright 1998 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

EVALUACIÓN PSICOLÓGICA: ALGUNAS CLAVES PARA EL FUTURO

Rocío Fernández-Ballesteros

Universidad Autónoma de Madrid

La evaluación psicológica es, sin duda, una de las disciplinas de la psicología científica presente en cualquier actividad del psicólogo, sea éste básico o aplicado. Tras enumerar la más importante bibliografía relativa al estado actual de la evaluación en España, se examinan algunas claves de esta disciplina con el objetivo de plantear algunos retos del futuro: vejez y la multiracialidad como poblaciones objetivo; nuestra posición entre Europa e Iberoamérica; la evaluación del cambio; los avances tecnológicos; la valoración de programas, y, finalmente, las normas y los reglamentos desarrollados en este fin de siglo. Finalmente, se incita al Colegio de Psicólogos al debate y la reflexión sobre algunos de estos temas.

Psychological assessment is always present in psychologist’s activity. After describe the most important references in the state of the art of psychological assessment, several key topics and future challenges are developed: old and multiracial target populations; our position between Europe and Iberoamerica; the importance of the assessment of change; technological progresses, and the norms and standards about assessment developed at the end of the Century. Finally, it is suggested the importance of a debate regarding psychology in the next Century.

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La evaluación psicológica es, sin duda, una de las disciplinas de la psicología científica presente en cualquier actividad del psicólogo, sea éste básico o aplicado. Los investigadores y profesionales más conspicuos o menos avezados al hacer psicología han de plantearse, en alguna medida, la evaluación de determinado individuo humano o grupo, sujeto de su trabajo. Que esa evaluación sea hecha mediante sofisticados aparatos (tasquitoscopios, polireactígrafos, polígrafos, etc.) y estrictas mediciones o bien mediante entrevistas nada estructuradas e inferencias cualitativas, la cuestión es que cualquier tarea psicológica encierra algún momento evaluativo.

Que esto es así puede examinarse mediante múltiples fuentes de datos; por ejemplo, través de encuestas sobre las tareas profesionales que realizan los psicólogos (Díaz y Quintana, 1992), la frecuencia de utilización instrumentos evaluativos (Cohen et al., 1996), así como lo que pudiera considerarse base del método experimental, piedra angular de los hallazgos psicológicos generales (Fernández-Ballesteros, 1980)1. De ahí que, por suerte o por desgracia la evaluación psicológica ha venido siendo el rostro bien conocido de la psicología2.

Todo ello nos permite justificar la inclusión de esta temática en el repaso que, en este número de Papeles, se pretende dar a la psicología en sus más importantes áreas.

En esta tarea, nos encontramos con un primer problema: en los últimos años se han publicado muy extensas revisiones de la evaluación psicológica en España por diferentes motivos, como han venido siendo las periódicas reuniones de profesores de evaluación psicológica (por ejemplo, Fernández-Ballesteros, 1991), el II Congreso de Colegio Oficial de Psicólogos (1990), el I Congreso Iberoamericano de Psicología (1992), el 23 Congreso Internacional de Psicología Aplicada (Fernández-Ballesteros, 1994). En todos estos informes se han presentado las fundamentales coordenadas teóricas, metodológicas y tecnológicas, académicas y aplicadas de la evaluación en nuestro país. Dado que todos esos trabajos son fácilmente accesibles y que el lector puede encontrar en ellos un panorama general y muy amplio de la evaluación psicológica española, resultaría redundante tratar de hacer un nueva revisión ya que, además, todo lo dicho en ellos —parafraseando a André Guide— está bien dicho, y volver a repetir lo mismo implicaría o no haber leído con toda atención tales escritos o, bien, caer en odiosas reiteracciones.

Por tanto, no tenga miedo el lector que no voy a realizar, un nuevo análisis racionalista sobre las distintas fuentes que nos permiten situar a la evaluación psicológica según distintas perspectivas (históricas, teóricas, tecnológicas, académicas, aplicadas, etc.). Más bien, lo que pretendo es enunciar y discutir brevemente lo que creo son algunas de las más importantes claves de la evaluación psicológica en este fin de siglo con el objetivo de plantear algunos retos del futuro.

NUEVAS POBLACIONES

Envejecimiento y multiracialidad

La evaluación psicológica tiene siempre por sujeto al individuo humano o grupo de individuos. Como se sabe, su objetivo esencial se ha centrado en la descripción, predicción, pronóstico, explicación, o cambio del comportamiento del sujeto humano con base en ciertas condiciones o características psicológicas, psicosociales o ambientales. Pero, a lo largo de este siglo ha habido grandes cambios sociodemográficos en las poblaciones atendidas por los psicólogos de forma tal que si bien sigue siendo cierto que el comportamiento del sujeto humano en su contexto es nuestro objeto de estudio, determinadas condiciones de este sujeto han variado. Veamos dos de las que más se han modificado.

A principios de este siglo, en España, la esperanza de vida era, en promedio (varones y mujeres) de 46 años, la natalidad por encima de 4 y, prácticamente, no había inmigración. A finales de siglo, la España de la Unión Europea tienen una de las más altas esperanzas de vida de Europa (mujeres 81 años, hombres 73.3), una de las más bajas tasas de natalidad del mundo (1.15 hijos por mujer) y está empezando a ser un país que recibe tanto a ciudadanos europeos como a emigrantes del norte de Africa, de Latinoamérica e, incluso, de los países del Este de Europa. En otras palabras, el envejecimiento de la población española, la entrada de España en la UE con la libre circulación de ciudadanos y una creciente inmigración han producido importantes cambios en las poblaciones atendidas por los psicólogos y, como es lógico, la evaluación psicológica ha de ajustarse a esos cambios.

La psicología emerge fuertemente ligada a demandas sociales y estas demandas están, a su vez, referidas a las condiciones sociohistóricas de la época. Si examinamos la propia historia de la evaluación, ésta nace de la mano de Binet y otros evaluadores cuyo objetivo esencial era el análisis objetivo de ciertas condiciones en la infancia. Esta y otras muchas circunstancias han influido en que a lo largo de este siglo, se haya hecho más hincapié en la evaluación del niño, el adolescente y el adulto que en la evaluación en la edad media de la vida o, aún menos, en la vejez.

El envejecimiento de la población producido a lo largo del siglo XX , pero más específicamente, en las tres últimas décadas, lleva consigo la necesidad de acomodar a una población más envejecida el proceso de evaluación (por ejemplo, mayor atención a las variables personales del sujeto tales como educación, sus condiciones sensoriales, la familiaridad en los tests, etc.) así como la exigencia de ajustar los instrumentos de evaluación basados en normas a grupos de población que cubran todo el ciclo de la vida.

En otro lugar (Fernández-Ballesteros, 1997), ponía de relieve la importancia de la utilización de baremos ajustados a la población mayor, junto a la ausencia de éstos en los más importantes instrumentos de evaluación así como denunciaba la frivolidad con la que se dice que un instrumentos ha sido baremado para la población "adulta" cuando, en realidad, el mayor grupo de edad utilizado en la baremación contaba con el rango de 40-45 años o aún menor edad (ver, por ejemplo, el WAIS). En resumen, el psicólogo evaluador (así como las empresas dedicadas a la distribución de tests) tiene una importante tarea por delante: tratar de ajustar su instrumentación y sus propias perspectivas de acción profesional a una población envejecida que pertenece a una cohorte alejada en el tiempo, que ha vivido circunstancias distintas (y distantes) del psicólogo. Acomodarse a una mayor distancia generacional con el cliente irá paulatinamente siendo un reto para el psicólogo.

Decía además que nos encontramos ante una población inter-racial. Ello procede, esencialmente, de dos condiciones históricas distintas que han sobrevenido en las últimas décadas del siglo XX. De un lado, la libre circulación de ciudadanos europeos acreedores de los mismos servicios psicológicos que los españoles y, de otro, la inmigración que, poco a poco, es más frecuente. Veamos ambas cuestiones.

La libre circulación de ciudadanos de los países de la Unión Europea (UE), no solo permitirá al psicólogo español trabajar fuera en otros países de la Unión, sino que está influyendo en la llegada de ciudadanos europeos jubilados que buscan en nuestro país, climatológicamente benéfico, mejorar su calidad de vida. En ciertas comunidades españolas (como la Comunidad Valenciana, Andalucía o Baleares) están asentándose amplios grupos de ciudadanos mayores europeos que tienen derecho a protección de salud y que bien pueden requerir atención psicológica. Es de preveer que en el futuro este fenómeno poblacional se va a incrementar. ¿Cómo diagnosticar y asesorar a un alemán de 70 años visitante o residente en uno de los parajes de nuestra costa? El psicólogo ha de estar preparado para evaluar y atender a ciudadanos mayores tanto españoles como de otros países europeos. Si no lo hace, otros psicólogos europeos se trasladaran a esos mismos lugares para ofrecer esa necesaria atención.

Por otra parte, no sólo recibimos a ciudadanos de la Unión sino que, poco a poco, nos estamos convirtiendo de un país emigrante a un país al que se emigra en búsqueda de mejores condiciones o, simplemente, como paso para otros países. Ello ha de hacernos reflexionar que, poco a poco, estamos caminando hacia una sociedad interracial.

Como psicólogos evaluadores, esta condición nos ha de hacer no sólo estar atentos a la hora de evaluar con instrumentos adecuados que no sean discriminatorios a ciertas minorías, sino que la cuestión abarca un amplio margen que traspasa incluso el plano profesional y se adentra en nuestro sistema de valores y creencias. ¿Cómo evaluar y tomar decisiones sobre la petición de reparación del himen en una joven musulmana que a pesar de haber incorporado valores actuales y occidentales tiene que transigir con las normas de la propia cultura si quiere ser aceptada por su grupo de referencia?.

Ello implica muchas cosas: un cambio de mentalidad para ser capaz de entender los valores y creencias de personas pertenecientes a otros contextos culturales a la hora de hacer evaluación, diagnóstico, consejo o tratamiento psicológico. Junto a ello, esta realidad debe alertarnos contra un probable etnocentrísmo, amenaza, al menos potencial, en un país invertebrado en el que también se practican los más variados "fundamentalismos" y que ensaya una tolerancia más próxima al "laissez-faire, laissez-passer" que a una verdadera aceptación del otro que, con su conducta, expresa un sistema de valores distinto y alejado de aquél recién alcanzado por nosotros.

En resumen, el psicólogo evaluador debe ser consciente de que cada vez en mayor medida ha de evaluar (y por supuesto, diagnosticar, orientar, tratar, etc.) a sujetos de más edad del propio país así como de otros países así como también sujetos de distintas culturas. Por todo ello, en mi opinión, el psicólogo requiere una mayor preparación en psicogerontología y en psicología transcultural como así, también, se precisa tener en cuenta que nuestra tecnología psicológica, en términos generales, se ha dirigido esencialmente a la edad infantil y adulta y que, en la mayoría de las pruebas estándares, no se cuenta con datos normativos a través de los cuales realizar más ajustados diagnósticos, predicciones, asesoramiento o, incluso, intervenciones.

MIRADA AL ESTE, MIRADA AL OESTE: Europa e Iberoamérica

Desde la configuración actual de la psicología puede decirse que España ha venido experimentando una enorme influencia norteamericana (Carpintero, 1986). En las últimas décadas, esto está cambiando y existen pruebas de que la psicología española es plenamente consciente de su pertenencia histórica al viejo continente europeo así como de sus estrechos y entrañables lazos con Iberoamérica.

España, no cabe duda, geográfica, histórica y culturalmente mira a (se mira en) dos continentes: Europa y América. En evaluación psicológica, la cuestión está bien clara y aún pudiera ser considerada como paradigmática: hemos progresado teniendo en cuenta ambas realidades.

La Sociedad Española de Evaluación Psicológica (SEEP, creada en 1985) se convirtió en 1990 en la European Association of Psychological Assessment (EAPA) así como la revista Evaluación Psicológica/Psychological Assessment se convirtió en 1992 en el European Journal of Psychological Assessment (aparece en la red APA, Psychlit, Psychalert, Psychinfo, Psychological Abstract así como en los Social Sciences Current Content). Durante los últimos quince años, desde esa organización, se han celebrado cinco Congresos de Evaluación Psicológica (Madrid 1985,1987; Barcelona, 1991; Santiago, 1994; Málaga, 1998) así como cuatro European Conference on Psychological Assessment (Barcelona 1991; Groningen, 1993; Trier, 1995; Lisboa, 1997, el próximo Congreso europeo tendrá lugar en Patras, Grecia, en Septiembre de 1999).

Así, también, con motivo del I Congreso Iberoamericano de Psicología (Madrid, 1992) se constituyó la Asociación Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica (AIDEP) que comenzó a publicar, en 1995, la Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica. La AIDEP ha organizado distintos Congresos Iberoamericanos de Diagnóstico y Evaluación Psicológica el próximo de los cuales tendrá lugar en Salamanca (Noviembre). Además, hay que resaltar que ambas sociedades han colaborado y colaboran en proyectos comunes.

En definitiva, creo que podemos sentirnos orgullosos al decir que la evaluación psicológica española es germen de acciones científicas, académicas y profesionales tanto en Europa como en Iberoamérica. En el futuro esta comunidad científica deberá ser potenciada y seguir adelante para el cumplimiento de fines comunes.

EVALUACIÓN DEL CAMBIO:

La evaluación de las intervenciones psicológicas

En estos últimos años, la evaluación ha estado extraordinariamente unida a la valoración de intervenciones y, más aún, a la contrastación de los efectos (eficacia o efectividad) de los tratamientos psicológicos a través del cambio comportamental. Ello es lógico puesto que un modelo de evaluación psicológica debe conllevar no sólo la descripción, diagnóstico o predicción del caso sino que debe también incluir la valoración de esas predicciones y, también la valoración de los resultados obtenidos. De hecho, cada vez han aparecido un mayor número de textos en evaluación en los que se hace referencia a la importancia de la evaluación a la hora de la planificación y valoración de intervenciones (por ejemplo, Marush, 1994; Hurt, Reznikoff y Clarkin, 1991).

Con la evaluación del cambio nos encontramos muy cerca de la valoración de programas desde luego pero, permítaseme tratar ambos temas separadamente por cuanto la evaluación del cambio a la que me refiero ahora versa, esencialmente, sobre intervenciones psicológicas mientras que con la evaluación o valoración de programas nos referimos, más bien, a un amplio ámbito de acciones sociales. Así pues, en el epígrafe siguiente trataré sobre la importancia del psicólogo y la evaluación psicológica en la evaluación de programas, tanto si se ven implicadas variables psicológicas y/o comportamentales como objetivos de cambio como cuando lo son como variables independientes o potencialmente intervinientes. Sin embargo, a continuación trataré de la evaluación del cambio comportamental o, en otras palabras, la contrastación de si las intervenciones psicológicas individuales o grupales producen los esperados cambios lo cual se ha convertido en un ámbito de trabajo propio de la evaluación psicológica pero de suma importancia para la psicología, en general.

En estos últimos años se está produciendo un importante debate sobre los "efectos" de nuestros tratamientos y programas (incluso, en este debate ha terciado recientemente el Presidente de la APA, Prof. Seligman y ha acuñado una nueva significación para los conceptos de eficacia y efectividad en los que no podemos detenernos ahora). La evaluación psicológica es la encargada de poner de relieve estos extremos que posteriormente son analizados mediante meta-análisis (o mega-análisis) con el fin de contrastar la talla del efecto medio de las intervenciones. Cabe señalar que el papel de la evaluación psicológica es esencial desde dos perspectivas distintas: 1) es a través de la evaluación como se toman decisiones sobre qué intervenciones adoptar, y 2) son instrumentos de evaluación los encargados de evaluar o medir el cambio, una vez aplicadas las intervenciones.

Recientemente, Lipsey y Wilson (1993) han examinado 302 estudios de meta-análisis de intervenciones psicológicas, conductuales y educativas. La distribución de la amplitud del efecto se muestra en la Figura 1. Lo que estos autores ponen de relieve es que los efectos medios están en torno a .05 (talla del efecto media equivalente a media desviación típica) pero, también, que la distribución de los efectos está claramente desviada hacia la derecha. En otras palabras, mientras que aproximadamente un 15% de estudios en los que se valoran tratamientos psicológicos no presentan ningún efecto (de entre los que aproximadamente un 2% presentan efectos negativos) una gran parte de intervenciones psicológicas presentan cambios comportamentales por encima de una desviación típica. En resumen, nuestros tratamientos, en general, parecen producir cambios o efectos positivos en los comportamientos problemáticos que tratan.

Pero, esto no es todo, como señala Lipsey (1997), lo importante del meta-análisis es que nos ofrece una lente para observar un conjunto de evaluaciones. En otras palabras, con el adecuado sistema de clasificación de estudios y de variables y mediante un meta-análisis nos permite examinar cuales son los aspectos más relevantes (o de más impacto) de los programas. Así en la Figura 2 observamos cómo se han descompuesto en 302 estudios evaluativos las variaciones en efectos observados. Sólo una cuarta parta de tales efectos se deben al programas (es decir, al tipo de tratamiento, cliente, resultados, etc.). tres cuartas partes están explicadas por el método, los errores de muestreo y los efectos residuales.

Aparte de que la lente con la que se miran los programas parece estar "empañada", la evaluación del cambio sistemática y los meta-análisis y los meta-meta-análisis nos permiten proceder a un examen diferencial de efectos, separando la propia metodología de evaluación y los que verdaderamente deben ser imputados a la bondad del programa y, en este último caso, también permite descomponer el tratamiento psicológico en sus partes esenciales con el fin de comprobar cuáles son sus elementos más activos.

En resumen, la evaluación del cambio es en este final de siglo una de las áreas de mayor importancia de la evaluación psicológica. No intervenir en nuestro sujeto psicológico sin haber previamente evaluado lleva consigo, también, no intervenir sin valorar el cambio producido lo cual es un corolario necesario que debe guiar a cualquier psicólogo en su práctica profesional y que transciende el cientifismo para adentrarse en la ética por lo que, la evaluación del cambio debería estar presente en nuestro código deontológico como un mandamiento más.

AVANCES TECNOLÓGICOS: Desde la administración computorizada a la involucración virtual

Resulta claramente difícil realizar una mínima reseña de los avances que la evaluación psicológica ha experimentado gracias a los desarrollos tecnológicos experimentados a lo largo del siglo XX (como incontables son éstos). Sin embargo, si parece posible presentar algunos de los más revolucionarios cambios de la tecnología evaluativa.

1. Los avances de la informática y el ordenador (a través de sus sucesivas generaciones) nos han provisto de posibilidades miles en la administración, corrección e interpretación de la más sofisticada tecnología psicológica así como casi ha desbancado —por su precisión y flexibilidad— a tasquistoscopios, polireactígrafos o polígrafos en la presentación de estímulos y tareas, así como en el registro de las actividades del organismo.

2. Los avances de las técnicas de neuroimagen junto a los avances de la informática nos han permitido explorar funcionalmente lo que acontece a nivel neural cuando se administran determinadas tareas, tests u otros estímulos relevantes. Ello contribuye y contribuirá no sólo a un mejor conocimiento de los procesos psicológicos sino que suponen fuentes criteriales para la construcción de tests de indudable e irremplazable valor. En ello están trabajando, entre otros, distintos equipos de investigación como el de León Carrión en Sevilla o el de Carmen Junqué en Barcelona.

3. Los microcircuitos y los sistemas integrados han supuesto una revolución en el auto-registro y en la recogida de información en situaciones naturales. Así, hoy en día, es posible registrar lo que dice que piensa o siente un sujeto así como sus correlatos psicofisiológicos mediante sistemas "ambulatorios" (preferiría llamarles "ecológicos") de recogida de información en la situación natural en donde tales eventos suceden (ver, por ejemplo, Fahrenberg y Myrtek, 1996).

4. Los sistemas expertos son utilizados en la simulación de la propia "mente" del evaluador permitiendo replicar el proceso de evaluación lo cual es de inestimable valor a la hora de validar este proceso y, como veremos más adelante, ello nos servirá de base a la hora de "normalizar" o estandarizar dicho proceso, base de la evaluación psicológica. En esa línea de investigación investigadores españoles como José Luis Zaccagnini, Pablo Adárraga o Sixto Cubo, están haciendo trabajos realmente pioneros que tanto permiten evaluar distintas patologías psicológicas (como la depresión o el autismo) como investigan la actividad epistémica del evaluador validando algunos modelos del proceso evaluativo.

5. Los avances de la realidad virtual están permitiendo replicar la situación natural, a través de una análoga en el laboratorio. Ello ha sido un reto desde principios del siglo pasado, desde Jacob Levy Moreno a la Oficina de Servicios Estratégicos de los EEUU pasando por los psicólogos de la conducta con sus tests situacionales; hoy en día, mediante situaciones virtuales estandarizadas, simular situaciones ya no es ciencia ficción, sino pura "realidad". Ello puede ser apreciado en las investigaciones de Manual de Juan Espinosa (en inteligencia espacial) o Cristina Botella (en fobias) y, también en los trabajos de TEA —junto con otras compañías de test europeas— que están tratando de estandarizar situaciones que van a revolucionar la selección de personal.

En resumen, son tantos y tan variados los avances tecnológicos producidos durante este siglo que un balance en sus postrimerías nos ofrece un variado espectro de repercusiones extraordinariamente positivas para el quehacer psicológico así, como veremos más adelante, nos plantean nuevas cuestiones y preocupaciones que habrán de ser reguladas.

5. LA EVALUACIÓN DE PROGRAMAS

Valoración de programas en la España de la UE

En distintos foros he puesto de relieve desde hace más de dos décadas que el sujeto de la evaluación psicológica no se reduce al sujeto individual (al ser humano) sino que comprende también la evaluación del cambio comportamental y, por ello, y con ello, la evaluación de programas. Es éste un ámbito relativamente nuevo de la evaluación psicológica en el que conviene detenerse. La evaluación de programas tiene un esencial objetivo (amén de ayudar a contabilidad pública): la mejora de los programas sociales y, en definitiva, la progresión en la calidad de vida de los ciudadanos. La pregunta esencial es doble: cuál es el papel del psicólogo y, en particular, del psicólogo evaluador en la evaluación de programas y cuáles son las perspectivas futuras de la evaluación de programas en la España de la Unión Europea.

Recientemente, en colaboración con Evert y Seyfried (Fernández-Ballesteros, Vedung y Seyfried, en prensa), he tratado de enfatizar y formalizar la importancia de la psicología y los psicólogos en la evaluación de programas. Tres son los principales componentes del mardaje entre la psicología y la evaluación de programas, revisemos brevemente esas tres líneas argumentales.

1. La psicología y los psicólogos son profesionales indispensables cuando los objetivos de los programas son de naturaleza comportamental. (Seguramente, ésa es la razón por la cual, los psicólogos españoles aparecen implicados esencialmente en la evaluación de programas educativos y sociales). Señalaba hace quince años que, finalmente, eran instrumentos psicológicos los que se utilizaban como medidas de las variables dependientes (operaciones observables) en gran parte de los programas cuyos objetivos eran comportamentales. La salvaguarda de las requisitos que han de presentar los instrumentos, las garantías en cuanto a la administración, corrección e interpretación son áreas esenciales del trabajo del psicólogo evaluador. El rol del psicólogo en evaluación de programas, ¿se reduce a su actuación en aquellos programas de contenidos comportamentales? La respuesta es claramente negativa como se señala a continuación.

2. Uno de los grandes avances de la evaluación en los últimos años se ha centrado en la evaluación basada en la teoría del programa y no sólo en sus resultados. En gran parte de programas de contenidos sanitarios, ambientales o jurídicos en los que no se establecen objetivos conductuales, la importancia del psicólogo o la psicología son indudables también porque las variables que han de ser manipuladas como variables independientes son de naturaleza psicológica. Pongamos algún ejemplo. Cualquier programa de prevención tiene, indudables objetivos sanitarios que, generalmente, van en la línea de reducir algún parámetro epidemiológico. Sin embargo, con el fin de conseguir el cambio de la incidencia o prevalencia de algún tipo de enfermedad, siempre y cuando se pretenda lograrlo mediante lo que se ha venido en llamar "salud comportamental" (o en otras palabras hábitos o estilos de vida saludables) ha de lograrse también a través del cambio comportamental. Desde esta perspectiva, el psicólogo no sólo debe estar en la evaluación de los objetivos o efectos de aquellos programas comportamentales (o variables dependientes de los mismos) sino, también, siempre y cuando se manejen variables indepedientes o intervinientes psicológica (conocimientos, información, actitudes, adquisición de hábitos o, en otras palabras, respuestas emocionales, motoras o cognitivas). Como podemos examinar en la Figura 3, el programa "Póntelo, pónselo", que tiene por objetivos finales la reducción de indicadores epidemiológicos (la incidencia del SIDA y otras enfermedades venéreas, etc.) cuenta, en base a su teoría, con una serie de objetivos intermedios que requieren, también, evaluación (al menos, si se pretende hacer un trabajo riguroso).

3. Pero ahí no termina la importancia de la psicología y los psicólogos en el amplio ámbito de la evaluación de programas. Una de las más importantes funciones de la evaluación estriba en su utilización. En otras palabras en que sirva para el cambio (mejora del programa, cambio organizacional, etc.). Pues bien, como ha puesto de relieve Vedung en múltiples escritos (por ejemplo: Vedung, 1995; Fernández-Ballesteros, Seyfried y Vedung, en prensa), las principales teorías que versan sobre la utilización de la evaluación se basan en modelos psicológicos de aprendizaje o de cambio cognitivo.

Como conclusión de este apartado podríamos afirmar que los psicólogos están llamados a ejercer un importante papel en la evaluación de programas. Eso ocurre, realmente, en el mundo norteamericano en el que ocupan un papel realmente importante en la mayor parte de agencias de valoración tanto públicas como privadas (Fernández-Ballesteros, Vedung y Seyfried, en prensa). Pero, ¿quéocurre en España y en general, en el ámbito de la Unión Europea?. Veámos.

En España

Los psicólogos -y en concreto, los psicólogos evaluadores- han asumido un papel importante en la evaluación de programas en España, de hecho, gran parte de los trabajos sobre evaluaciones están firmados por psicólogos y, la evaluación de programas ha llegado a la Universidad en forma de cursos de licenciatura o, incluso de programas master o de doctorado.

Sin embargo, sin poder presentar datos que justifiquen la afirmación que voy a hacer, en la práctica, el trabajo del psicólogo valorador se ha reducido al ámbito de los servicios y programas sociales y de la educación. No parece que los psicólogos hayan entrado, todavía, como valoradores de programas sanitarios, ambientales o jurídicos. En otras palabras, están presentes en aquellos tradicionales ámbitos de actuación de la psicología (clínica, educativa o del trabajo).

Desde aquí, una llamada de atención ante este hecho y una incitación: el psicólogo evaluador debe ser muy consciente de su importancia en la construcción de la evaluación de programas en España, de la relevancia social de esta disciplina y de la importancia coyuntural que la evaluación de programas tiene a la hora de proceder al enjuiciamiento y la mejora de las acciones implantadas (con o sin financiación pública).

En la Unión Europea

La evaluación de programas ha entrado en el ámbito de la Unión Europea con una enorme vitalidad. En lo que va de década se han producido una serie de hechos que pueden probar esto que digo:

1. Desde la División de Presupuestos de la UE se ha venido impulsando la evaluación de los programas comunitarios (y no sólo la contabilidad o auditorías de los mismos) que se diseñan e implantan por países miembros al tiempo que se exige a las distintas Divisiones (prácticamente, los "ministerios europeos") que incorporen la evaluación de sus acciones. De hecho, en el Boletín de las Comunidades Europeas, pueden leerse convocatorias abiertas, desde todas las Divisiones, con el fin de captar evaluadores así como, también, concursos para optar a la evaluación de programas concretos .

2. A lo largo de lo que va de década, se han organizado decenas de reuniones y se han derivado decenas de documentos desde los que se perfila un modelo europeo de evaluación de programas (por ejemplo, European Comissiom, 1995). Tres tipos de evaluación se contempla desde el modelo propuesto por la Unión Europea (amén de la evaluación de necesidades): evaluación ex-ante, evaluación intermedia (también llamada también "monitoring") y evaluación ex-post (Fernández-Ballesteros, 1995a).

3. Impulsada por una primera Reunión de evaluadores europeos celebrada en La Haya en 1990, en 1993 se fundó una sociedad europea de evaluación de programas (European Evaluation Society) la cual edita un Boletín bi-anual y agrupa a un creciente número de evaluadores europeos (con escasísima presencia española).

4. En 1993, SAGE comienza a publicar la revista editada por Elliot Stern (de la Tavistock Clinic, Londres), Evaluation la cual se ha convertido en un importante órgano de difusión de la evaluación europea de programas.

Sin embargo, a pesar de que podríamos considerar floreciente la evaluación de programas en el ámbito de la Unión Europea, contrariamente a lo que sucede en USA o en Canada, la presencia de los psicólogos es mínima. Como señalaba recientemente (Fernández-Ballesteros, Evert y Seyfried, en prensa), el psicólogo está prácticamente ausente y la evaluación de programas se acerca más al control contable y la auditoría que a una verdadera evaluación de programas. La EFPPA (Federación Europea de Asociaciones Profesionales de Psicólogos) no parece que esté alarmada por ello o, ni siquiera, interesada. En mi opinión, el papel del psicólogo en el mundo de la evaluación de programas es importante —dado que supone un ámbito profesional— y su preocupante ausencia debería hacer reflexionar y, posteriormente, actuar a los responsables de las asociaciones profesionales de psicólogos.

ESTÁNDARES Y NORMAS EN EVALUACIÓN PSICOLÓGICA: ¿Reglamentísmo de fin de siglo?

La evaluación psicológica, como actividad humana, profesional y científica, conlleva una serie de tareas o acciones así como involucra a distintos tipos de colectivos implicados. A través de este siglo, se han dictado normas a la hora de normalizar esas tareas y actividades profesionales así como códigos deontológicos con el fin de que el psicólogo auto-regule su conducta.

En la Figura 4 se presenta el conjunto de siete grupos de tareas, de la que se derivan estándares o garantías así como audiencias implicadas en el amplio ámbito de la evaluación psicológica. Veamos brevemente esta cuestión.

1. A lo largo de este siglo distintas organizaciones han producido Estándares para la construcción de tests (APA, 1978, 1985). Se trata de normalizar qué garantías deben reunir los instrumentos de evaluación psicológica para ser consideradas herramientas científicas y ser adoptados por una comunidad profesional que pretende ser rigurosa. En este momento la Asociación Americana de Psicología está produciendo una última versión (revisión de las anteriores) que será editada y promulgada en breve y que, muy probablemente, va a ser adoptada por la mayor parte de asociaciones de psicología en el mundo.

2. Pero la construcción de tests es un punto de partida, los tests son productos científicos pero, también, comerciales que han de ser publicados y distribuidos con ciertas garantías. Por esta razón, en algunos países, se han promulgado normas para la venta y distribución de tests que tratan de evitar su mal uso y, en definitiva, el intrusismo profesional. Distintos países han decidido la adopción de criterios a la hora de la renta y distribución de tests; España no ha tomado decisiones a este respecto y ello entraña una asignatura pendiente.

3. Los instrumentos de evaluación suele ser construidos desde una específica cultura pero, frecuentemente, son traducidos y adaptados a otras. Este proceso de traducción a otras lenguas o adaptación a otras culturas ha sido también regulado, recientemente, por la International Tests Commission con el concurso de una serie de organizaciones internacionales (ver, por ejemplo, Hambleton, 1994, ver también Muñiz, 1997).

4. Los tests y otros instrumentos de medida en psicología tienen diversos grados de dificultad y, por tanto, requieren distintos niveles de formación. Un problema importante, reside en la regulación de la utilización de los tests donde se involucran los derechos de los psicólogos (al serlo) y la necesidad de cualificación para aplicar los tests y otros instrumentos de medida. Con el concurso internacional la International Test Commission está procediendo a regular este ámbito que parece de extraordinaria importancia. (por ej.: Bartram, 1995).

5. Los clientes o usuarios de la evaluación tienen también sus derechos; dos son los tipos de regulación sobre este tema: de un lado, los Códigos Deontológicos profesionales agrupan normas éticas para regular el auto-control del profesional que en su relación con el cliente está comprometido a una serie de actuaciones, de otro lado, las asociaciones de ciudadanos han planteado también sus derechos como usuarios de los tests (Fremer, 1997). Sin embargo, en España no existe regulación alguna a este respecto.

6. Ligado con el punto anterior se encuentran las normas deontológicas que implican el comportamiento del psicólogo durante el proceso de evaluación y la información de resultados de la evaluación y que comprende un apartado importante en este tipo de códigos (por ejemplo, COP, 1988).

7. Finalmente, todo lo dicho hasta aquí (con excepción del punto 6) no entraña ni más ni menos que aspectos ligados a la construcción, distribución, adaptación y utilización de tests. Sin embargo, como se ha tratado de expresar en la Figura xx, evaluación psicológica se lleva a cabo mediante un proceso de toma de decisiones a través del cual el psicólogo solicita información, se plantea hipótesis sobre el caso, selecciona y decide utilizar una serie de instrumentos de evaluación y llega a unas conclusiones de las que se derivan orientaciones, intervenciones, desplazamientos, etc. relativos al caso de evaluación. Este proceso ha sido ampliamente investigado desde múltiples perspectivas (resolución de problemas, toma de decisiones, sistemas de experto, etc.) y en múltiples contextos aplicados (clínico, orientación vocacional, selección, etc.). La investigación existente permite una propuesta de normalización del proceso y, por ello, la EAPA —auxiliada por una serie de organismos internacionales- esta involucrada en el desarrollo de unas Guidelines for the Assessment Process que, presumiblemente, podrían ser publicadas en el año 2000.

Juzgue el lector si la producción de todas estas normas mejorara la enseñanza y la práctica de la evaluación psicológica, los diversos especialistas involucrados en todas ellas así lo consideran y, desde luego, con todas ellas se entra en el Siglo XXI, con un bagaje normativo aparentemente sólido.

Bibliografía

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Bartram, D. (1995): The Development of Standards for the Use of Psychological Tests in Occupational Settings: The Competence Approach. The Psychologist, May, 219-223.

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Cohen, R.J. et al. (1996): Psychological Testing and Assessment. London: Mayfield Pub. Co.

COP (1988): Código Deontológico del psicólogo.Evaluación Psicológica/Psychological Assessment, 4: 113-122.

COP (1992): Libro de Ponencias: Congreso Iberoamericano de Psicología. Madrid: Colegio Oficial de Psicólogos.

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  Figura 1.    Fuente S de inter-estudios de la amplitud del efecto de la varianza por término medio sobre 300 meta-análisis
  Figura 2.    Fuente S de inter-estudios de la amplitud del efecto de la varianza por término medio sobre 300 meta-análisis
  Figura 3.    Teoría del programa "póntelo-pónselo"
  Figura 4.    Taréas , garantías y sujetos implicados en la evolución