Regresar a la Portada
NÚMEROS ANTERIORES
BÚSQUEDA

Todas las palabras Alguna palabra

 
 
 
Junio , nº 70 , 1998 Copyright 1998 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

LA PSICOLOGÍA Y LOS GRUPOS

Sabino Ayestarán

Universidad del País Vasco

Se describe la evolución de la Psicología de grupo en España como un proceso de integración de la dimensión socio-emocional del grupo con la dimensión de la tarea. Los grupos centrados en las personas tienden a reforzar el polo de la identificación grupal, mientras los grupos centrados en la tarea tienden a reforzar el polo de la interacción. Los equipos de trabajo permiten una integración de los procesos de identificación e interacción a través de la integración de la competición con la cooperación. Esta doble integración permite trasformar la identificación grupal, entendida como dependencia, en identificación grupal, entendida como interdependencia.

The evolution of group psychology in Spain is described as a process of the integration of the social-emotional dimension of the group with the dimension of the errand. Those groups that centre on people tend to reinforce the pole of group identity, while those groups that centre on the errand, tend to reinforce the inter-actional pole. Work groups allow an integration of the identificational and inter-actional processes through the usage of competition alongside co-operation. This double integration allows to transform the groups’ identity, understood as dependence, into group identity, understood as inter-dependence.

[ Imprimir ]  

Correspondencia: Sabino Ayestarán. Departamento de Psicología Social y Metodología. Universidad del País Vasco. Avenida de Tolosa, 70. 20009 San Sebastián (Guipúzcoa). España. Tel.: 943 448000. Fax.: 943 311055. E.- Mail: pspayets@sc.ehu.es

El objetivo de este trabajo es describir la evolución de la Psicología de los grupos en España en los últimos años. Ha habido evolución tanto en relación a las áreas de aplicación como en relación a los modelos explicativos de los fenómenos grupales.

La teoría psicosocial del grupo

Para explicar esta evolución utilizaré la teoría psicosocial del grupo (Ayestarán, Martínez-Taboada y Arrospide, 1996), elaborada a partir de tres procesos: Interacción, Identificación y Distribución del poder en el grupo.

Proceso de la Interacción Socia en el grupo:

La Interacción social en el grupo consiste en el intercambio de percepciones, ideas, sentimientos y proyectos que permite a los miembros del grupo construir percepciones, ideas, sentimientos y proyectos compartidos.

El proceso de la Distribución del Poder en el grupo:

La Interacción social tiene efectos diferentes sobre el grupo y sus relaciones con otros grupos según sea el proceso de distribución del poder en el grupo: En el caso de una alta jerarquización intragrupal, la interacción social conduce al reforzamiento de la identidad social del grupo y al reforzamiento del conflicto intergrupal. En cambio, en el caso de baja jerarquización intragrupal, la interacción social conduce a una permanente redefinición de las creencias, valores, sistemas de comunicación y normas de comportamiento. Se acentúa el conflicto individuo-grupo. Se cuestiona la identidad del grupo. Se favorece la definición y clarificación de las identidades personales, a través de procesos de comunicación que acentúan el intercambio de percepciones, ideas, sentimientos y proyectos individuales. Los conflictos interpersonales son el resultado de la competición por controlar el grupo. El aprendizaje en el manejo de estos conflictos intragrupales constituye el instrumento básico para el desarrollo de la identidad personal de los individuos.

El proceso de la Identificación Grupal:

Consiste en la autoidentificación de los miembros del grupo con las propiedades psicosociales que definen al grupo psicológica y socialmente. Los grupos institucionales tienen una identidad grupal, definida en términos de creencias, valores, sistema de comunicación y normas de comportamiento. Estos grupos tienen una historia anterior a la interacción interpersonal y los miembros del grupo, al integrarse en él, se ven obligados a asumir como propias las características que definen la identidad grupal. El reforzamiento de la identidad social supone la dependencia de los individuos con respecto al grupo. Sin embargo, cuando se introduce una fuerte competición interna en el grupo, sus miembros tienen la oportunidad de aprender a resolver de una manera constructiva los conflictos internos del grupo y acceder a una cooperación que desembocará en la conciencia de interdependencia. (figura 1).

La dialéctica entre interacción e identificación

Cualquier grupo humano tiene que mantener su identidad, pero, al mismo tiempo, debe responder a las demandas del entorno y facilitar el crecimiento personal de sus miembros. Cuando acentúa el polo de la identificación, el grupo favorece la aparición de conductas de no confrontación entre sus miembros. La cohesión grupal adopta entonces la forma de la identificación con los objetivos del grupo. Este tipo de cohesión no soporta bien las diferencias entre los individuos y tiende a uniformar sus pensamientos y sus comportamientos, lo que supone un funcionamiento colectivista con pérdida de creatividad, de iniciativa y de capacidad de respuesta a las demandas del entorno por parte del grupo. Aumenta la probabilidad de que las decisiones tomadas en grupo sean erróneas.

Cuando el grupo favorece la interacción entre sus miembros y permite el cuestionamiento de los objetivos, de los valores y de las normas de funcionamiento del grupo, facilita la aparición del conflicto tanto interpersonal como grupal y refuerza la identidad personal de sus miembros.

Dentificación como dependencia e identificación como interdependencia

En los años 90, la Psicología aplicada de grupo se ha ido desplazando hacia los Equipos de trabajo. Se sigue utilizando el grupo, y mucho, en el área de la salud y en el área de la psicología comunitaria, pero, en los años 90, se ha ampliado su campo de aplicación a la psicología del trabajo. Ésta ha sido la evolución más clara en la Psicología de grupo de los años 90. Pero esta evolución en el campo de la psicología aplicada viene acompañada de una evolución teórica importante en la conceptualización de las relaciones Individuo-Grupo. Se ha pasado del concepto de identificación como dependencia a una concepción de la identficación grupal como interdependencia. El grupo no se construye a partir de la identificación de los sujetos con los objetivos, con los valores y los sistemas de comunicación del grupo (los sujetos no asumen un pensamiento grupal preexistente, lo que conduciría a la identificación como dependencia), sino a partir de la conciencia que adquieren los miembros del grupo de que cooperando consiguen mejor encontrar una respuesta a sus intereses personales (los sujetos construyen un pensamiento grupal y un objetivo común que ayuda a todos a alcanzar sus objetivos personales). El paso de la concepción de la identificación grupal como dependencia a la concepción de la identificación grupal como interdependencia supone otro cambio teórico: la integración de los procesos de competición y cooperación. La cooperación no excluye la competición interna, siempre que, en la competición, todos los miembros del grupo pongan sus conocimientos al servicio de los objetivos del grupo.

Las Nuevas Tecnologías y la creación de equipos de trabajo

La distinción entre grupos centrados en los procesos cognitivos y emocionales de las personas y grupos centrados en la tarea es una distinción que proviene de los clásicos de la psicología de los grupos. Sin embargo, esta distinción ha sido perjudicial para el desarrollo de la psicología de los grupos dentro de la psicología social. Mientras la psicología académica se centraba en el estudio de los procesos de la interacción y de la identificación, la Psicología aplicada de los grupos ha estado excesivamente ligada a los grupos de Terapia y a los grupos de Autoauyuda y de Apoyo. Tal como predijeron Levine y Moreland (1990), la psicología de los grupos comenzó a desarrollarse, en los últimos años, fuera de la psicología social y, concretamente, en el marco de la psicología de las organizaciones.

En España, como en el resto del mundo, se ha dado un evolución en la Psicología del grupo en la dirección de un mayor interés por los equipos de trabajo. Trabajar en equipo significa crear nuevos conocimientos sobre los procesos laborales y sobre los procesos psicosociales, con miras a la mejora de estos mismos procesos (Mankin, Cohen y Bikson, 1996; Moreno y González, 1996; González de Chávez García, 1994). La creación de nuevos conocimientos se realiza a través de tres procesos psicosociales.

1. Participación de todos. Todos los miembros del equipo tienen experiencia del proceso que se trata de mejorar. Todos los conocimientos son válidos y tienen que ser tomados en consideración.

2. La construcción de un objetivo compartido, capaz de integrar los diferentes intereses personales de los miembros del equipo. Dicha construcción supone aprender a pensar a partir de las aportaciones de todos. La técnica de los equipos consiste en analizar y clasificar las aportaciones de todos los miembros y buscar un objetivo a partir de las aportaciones de todos.

3. Integración de ideas opuestas, lo que se consigue profundizando sobre las ideas aportadas y tratando de relacionar ideas aparentemente opuestas.

La informática permite recoger las ideas producidas por el equipo, acumular las aportaciones de diferentes equipos, clasificar y analizar las ideas con miras a la búsqueda de soluciones capaces de aportar una mejora de los procesos. En este sentido, las tecnologías de la información son inseparables del trabajo en equipo.

Por otra parte la telemática permite el trabajo de equipo a distancia. El trabajador está menos ligado a un lugar y más ligado a una metodología de trabajo en equipo (Peiró, Prieto y Zornoza, 1993).

El trabajo en equipo permite superar la distinción entre grupos centrados en las personas y grupos centrados en la tarea, de la misma forma que permite superar la oposición entre competición y cooperación. La competición intragrupal no excluye la cooperación, ni la identificación con el grupo supone reducción de la competición interna. Aquí se pasa de una concepción de la identificación grupal como dependencia del grupo a una identificación grupal considerada como interdependencia real entre los miembros del grupo.

En el caso de los equipos de trabajo cobra pleno sentido la hipótesis de la covariación de Deschamps (1996): cuanto más fuerte es la identificación de los miembros con su grupo, más importante es la diferenciación interindividual dentro del mismo grupo. Cuanto más se identifiquen los sujetos con el objetivo del grupo, tanto más se acepta la competición interna, porque esta competición interna favorece el crecimiento del grupo. Esto se relaciona también con el mecanismo grupal del "Primus inter pares" descrito por Codol.

La integración de la competición y la cooperación en el grupo nos llevará a conceptualizar de otra forma las relaciones entre lo intragrupal y lo intergrupal: el aumento de la competición intragrupal no va a suponer necesariamente reducción de la competición intergrupal, ni el aumento de la competición intergrupal va a suponer reducción de la competición intragrupal.

La evolución de la Psicología de grupo en España en relación a las Áreas de Aplicación

A partir de la base de datos PSICODOC’97, hemos elaborado el siguiente cuadro referente a las publicaciones en las diferentes áreas de la Psicología de grupo (cuadro 1)

Los grupos centrados en las personas

Las técnicas grupales de psicoterapia, en sus diferentes orientaciones teóricas y técnicas, tienden a reforzar el polo de la identificación grupal. Fomentan la interacción entre los miembros del grupo, pero se refuerzan solamente aquellas interacciones que favorecen el desarrollo de los valores terapéuticos. Los valores y normas de funcionamiento grupal están preestablecidos. El terapeuta trata de orientar el grupo hacia un funcionamiento que sea realmente "terapéutico".

Inicialmente, el poder radica en el terapeuta, pero, a medida que avanza la terapia, los miembros del grupo participan más en la gestión de los procesos de grupo.

Muchas de las terapias llamadas grupales son, en realidad, terapias realizadas en grupo, en el sentido de que utilizan el grupo como caja de resonancia, fuente de refuerzos, de apoyo emocional y de modelos de imitación. No se establece ninguna relación entre la evolución psicológica de los miembros del grupo y la evolución de los procesos de grupo. Esto se puede afirmar, de manera especial, respecto a los grupos psicoanalíticos y respecto a los grupos de orientación humanística. No es, sin embargo, del todo cierto respecto a los grupos de terapia breve.

El grupoanálisis es el modelo terapéutico grupal que trata de relacionar los procesos psicológicos individuales con los procesos sociales del grupo (Martínez Azumendi, 1990; Campos, 1990; Roldán, 1990). Se parte de la idea de que los síntomas provienen de bloqueos en los sistemas de comunicación entre cada individuo y los demás, que acaban convirtiéndose en bloqueos intrapsíquicos. Lo social es anterior a lo personal. La terapia consiste en cambiar el sistema de comunicación social para transformar el diálogo intrapsíquico. Por lo mismo, el crecimiento personal tiene una doble dimensión:

- Vertical: dimensión intrapsíquica. Es la definición de la identidad personal, la desculpabilización y la asunción de la propia responsabilidad.

- Horizontal: Dimensión interpersonal y grupal. Es la definición de las pautas de comunicación y del rol que juega cada uno en el grupo.

El cambio cultural que se opera en los grupos grupoanalíticos conduce a un reforzamiento de la identidad personal a través de los siguientes mecanismos:

Un sistema de comunicación más abierto a las experiencias que los sujetos viven en los grupos sociales, lo que facilita la transferencia de los aprendizajes realizados en el grupo terapéutico a los grupos sociales.

Un estilo más activo en el manejo de los conflictos, tanto de los conflictos que surgen entre los miembros del grupo como de los conflictos que surgen entre éstos y los valores, objetivos y normas de funcionamiento que definen la identidad social del grupo. El paso del estilo pasivo al estilo activo en el manejo de los conflictos significa el abandono gradual de los estilos de evitación y conformidad y acentuación de los estilos de compromiso, competición y cooperación.

La adopción de nuevos roles, diferentes a los utilizados por los miembros del grupo en sus grupos sociales.

El cambio estructural que se opera en los grupos grupoanalíticos se traduce en una mayor participación de los miembros del grupo en la gestión del grupo. Sin embargo, esta descentralización del poder en el grupo es limitada porque la presencia del terapeuta mantiene en el grupo una asimetría de poder que es insuperable en los grupos terapéuticos.

En resumen, los grupos terapéuticos, incluso los de orientación grupoanalítica, mantienen una gran dependencia del grupo. La razón fundamental es que su objetivo es propiciar el crecimiento de las personas, reforzar su identidad personal, pero evitando la competición interpersonal que necesariamente, al no tener una tarea objetiva que realizar, se establecería en torno a las clásicas dimensiones del amor y del poder. En ausencia de una tarea objetiva, la competición interpersonal se traduce en las siguientes preguntas: ¿Quién es mejor? ¿Quién tiene más poder? ¿Quién es más querido? Esta competición se da inevitablemente en los grupos centrados en las personas, pero el terapeuta tiene que compensarla con preguntas que favorecen la cooperación: ¿Quién escucha mejor? ¿Quien percibe mejor las necesidades ajenas? ¿Quién está más dispuesto a ayudar a los demás? En los grupos centrados en las personas, la competición interpersonal se opone realmente a la cooperación.

Los grupos centrados en la tarea

En los equipos de trabajo existe una tarea objetiva: mejorar la calidad de los procesos de trabajo. La competición se establece en torno a los conocimientos que puede aportar cada uno para realizar la tarea común. Todos los miembros del grupo ponen en común los conocimientos que tienen. Una vez aportadas las ideas, el grupo las clasifica y las analiza sin atribuirlas a nadie en particular. Son ideas del grupo en su conjunto. De la misma forma, cuando se llega a una discusión entre ideas diferentes, no se trata de decidir cuál de ellas es la buena, sino que se trata de profundizar en las ideas confrontadas hasta encontrar entre ellas una relación que nos permita integrarlas en una idea superior. A la hora de tomar decisiones, se evita cualquier votación que desemboque en mayorías y minorías. Hay que lograr el consenso. Para ello, una vez más, no hay otro camino que buscar entre las diferentes propuestas presentadas alguna relación que nos permita integrarlas.

La competición se establece en torno a una tarea que interesa a todos. Aquí se puede competir porque la competición beneficia a todos. Esta competición no supone ataque alguno a las personas y puede coexistir con la cooperación. La competición interpersonal, en términos de quién es mejor, quién tiene más poder, quién es más querido, ni siquiera es planteada abiertamente. Los conflictos interpersonales se dejan en estado latente y no se abordan directamente. Se ponen entre paréntesis. Esta es la forma de trabajar en equipo de los ingenieros, economistas y técnicos de empresa.

Pero no es posible ignorar los conflictos interpersonales indefinidamente. Los conflictos latentes, con una fuerte carga emocional, perjudican la actividad racional de los equipos de trabajo, como ya lo vieron hace mucho tiempo tanto Lewin como Bion.

Aquí es donde los psicólogos podemos aportar algo que es importante para el éxito de los equipos de trabajo: integrar el análisis de los procesos laborales con el análisis de los procesos grupales e individuales (Alcover de la Hera, 1998).

Al haber separado el estudio de los grupos centrados en las personas del estudio de los grupos centrados en la tarea y haber orientado la psicología de grupo a los grupos centrados en las personas, hemos abandonado un terreno extremadamente importante para el desarrollo y cambio de las organizaciones y para el crecimiento personal de los trabajadores.

Conclusión

La psicología social, hoy, en España, intenta recuperar un campo de trabajo para el que está preparada mejor que algunos que provienen de otras titulaciones. La misión del psicólogo en el campo de los Equipos de trabajo es integrar el cambio organizacional, el cambio grupal y el cambio individual. El cambio no puede darse en un plano sin que repercuta inmediatamente en los otros dos planos. Sería fácil desarrollar esta idea desde una perspectiva sistémica, pero no es el objetivo de este trabajo.

A medio plazo, esto supondrá un avance profesional de la Psicología en España y una nueva forma de abordar los temas básicos de la psicología de grupo como la competición, cooperación, dependencia , interdependencia, identidad social e identidad personal.

Bibliografía

Alcover de la Hera, C. M. (1998). Influencias del tiempo y de la pertenencia sobre la eficacia de los equipos de trabajo. Madrid: Dykinson, S. L.

Ayestarán, S., Martínez-Taboada, C. y Arrospide, J. (1996). La teoría psicosocial del grupo. En S. Ayestarán (Ed). El grupo como construcción social. Barcelona: Plural Ediciones.

Blake, R. (1993). El trabajo en equipo. Bilbao: Ediciones Deusto.

Campos, J. (1990). Grupoanálisis de quinta generación. Clínica y Análisis grupal, 12, (55), 426-428.

Deschamps, J.-C. (1996). Las relaciones entre identidad social e identidad personal. En J.F. Morales, D. Páez, J.-C. Deschamps y S. Worchel. Identidad social. Aproximaciones psicosociales a los grupos y a las relaciones entre grupos.Valencia: Promolibro.

González de Chávez García, A. (1994). Mejora del rendimiento: Rediseño de procesos y gestión del cambio. Capital Humano, 72, 56-59.

Levine, J. M, y Moreland, R. L. (1990). Progress in small group research. Annual Review of Psychology, 41, 585-634.

Mankin, D. Cohen S. G. y Bikson, T. K. (1996). Teams and Technology. Boston: Harvard Business School Press.

Martínez Azumendi, O. (1990). El concepto de Matriz en el Grupoanálisis. Clínica y Análisis grupal, 12, (55), 407-424.

Moreno, J. y González, C. (1996). Trabajar en equipo. En busca de la eficiencia. Capital Humano, 93, 48-54.

Peiró, J. M., Prieto, F. y Zornoza, A. M. (1993). Nuevas tecnologías telemáticas y trabajo grupal. Una perspectiva psicosocial. Psicothema, 5, Suplemento, 287-305.

Roldán, G. (1996). Grupoanálisis en comunidad terapéutica con drogodependientes. Clínica y Análisis grupal, 18, (72), 235-240.

  Figura 1.    El modelo Psicosocial del grupo
  Cuadro 1.    Número de publicaciones españolas en las diferente áreas de la Psicología aplicada de grupo