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Junio , nº 82 , 2002 Copyright 2002 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

LA DÉCADA 1989-1998 EN LA PSICOLOGÍA ESPAÑOLA: UN ANÁLISIS DE LA INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA SOCIAL

Amalio Blanco y Luis De la Corte

Universidad Autónoma de Madrid

Este trabajo realiza una exploración pormenorizada de la producción de investigación y teoría sobre psicología social en el contexto español. Las áreas fundamentales de investigación son: psicología del trabajo y las organizaciones, psicología social de la salud, psicología comunitaria y de los servicios sociales, investigación en medio ambiente, psicología jurídica y política, teoría y metateoría psicosocial, psicología social del lenguaje, investigación sobre emoción, procesos grupales e identidad social. Como conclusiones cabe destacar la importancia creciente de la psicología social en el entorno de la psicología española, la vinculación con problemas sociales específicos del contexto nacional y la paradójica escasa originalidad de las perspectivas teóricas y de investigación pujantes, fuertemente influidas por los patrones de la psicología social anglosajona.

In this study, a detailed exploration is carried out of the production of research and theory in social psychology in the Spanish context. The main research areas are: Work and organizational psychology, social health psychology, community and social services psychology, environmental research, judicial and political psychology, psycosocial theory and meta-theory, social psychology of language, research on emotion, group processes and social identity. The growing importance of social psychology within the framework of Spanish psychology is emphasized, and the relation with specific social problems from the national context, and the paradoxically scarce originality of the theoretical perspectives and the leading research, strongly influenced by Anglo Saxon social psychology, is commented upon.

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Correspondencia: Amalio Blanco, Facultad de Psicología. Departamento de Psicología Social y Metodología. Universidad Autónoma de Madrid. Ciudad Universitaria de Cantoblanco. 28049 Madrid. España. E-mail: amalio.blanco@uam.es

Aunque no sea el propósito primordial de este trabajo, creemos pertinente traer a colación, una vez más, la hipótesis lewiniana de la "ampliación del objeto" para defender una concepción de la Psicología social como una peculiar manera de abordar el estudio de asuntos que han venido despertando el interés de la humanidad desde tiempo inmemorial: el amor, el altruismo, la agresión, el poder, etc. Lo psicosocial como un conjunto de conceptos y de teorías propias, como una manera de abordar los temas de siempre echando mano de lo interactivo, lo interdependiente y lo relacional como procedimiento de análisis. Definitivamente, y acudiendo para ello a la que probablemente sea la hipótesis más distintiva de Vygotski (y así aprovechamos para reivindicarlo como marco de referencia para nuestra disciplina), los fenómenos psicosociales son fenómenos mediados.

Fue, por cierto, el propio Vygotski quien muy al comienzo de El significado histórico de la crisis en Psicología, planteó la idea de que el desarrollo y el ocaso de las teorías y de los conceptos se explica en su conexión con el sustrato sociocultural de la época, con las leyes y condiciones del conocimiento científico y con las exigencias que plantea la naturaleza de los fenómenos que se estudian; una idea que ha acabado por acumular un importante aval en la Sociología del conocimiento. Ése es precisamente el marco en el que se instala la actual historiografía (ver en Rosa, Huertas y Blanco, 1996 un excelente ejemplo): la Psicología, y la social por partida doble, es una práctica social que se lleva a cabo dentro de un contexto. Y el que enmarca la investigación psicosocial española llevada a cabo en esta última década tiene tiene su punto de partida en el contexto de orfandad intelectual que sobrevino a raíz guerra civil (1936-1939), que convirtió el panorama científico español en un erial. Habrá que esperar hasta la década de los sesenta para presenciar en la escena psicosocial la presencia moderada de tres temas de investigación de amplia tradición: el estudio de las actitudes, del comportamiento grupal y de los medios de comunicación de masas (Blanco, 2000), y nada menos que hasta 1980 para asistir al primer contacto con la Psicología social europea. Será en el "Primer Encuentro sobre Situación y Perspectivas de la Psicología social en España", organizado por Silverio Barriga y celebrado en Barcelona en colaboración con el "Laboratoire Européen de Psychologie Sociale de la Maison des Sciences de l’Homme", dirigido a la sazón por Serge Moscovici. Orfandad y aislamiento, ése ha sido nuestro sino.

Pero no son éstos los únicos antecedentes de la década que acaba de expirar. La investigación psicosocial española de hoy sería incomprensible sin el espectacular crecimiento de la demanda de los estudios de Psicología acontecida en España desde mediados de los setenta, que estuvo acompañado de la masiva incorporación de docentes en las materias de este área de conocimiento; sin el contexto legal definido por la Ley de Reforma Universitaria de 1983, que consolidó la posición de un importante contingente de profesores universitarios dedicados, prácticamente en exclusividad, a la docencia y a la investigación (en la fecha límite de la actual revisión -1999-: 34 catedráticos de Universidad, 127 profesores titulares de Universidad, 9 catedráticos de Escuela Universitaria y 22 profesores titulares de Escuela Universitaria); sin la sensibilidad institucional para adecuarse a los nuevos signos de los tiempos, a las nuevas necesidades sociales, a los requerimientos del mercado de trabajo, tal y como se ha puesto de manifiesto en la profunda renovación de los planes de estudio llevada a cabo en esta última década; sin el impulso, importante pero insuficiente, que los poderes públicos comenzaron a conceder a la investigación a partir de los ochenta.

ÁREAS TEMÁTICAS Y LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN TEMÁTICAS

Éstos son, pues, los contornos que enmarcan este trabajo; y es necesario que los tengamos muy en cuenta, porque cabe la posibilidad de perfilar una historia de la Psicología social en España en términos no del todo coincidentes con los que aquí estamos manejando. Ya lo hicieron en su momento Pinillos (1965), y sobre todo Jiménez Burillo (1976) quien, en un trabajado artículo, dejó perfectamente sentadas las bases (quizás excesivamente atadas a la peripecia biográfica) para trazar la historia de la Psicología social en nuestro país cuyo espectacular crecimiento ya dejó anticipado al final de su trabajo: "El rápido desarrollo de las ciencias sociales en nuestro país, así como la ya sólida instalación de nuestra disciplina en el marco universitario permiten vaticinar el inicio de una tercera etapa en la que quizás asistamos al despliegue de la Psicología social española en busca de más ambiciosos objetivos" (Jiménez Burillo, 1976, p. 264). Esa es precisamente la etapa en la que vamos a centrar nuestro análisis.

Y cuando abordamos directamente la producción psicosocial en la década de los noventa echando mano de la metodología minuciosamente descrita en el artículo de Juan Fernández (utilización de las bases de datos internacionales MEDLINE, PSYCLIT, ERIC y COP), llama poderosamente la atención la amplitud de intereses de investigación que se han desarrollado desde la etiqueta de Psicología social: 23 tradicionalmente relacionados con esta disciplina y 6 de carácter más transversal (ámbitos de aplicación afines), tal y como queda reflejado en la Tabla 1.

Se trata de unos intereses que: a) corroboran una concepción de lo psicosocial decididamente alejada de la territorialidad (la Psicología social como una disciplina caracterizada por el estudio de un conjunto de temas que le son distintivos) y apostada en la distintividad de conceptos y niveles de análisis; b) tienen un nivel de generalidad que supera con creces el de línea de investigación que estamos manejando en este monográfico de acuerdo con las directrices fijadas en el artículo de Juan Fernández. De hecho, cada una de estas áreas temáticas encierra varias líneas de investigación; c) el título de cada una de ellas, especialmente de las más representativas (Psicología del trabajo y de las organizaciones, Psicología de la salud, Psicología comunitaria, Psicología ambiental, Psicología jurídica y Psicología política), indica que nos hallamos frente a áreas cuyos contenidos pueden erigirse, y así lo han hecho en algunos ámbitos académicos, en verdaderas especialidades de formación; d) parece posible establecer, dentro de la áreas temáticas estrictamente psicosociales, una doble distinción: unas rayan con la inevitable vocación aplicada de la Psicología social (Psicología del trabajo y de las organizaciones, Psicología de la salud, Psicología comunitaria, Psicología ambiental, etc.), mientras que otras rinden culto a grandes tradiciones teóricas y de investigación básica dentro de la nuestra disciplina (hablamos de los procesos de influencia social, del estudio del comportamiento grupal, la identidad social, las bases sociales de la emoción o el interés cada día más creciente por la reflexión teórica y metateórica; e) en último término, estos datos muestran la necesaria interconexión entre lo básico y lo aplicado en la investigación psicosocial; más aún, muestran cómo lo básico y lo aplicado no son más que dos caras de una misma moneda, dos maneras de referirse a una misma realidad.

Si tomamos como referencia las 23 áreas temáticas más estrictamente ligadas a la Psicología Social, el panorama de la década que acaba de finalizar quedaría reflejado en la Tabla 2.

Éstos son los contornos temáticos y los intereses de investigación que definen y caracterizan a la Psicología social española. Y para corroborarlo basta que echemos una ojeada a la Tabla 3 en la que se reflejan, agrupadas por temáticas, las ponencias y comunicaciones presentadas en los últimos cinco Congresos Nacionales de Psicología Social. Si exceptuamos el tema educativo, objeto de un tratamiento diferencial en este monográfico (ver artículo de Sánchez-Miguel y García-Sánchez), las siete áreas con más presencia en los últimos Congresos son perfectamente coincidentes, prácticamente en el mismo orden, con las líneas de investigación que han resultado en la Tabla 2.

Pero no todas las áreas temáticas van a ser objeto de atención en esta revisión. En algunos casos será debido a su escasa representación (Psicología transcultural y medios de comunicación de masas), y en otros, porque las líneas de investigación se cruzan unas con otras, se entrelazan dentro de un contexto de interdependencia temática. Éste sería el caso de la Historia de la Psicología social que quedaría subsumida en la de teoría y método, el de los procesos psicosociales y género que se reduciría en gran medida a la identidad de género; otro tanto acontece en el ámbito de los estereotipos, atribución y representaciones sociales que está dando cobertura teórica a los procesos grupales, a las investigaciones sobre salud y a los estudios sobre identidad. El conflicto y la negociación se han investigado en el panorama psicosocial español preferentemente en el ámbito del trabajo y de las organizaciones, mientras que la violencia y la agresión lo han hecho dentro del marco comunitario, que además es donde habitualmente se han incluido los estudios sobre calidad de vida. Todo ello nos reduce el panorama a las áreas temáticas que comentamos a continuación.

Psicología del Trabajo y de las Organizaciones

Como puede observarse en la Tabla 1, la primera y más amplia área de investigación remite al ámbito de la Psicología del trabajo y de las organizaciones. Se trata de un área "que ha experimentado un fuerte desarrollo en nuestro país durante la década de los noventa [...] que aunque no exento de desequilibrios, tensiones, insuficiencias y desajustes [...] es el mayor producido en todo el siglo XX" (Peiró y Munduate, 1999, p. 372). Las primeras líneas de investigación han sido desarrolladas por un importante equipo de la Universidad de Valencia bajo la dirección de José Mª Peiró. En primer lugar, hay que señalar sus investigaciones vinculadas al más estricto ámbito de las organizaciones, donde es posible reconocer dos líneas clásicas: una sobre la satisfacción laboral (Gracia, Ramos y Peiró, 1996), con especial atención a los profesionales de la salud (Peiró, González, Zurriaga, Ramos y Bravo, 1990; Zurriaga, Bravo y Peiró, 1990), y otra sobre la gestión organizacional, sobre la gestión de instalaciones deportivas y de organizaciones de servicios turísticos más en concreto (Ramos, Peiró y González, 1993; Peiró y Ramos, 1995, Peiró, Ramos, González, Rodríguez, Tordera y Martínez-Tur, 1997). A ellas hay que añadir el estudio del estrés laboral, donde la mirada de los investigadores se vuelve también sobre ámbitos directa o indirectamente vinculados con la salud (Gil-Monte, Peiró y Valcárcel, 1996; Gil-Monte y Peiró, 1998), la prevención de riesgos laborales, donde cabe destacar la línea de investigación de José Luis Meliá (Meliá, Arnedo y Ricarte, 1996; Meliá, Sospedra y Rodrigo, 1994). En otros casos, se intenta vincular con un fenómeno social novedoso como es el de la implantación de las nuevas tecnologías (Prieto, Zornoza y Peiró, 1997), donde es preciso mencionar el trabajo llevado a cabo por Alberto de la Torre en la Universidad de Salamanca (De la Torre, 1997, 1998).

Vinculadas al problema del empleo y el desempleo, cuya obra de referencia sigue siendo la de Blanch (1990, 1997), el área de Psicología del trabajo y de las organizaciones abunda en otras tres líneas de investigación, principalmente interesadas todas ellas en las consecuencias que arrastra el desempleo para la población juvenil. Estos trabajos parecen reconocer que, según una diversidad de índices fiables, el desempleo, incluso en los jóvenes, acarrea ciertos deterioros en el bienestar psicológico (Garrido Luque y Alvaro, 1992; Alvaro, 1992; Blanch y Salleras, 1990; Hontangas, Moret, Peiró y Balaguer, 1990). Ha sido también constatado por algunos de estos investigadores que existe una diversidad de características psicológicas personales (estilo atribucional, autoimagen, tendencia a la comparación social, repertorio de actividades cotidianas, etc.) que podrían estar condicionando la probabilidad o disponibilidad de acceso al empleo de los jóvenes (Blanch y Salleras, 1990).

El amplio campo de la eficacia organizacional (Fernández-Ríos y Sánchez-García, 1997) acoge una línea de trabajo que ha abordado José Mª Prieto en la Universidad Complutense de Madrid centrada en el estudio de procedimientos de evaluación de puestos y tareas, reclutamiento, selección y formación de personal y evaluación del rendimiento (Prieto, 1993), con especial atención al ajuste de la persona al puesto y al papel de las diferencias individuales que se derivan de la edad y envejecimiento del personal en los entornos laborales (Forteza y Prieto, 1994), y a las implicaciones de las nuevas tecnologías de la información en los procesos de evaluación del personal (Prieto y Simón, 1997). A este último tema ha dedicado una línea de investigación Jesús Salgado, de la Universidad de Santiago de Compostela, en la que, además de desarrollar el "Inventario de Personalidad Cinco Factores" (Salgado, 1998), ha mostrado cómo dos de los grandes factores de personalidad (conciencia y estabilidad emocional) predicen el rendimiento en el trabajo en cualquier ocupación (Salgado, 1997, Salgado y Rumbo, 1997).

Pero no podemos concluir esta primera área temática sin la referencia a otras dos líneas de investigación: el estudio del conflicto y de la cultura organizacional. El primero ha sido estudiado en la práctica totalidad de sus facetas: en su vertiente negociadora y mediadora destaca la línea de trabajo llevada a cabo por Fernández-Ríos (1989, 1997; Fernández-Ríos, Rico y Rascado, 1999); los estilos de gestión del conflicto han sido abordados por Lourdes Munduate (Munduate, Ganaza y Alcaide, 1993; Ganaza, Munduate y Peiró, 1995; Munduate, Luque y Barón, 1998), mientras que Gonzalo Serrano, sin renunciar a ninguno de estos campos, se ha centrado preferentemente en la negociación colectiva (Rodríguez y Serrano, 1991), y de manera más particular en el estudio de las actitudes en el proceso de la negociación laboral (Serrano y Remeseiro, 1990).

El tema de la cultura y socialización en las organizaciones ocupa un amplio capítulo en esta área temática que no podemos desarrollar en profundidad (ver Peiró y Munduate, 1999); pero sí conviene destacar una línea de investigación desarrollada primordialmente en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, que se ha ocupado del estudio de las estrategias utilizadas por las organizaciones para socializar a sus miembros (Palací, Osca, Grau y Bravo, 1995; Palací, Osca y Ripoll, 1995), o lo que viene a ser lo mismo: la transmisión de un sistema de normas, valores y estilos de relación que dan cobertura a una cultura organizacional, un capítulo en el que confluyen un sinfín de investigaciones que han tenido por objeto la pura delimitación del concepto de clima en unos casos (Silva, 1992, 1994; Rodríguez, 1990, 1993), y el estudio de la relación entre clima y estilos de liderazgo en otros (Alonso, 1993), un binomio clásico dentro de la Psicología social, o su estudio en organizaciones de servicios (Alonso, Palací y Osca, 1993; Osca, Alonso y Palací, 1995).

Psicología social de la salud

La concepción de la salud como algo más que la mera ausencia de enfermedad y su estrecha relación conceptual con el bienestar físico, social y psicológico coloca a la Psicología social en una situación privilegiada para abordar su estudio. La incorporación de la Psicología social española al estudio de la salud data de comienzos de los 80 (Huici, 1982), pero no será hasta finales de esa década cuando se inicien verdaderas líneas de investigación en los términos que venimos manejando en este monográfico. La primera de ellas, liderada por Jesús Rodríguez-Marín, de la Universidad de Elche, aborda los distintos estilos de afrontamiento ante el fenómeno de la hospitalización (Rodríguez-Marín, López y Pastor, 1989). Pero sin duda la línea de investigación psicosocial más fructífera de este equipo ha girado en torno al estudio del dolor crónico, centrado unas veces en su percepción y afrontamiento por parte de pacientes reumáticos (Pastor, García-Hurtado, López, Pascual, Rodríguez-Marín y Salas, 1989; Pastor, Rodríguez-Marín, López, Sánchez, Salas y Pascual, 1990) o aquejados por fibromialgia (Pastor, Salas, López, Rodríguez-Marín, Sánchez y Pascual, 1993) y manejando otras su relación con el apoyo social (Pastor, López, Salas, Sánchez, Terol y Rodríguez-Marín, 1994). Sin abandonar el contexto hospitalario vuelve a hacer acto de presencia el apoyo social, manejado ahora como un mecanismo mediador en la recuperación de pacientes hospitalizados, al que este grupo de investigación ha prestado también su atención investigadora (López, Sánchez, Pastor y Rodríguez-Marín, 1990; Rodríguez-Marín, Pastor y López, 1993).

El estudio de las representaciones sociales (tema central en la Psicología social europea) en su vinculación con la salud y la enfermedad comienza en España mediada la década de los 80 (ver la investigación empírica llevada a cabo por Itza, Pinilla y Páez, 1987) y desde entonces se ha convertido en una de las líneas de investigación más sólidas en el ámbito de la salud. Y, como no podía ser de otra manera, el SIDA ha terminado siendo el espacio de confluencia de una buena parte de ellas (Basabe, Páez, Usieto, Paicheler y Deschamps, 1996). El estudio del conocimiento de la enfermedad y de sus vías de transmisión, de las representaciones que la acompañan, de las creencias a las que se asocia, de las actitudes que genera respecto a las personas que la padecen, y de las estrategias conductuales que se llevan a cabo para prevenirla cuenta en su haber con una sólida línea de investigación ubicada preferentemente en la Universidades del País Vasco y Autónoma de Madrid (Echebarría, San Juan y Ozamiz, 1992; Echebarría y Páez, 1989a; Páez, Echebarría, Valencia, Romo, San Juan, y Vergara, 1991; Paéz, San Juan, Romo y Vergara, 1991; Páez, Ubillos y León, 1996), todo ello bajo la hipótesis de que los sujetos orientarán sus conductas preventivas, a partir de escenarios prototípicos dados culturalmente, por medio de la activación de representaciones molares basadas en las ideologías (Páez, Ubillos y Paicheler, 1994). Una hipótesis que se ve reforzada cuando se aborda el estudio del tipo de persona que contrae una determinada enfermedad y la causa típica de ella (Blanco, Páez, Penín, Romo y Sánchez, 1993; Sánchez, Romo, Páez, Blanco y Lalljee, 1996), y que acostumbra a concretarse en un sentimiento de invulnerabilidad (el optimismo ilusorio) que se traduce en una baja e injustificada percepción de riesgo (Sánchez, Rubio, Páez y Blanco, 1998).

Cuando se habla de salud en el contexto de la Psicología social española es de todo punto necesario mencionar la línea de trabajo e investigación llevada a cabo en el Departamento de Psicología social de la Universidad de Sevilla bajo la dirección de Silverio Barriga y José Mª León (Barriga y León, 1990, 1991). Por lo que respecta a líneas de investigación concretas destaca la relacionada con la evaluación y entrenamiento en habilidades sociales (Gil, León y Jarana, 1995) dirigidas a mejorar la competencia social en deficientes mentales (Ojeda, Pérez, Jarana y León, 1989) y en personas con ceguera o deficiencias visuales (León y Medina, 1994; Medina y León, 1995), y a dotar de habilidades a los profesionales de la salud para el desempeño de su rol profesional (Negrillo, Tirado y León, 1994; León, Jarana y Blanco, 1991, León, Medina, Cantero, Gómez, Barriga, Gil y Loscertales, 1997).

Psicología comunitaria y de los servicios sociales

Cuando en el año 1979 el Departamento de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid decide ofertar una materia sobre Psicología comunitaria, era difícil adivinar el rápido desarrollo que iba a protagonizar. Un desarrollo algo enrevesado, probablemente debido a la dificultad de establecer unos límites claros entre lo social, lo grupal y lo comunitario, y a la enorme dificultad de encontrar una línea, teórica, metodológica o temática que atraviese de manera coherente este área. Musitu ratifica esta vaga sensación cuando escribe que la Psicología comunitaria "se encuentra en la actualidad en un momento difícil caracterizado por la búsqueda y clarificación del rol del psicólogo comunitario" (Musitu, 1999, p. 156). Ello puede ser debido a que, cuando hablamos de Psicología comunitaria, nos referimos preferentemente a un determinado modelo de intervención y de prevención en una amplia gama de problemas a los que no son ajenas otras perspectivas teóricas y aplicadas.

A pesar de ello, cabe la posibilidad de diferenciar algunas líneas de investigación llevadas a cabo con una clara finalidad interventiva desde un nivel supraindividual. La primera de ellas tiene como protagonista al apoyo social entendido como la influencia que la red de nuestras relaciones sociales ejerce sobre el bienestar de las personas, como reductor de las consecuencias que los eventos estresantes pueden tener sobre nuestra salud mental y como mediador central en las estrategias de intervención social (Gracia, 1997). Aquí se inserta la línea de investigación iniciada por Ana Barrón (Barrón y Chacón, 1990, 1992; Barrón, 1996) y la que en la Universidad de Valencia comienza Enrique Gracia: el apoyo social como un mecanismo para el ajuste psicológico y social (Herrero y Musitu, 1998; Gracia, Herrero y Musitu, 1996), como un recurso para el bienestar físico, social y psicológico sin olvidar su potencial relevancia como variable mediadora en las relaciones entre estrés y ajuste psicológico en familias con problemas de maltrato infantil (Gracia, Musitu, Arango y Agudelo, 1995; Gracia y Musitu, 1997).

El apoyo social ha seguido siendo protagonista en una interesante línea de investigación liderada por Manuel Martínez, de la Universidad de Sevilla (Martínez y García, 1995), que se bifurca en dos ámbitos concretos: el de la tercera edad y la inmigración. A ambos subyace la recién mencionada, algo que no debería pasar desapercibido: los recursos naturales de apoyo juegan un papel fundamental como predictores del bienestar. En el caso de los ancianos, dichos recursos pasan por "envejecer en comunidad" (Martínez, García y Mendoza, 1995); en el de los inmigrantes, por la construcción de redes emocionales y sociales (participación social), que reducen considerablemente las consecuencias negativas sobre la salud (Martínez, 1997; Martínez, García y Maya, 1999).

Desde el interés por el estudio de los indicadores sociales y psicosociales (Casas, 1991) e instalado en la tradición de la política social, Ferrán Casas ha abordado, desde el Instituto de Calidad de Vida de la Universidad de Girona, una línea de investigación que transita alrededor del bienestar social (Casas, 1996) y de la calidad de vida con la infancia como protagonista central (Casas, 1992, 1994, 1997). Desde ahí, en una extensa línea de investigación, se han abordado asuntos teóricos relacionados con la imagen y las representaciones sociales sobre las necesidades y problemas que aquejan a niños y niñas, y se han diseñado intervenciones en torno al maltrato, acogimiento familiar y violencia doméstica, entre otros.

Partiendo de su tesis doctoral sobre la conducta altruista, Fernando Chacón se ha deslizado últimamente hacia el estudio de los factores psicosociales que influyen en el voluntariado (Chacón, Menard, Sanz y Vecina, 1998), y se ha ocupado de la permanencia del voluntariado en conflictos bélicos, del "burnout" que sobreviene a dicho colectivo (Chacón y Vecina, 1999) y de sus motivaciones cuando se enfrentan con pacientes aquejados de SIDA o cáncer (Chacón, Vecina y Paúl, 1999).

Una última línea de investigación, localizada en la Universidad Autónoma de Madrid, se viene ocupando del estudio, de la fenomenología y de los condicionantes psicosociales que intervienen en los comportamientos de riesgo: violencia intergrupal (Martín, Martínez, López, Martín y Martín, 1998), consumo de alcohol y de drogas ilegales (Martín y Martínez, 1998), conducción temeraria y conductas sexuales de riesgo. Este mismo grupo ha protagonizado una línea de trabajo en torno a la identificación y medición de variables psicosociales que influyen en las actitudes de la población española en torno a la donación y transplante de órganos (Martín, Martínez y Manrique, 1991; Martín, Martínez y López, 1995).

Psicología Ambiental

Para los psicólogos sociales constituye ya un incuestionable axioma historiográfico el hecho de que la concepción lewiniana de la conducta como resultado de las relaciones de interdependencia entre la persona y el ambiente abre de par en par las puertas a la investigación de los factores provenientes del entorno físico no sólo como marco en el que se instala la conducta, sino como determinante o instigador de la misma. La primera aproximación que la Psicología social española hizo en este campo fue Psicología y medio ambiente, un libro coordinado por Florencio Jiménez Burillo en 1982, al que seguiría un segundo, de un talante mucho más psicosocial (Jiménez Burillo y Aragonés, 1986), en el que hacían acto de presencia los tópicos centrales en este campo: cognición y percepción ambiental, los mapas cognitivos, el efecto del ruido, el estrés ambiental, conducta ecológica responsable, etc. Desde entonces, la Psicología ambiental ha sido uno de los protagonistas en las preocupaciones de los psicólogos sociales españoles. Una preocupación que no se limita al campo de la investigación, sino que cuenta en su haber con una fuerte presencia docente en las Facultades de Psicología, y va ya por su VII Congreso Nacional, todo un indicador de la fuerza con la que el estudio del medio ambiente ha irrumpido en la escena científica española desde la Psicología.

Si atendemos a la reciente revisión de García Mira (2000), las líneas de investigación en este campo temático pasarían, en primer lugar, por una amplia tradición en el estudio de los espacios urbanos (Corraliza y Aragonés, 1993) en dimensiones tales como su conocimiento y representación, el significado atribuido por los ciudadanos a elementos que definen y caracterizan dichos espacios, y la evaluación del paisaje urbano. Los entornos residenciales definen una segunda línea de investigación, y lo hacen enmarcados dentro de un interés muy concreto, el estudio de la satisfacción residencial (Amérigo y Aragonés, 1990, 1997; Aragonés y Corraliza, 1992) cuya aportación más sobresaliente es sin duda la investigación llevada a cabo por María Amérigo (Amérigo, 1995). Dentro de este campo de la satisfacción con el entormo construido es necesario mencionar las aportaciones de Bernardo Hernández, de la Universidad de La Laguna (Hernández, Correa y Camacho, 1992; Hernández y Suárez, 1994). La intervención y la gestión ambiental ha sido en esta última década una preocupación claramente distintiva de Enric Pol, de la Universidad de Barcelona (Pol y Moreno, 1994; Pol y Vidal, 1996), un pionero en las preocupaciones por el estudio psicosocial del medio ambiente.

Pero en la última década ha cundido el interés de los investigadores por los temas del medio natural (la Psicología ambiental "verde"), una línea de investigación recientemente iniciada y coordinada por José Antonio Corraliza en la Universidad Autónoma de Madrid (Corraliza, 1998).

Psicología jurídica

La investigación en Psicología jurídica abarca diversos ámbitos temáticos. En primer lugar, cabe destacar la realización de algunos programas orientados a incrementar la competencia social de los adolescentes problemáticos y evitar así su incorporación a una futura "carrera delictiva". Parece que el tratamiento cognitivo y conductual está rindiendo importantes resultados incluso en intervenciones de tiempo reducido (unas 40 horas), mejorando sensiblemente la capacidad reflexiva de los sujetos, así como sus habilidades intelectuales para la resolución de problemas y el desempeño de roles (Garrido, 1995).

Una segunda línea de trabajo ha tratado de explorar las posibilidades de aplicación de algunos de los principales modelos de persuasión al ámbito jurídico. Los datos obtenidos confirman la importancia persuasiva que pueden tener ciertas claves periféricas, independientes del contenido de las declaraciones de testigos presenciales, tales como el atractivo físico o el estatus del testigo o sus propias habilidades retóricas (Sobral y Prieto, 1993). Pero el jurado reúne todas las condiciones necesarias para ser considerado como un grupo y, como no podía ser de otra manera, ha sido justamente la toma de decisiones respecto a la inocencia o culpabilidad de un acusado lo que ha llamado preferentemente la atención de un grupo de psicólogos sociales de la Universidad de Santiago de Compostela (Arce, Sobral y Fariña, 1990; Arce, Fariña y Real, 1998), quienes han analizado el grado de variabilidad acerca de la asignación de penas por parte de jueces españoles, encontrando diferencias abrumadoras en la gravedad de las sentencias dictadas en función de distintos aspectos, todos ellos asociados a las diferentes creencias o "filosofías penales" de los mismos jueces (Sobral, 1994), a su nivel de experiencia (De Paul, 1996), a su ideología (Sobral, Arce, Fariña y Vilán, 1991), e incluso teniendo en cuenta sus sesgos inferenciales (Arce, Fariña y Sobral, 1995).

Desde una perspectiva claramente instalada en la Psicología Jurídica, hay que destacar los trabajos de Miguel Clemente sobre la violencia, abordada unas veces en su relación con el cambio de valores en la sociedad española (Clemente, 1998), concretada otras en el estudio de la influencia de la televisión sobre el comportamiento violento de los niños (Clemente y Vidal, 1994) y descendiendo a formas concretas de su ejecución, como puede ser la violencia sexual (Clemente y Fernández, 1994) a la que Eugenio Garrido ha mirado desde una óptica muy sólida en el campo de la Psicología jurídica: las sentencias judiciales en torno a los delitos sexuales (Garrido, 1995; Garrido y Herrero, 1996; Garrido y Masip, 1999). A ello es necesario añadir el inicio de una línea de investigación sobre delincuencia y conducta antisocial, que cuenta ya con un amplio marco de referencia teórico (Romero, Sobral y Luengo, 1999). Por cierto, que cuando en la Psicología social española se habla de medios de comunicación de masas, la obra obligada de referencia sigue siendo la de Rafael Roda (1989)

Psicología política

Cuando José Manuel Sabucedo revisa el campo de la Psicología política en España deja apuntalada la hipótesis de la orfandad que hemos manejado al comienzo de este artículo: con independencia de trabajos en este campo que en algunos casos se remontan hasta el siglo XIX, y más recientemente a la década de los setenta del pasado siglo (Torregrosa, 1971), no podemos decir que la Psicología política española actual se haya formado a partir de aquellos autores, "nuestra tesis es que aquellos trabajos.... no tuvieron ninguna influencia sobre la Psicología política actual" (Sabucedo, 2000, p. 185). De hecho, lo que hoy es el campo de la Psicología política en España es consecuencia directa de lo acontecido en el campo docente (introducción de la materia de Psicología política en la Universidad de Santiago de Compostela en 1983), institucional (celebración del I Congreso de Psicología Política en 1987, creación en 1990 de la Revista de Psicología Política), y de las publicaciones perfectamente consignadas en el trabajo de Sabucedo recién mencionado.

Como también sucede con otras áreas, en el caso de la Psicología política es igualmente posible encontrar varias líneas de investigación que apuntan a una misma temática. Esto es claro, por ejemplo, en el caso de los estudios sobre participación política y sus diversos condicionantes psicosociales. Se destaca un especial interés por el estudio de las formas no convencionales o no institucionalizadas de participación política (Sabucedo, 1989) que van desde la firma de un escrito de protesta o la participación en una manifestación legal, a la huelga, la ocupación de un edifico o la comisión de una agresión. Estas acciones, ordenadas por orden decreciente de ocurrencia, parecen correlacionar directamente con la eficacia percibida respecto a ellas (Sabucedo, Arce y Rodríguez, 1992). Otros autores han constatado la importancia que variables psicosociales tales como la clase social, la anomia, el grado de ideologización y la identidad social puedan tener respecto a la disponibilidad a implicarse en formas no convencionales de participación política (Valencia, 1990).

Otra línea de investigación ha tratado de identificar la postura ante los nuevos desafíos sociales y el reflejo que éstos pudieran tener sobre la estructura y el contenido de las creencias colectivas respecto a cuestiones como los nuevos valores ambientalistas, la familia y su vinculación a las creencias y a la participación política (Garzón, 1998).

Los movimientos sociales han sido objeto destacado de estudio en el ámbito de la Psicología política española de los noventa (Sabucedo, Grossi, y Fernández, 1998). Recientemente han hecho acto de presencia reflexiones acerca de tres movimientos sociales ya tradicionales, el ecologista (Javaloy, Espell y Rodríguez, 1999), el pacifista (Valencia, Reizabal, Gil de Montes y Sansinea, 1999) y el feminista (Apalategui, 1999), que abren otras tantas líneas de investigación para el futuro.

Finalmente, los procesos de violencia colectiva han dado lugar a dos líneas de investigación. La primera en torno a las causas y posibles alternativas a las guerras o conflictos de alta intensidad, haciendo hincapié en la trascendencia de los procesos de socialización bélica y los factores vinculados al conflicto (Moreno, 1991; Moreno y Jiménez Burillo, 1992). La segunda aborda las imágenes y procesos de categorización que tienen lugar en las situaciones de enfrentamiento colectivo (Herrera y Reicher, 1998).

Procesos de influencia social

Desde que en 1985 defendiera su tesis doctoral en la Universidad de Salamanca bajo el título de Influencia minoritaria y procesos intergrupales, Juan Antonio Pérez, actualmente en la Universidad de Valencia, ha sostenido una sólida línea de investigación, de marcado corte experimental, centrada en el estudio de la influencia social dentro de los parámetros marcados por el Laboratorio de Psicología Social de la Universidad de Ginebra. El de la influencia social es un punto en el que se congregan los más distintivos fenómenos psicosociales, por la sencilla razón de que "los fenómenos de influencia se refieren a los procesos a través de los cuales durante las interacciones sociales directas o simbólicas los individuos y los grupos forman, mantienen, difunden y modifican sus modos de pensamiento y de acción" (Pérez y Mugny, 1988, p. 1).

Partiendo de este supuesto, Juan Pérez ha abordado una amplia gama de fenómenos comenzando por la influencia minoritaria (Roux, Mugny y Pérez, 1989; Pérez y Mugny, 1990), y ha investigado con detalle el llamado fenómeno de la validación, proceso psicosocial a través del cual se produce la influencia de una minoría. Posteriormente, las investigaciones se han ido deslizando hacia el estudio del conflicto (Pérez, Falomir y Mugny, 1995), de la discriminación, del prejuicio y del racismo (Mugny, Sánchez-Mazas, Roux, y Pérez, 1991; Moscovici y Pérez, 1997) sin olvidar el efecto de la influencia sobre la adicción al tabaco (Pérez y Mugny, 1992; Falomir, Mugny y Pérez, 1996).

Junto a los trabajos basados en el paradigma de la influencia social minoritaria encontramos una segunda línea de investigación liderada por José Miguel Fernández-Dols, de la Universidad Autónoma de Madrid, que centra su interés en el ámbito de lo que su autor ha dado en denominar "normas perversas" (Fernández-Dols, 1993). Con tal expresión se quiere hacer referencia a un tipo concreto de normas coercitivas ampliamente aceptadas pero que, por alguna razón, tienden a ser transgredidas de forma generalizada. La perversidad de estas normas no proviene de sí mismas sino de sus consecuencias sociales, a saber, la desmoralización y la corrupción. El término desmoralización sirve aquí para designar una frecuente tendencia a desacreditar o deslegitimizar a aquellas personas que, ocupando una posición de autoridad respecto a una norma coercitiva generalmente transgredida, tratan de hacerla cumplir. Por otro lado, y como parece corroborarse en algunas situaciones de laboratorio diseñadas por este grupo, una estructura normativa perversa puede generar corrupción en tanto en cuanto fomente un cierto favoritismo de las autoridades respecto a la aplicación irregular y en parte arbitraria de tales normas (Fernández-Dols y Oceja, 1994).

Teoría y metateoría en Psicología Social

La Psicología social española, la de la última década y la de décadas anteriores, ha sido la reverberación del eco procedente del mundo anglosajón, una de cuyas notas más sobresalientes reside en el escaso interés por la reflexión teoría y epistemológica acompañada de una reproducción incontrolada de estudios empíricos realizados muchas veces en el más opaco de los vacíos sociales y apenas interesados por la reflexión teórica, que pretenden un conocimiento fuertemente aferrado a los artefactos metodológicos y ajeno al contexto sociohistórico en el que se genera. Un argumento crítico, por cierto, que cualquier psicólogo social interesado puede encontrar en el Kurt Lewin de la "epistemología comparada", en el Mead de la "conciencia del significado", y en el Vygotski de "el significado histórico de la crisis en Psicología".

La reflexión metateórica llevada a cabo en esta última década por los psicólogos sigue un hilo conductor que Tomás Ibáñez (1990, p. 143-146) explicitó en la crítica a la acumulabilidad, en la inconmensurabilidad y en la refutabilidad que ha caracterizado a la teoría e investigación psicosocal llevada a cabo desde el positivismo lógico. Y este hilo es el que, en mayor o menor medida, han seguido Ovejero (1991), Crespo (1995), Torregrosa (1996), Munné (1997, 1999), Jiménez Burillo (1997) desde una diversidad de análisis críticos sobre los supuestos metateóricos (epistemológicos, ontológicos y metodológicos) de la disciplina. Aún desde enfoques diversos, todos estos autores manifiestan una oposición, o al menos un cierto escepticismo frente a la tradición hegemónica de investigación y desarrollo teórico neopositivista que aún toma el experimento como la única vía segura para un conocimiento científico riguroso y que todavía no ha acabo por asumir los sólidos reproches que ya se plantearon a la disciplina durante aquel período de crisis.

Pero, en realidad, más que una oposición común a la Psicología social hegemónica, hay que hablar de diversos frentes y estrategias mediante las que se pretende rectificar el curso de la disciplina o crear al menos sus propias tradiciones y enfoques teóricos, ampliando así el ámbito de temas, problemas y métodos de investigación. Sin duda, los trabajos más numerosos y de mayor impacto en este sentido son los llevados a cabo por el grupo de la Universidad Autónoma de Barcelona liderado por Tomás Ibáñez (Ibáñez, 1990, 1994, 1997) con una ya extensa línea de análisis críticos sobre la Psicología social que ha venido evolucionando hacia posiciones posmodernas, muy cercanas a planteamientos como los del construccionismo social de Gergen y con un interés muy especial por el desarrollo de una Psicología social del conocimiento científico (Ibáñez e Iñiguez, 1996; Doménech e Ibáñez, 1998).

Por último, el sentido crítico con el estado actual de la disciplina ha propiciado también una diversidad de investigaciones historiográficas uno de cuyos objetivos evidentes coincide con otros intentos de repensar la Psicología social a la luz de algunos autores clásicos como Mead, Lewin o Vygotski (Blanco, 1996), de algunos pensadores españoles, como el caso de Ortega, introducido en la Psicología social española por Torregrosa (1985) y seguido por Ovejero (1992), De la Corte (1997), y de figuras destacadas en la reciente historia de la Psicología social, como la de Ignacio Martín-Baró, uno de los jesuitas asesinados en El Salvador en 1989 (Blanco, 1998; De la Corte, 1999) de quien podemos decir que cuenta en su haber con un verdadero modelo psicosocial.

Psicología social del lenguaje

La sanción constitucional de un hecho histórico incuestionable como el de la existencia de comunidades lingüísticas diferenciadas dentro del Estado español, abrió de par en par la incorporación del estudio del lenguaje al acervo temático de los psicólogos sociales. Por razones más que obvias: porque además de un hecho comportamental de corte eminentemente social, el lenguaje es una seña de identidad lingüística y cultural, un indicador de identidad comparativa (Huici y Ros, 1993), un proceso que desencadena una determinada autocategorización cosida a determinadas representaciones y estereotipos a los que no son ajenas las relaciones intergrupales. Un entramado de argumentos de una incuestionable riqueza psicosocial.

Dentro de este contexto hay dos claras líneas de investigación: la llevada a cabo por Mª José Azurmendi en el contexto de contacto lingüístico euskera-español, y la de María Ros, más vinculada al estudio de los procesos grupales de identidad cultural y lingüística. A éstas se han sumado esporádicamente investigaciones de José Romay en el contexto bilingüe gallego-castellano y Pilar González en el de catalán-castellano.

La primera de estas líneas parte de supuestos claramente psico y sociolingüísticos dando lugar a una Psicosociolingüística como "el resultado del proceso de interdisciplinarización dirigido desde y hacia la Psicología social" (Azurmendi, 1999, p. 17), y se ha ocupado preferentemente del comportamiento lingüístico en situación de contacto entre lenguas. La segunda se ha instalado en el estudio del lenguaje como indicador de identidad social, como una señal de identidad grupal dentro de contextos bilingües (Ros, Cano y Huici, 1987; Ros, Huici y Cano, 1990). Pero una y otra han confluido en los últimos años en el Proyecto ICALABE-1996 ("Identidades Culturales y Lingüísticas en la Comunidades Autónomas Bilingües de España") que tiene por objeto el estudio de las identidades culturales y lingüísticas en relación con: a) las creencias sobre la vitalidad etnolingüística de las lenguas y de los grupos lingüísticos en contacto; b) la red individual de contactos lingüísticos y culturales; c) el nivel de competencia y el uso de las lenguas en contacto; d) las relaciones intergrupales: actitudes, distancia social, discriminación, cooperación y tensión intergrupales; e) las concepciones de ciudadanía (Azurmendi, Bourhis, Ros y García, 1998; Ros, Azurmendi, Bourhis y García, 1999; Romay, García-Mira y Azurmendi, 1999; González, Cornejo y Roca, 1999).

Las investigaciones sobre la emoción

Como ocurriera con la influencia, el interés por el estudio de la conducta emocional en el contexto de la Psicología social española data de mediados de los 80 (Fernández-Dols y Ortega, 1985), y ha proseguido en la Universidad Autónoma de Madrid bajo la dirección del primero (Russell y Fernández-Dols, 1997), teniendo como soporte una metodología experimental.

El marco de referencia en el que queda inserta esta línea de investigación queda claramente explicitado en un capítulo que lleva por título Expresión facial y contexto: hacia una ecología de la expresión emocional: "si consideramos resumidamente todos los problemas y logros más importantes del estudio del significado y la expresión facial de la emoción, caeremos en la cuenta de que todos ellos tienen como punto de referencia clave un concepto: el de contexto" (Fernández-Dols, Carrera y Mallo, 1989, p. 403). Un contexto que ha servido para enmarcar el estudio del significado de la expresión facial (Carrera y Fernández-Dols, 1994) y de su reconocimiento (Fernández-Dols, Sierra y Ruiz-Belda, 1993).

Una última y bastante original línea de investigación, vinculada al tema de las emociones, nos remite al fenómeno de la mentira. Un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid ha venido estudiando las posibilidades de detección de la mentira a través del análisis de patrones de expresión emocional y de conducta verbal y no verbal: nivel de activación fisiológica y sus correlatos faciales, dilatación pupilar, etc. (Becerra y Sánchez, 1989). Estos mismos autores han realizado otra serie de trabajos de indagación acerca del conocimiento sobre situaciones prototípicas de mentira propias de la vida cotidiana (Sánchez, Becerra, Caballero y Amate, 1995).

Pero no podemos dar por concluida esta parte sin hacer mención a la pródiga línea de investigación llevada a cabo en la Universidad del País Vasco sobre las emociones (Echebarría y Páez, 1989b) desde un intento de superar el construccionismo social y el interaccionismo simbólico echando mano de la teoría sociohistórica vygotskiana (Páez y Adrián, 1993; Adrián, Paéz y Alvarez, 1995). La hipótesis central de esta línea de trabajo es que el conocimiento de sentido común de las emociones está fuertemente asociado al sexo, la identidad de género y los valores culturales (Páez y Vergara, 1995, Basabe, Páez, Valencia, González, Rimé, Pennebaker y Diener, 1999).

Procesos grupales

El estudio del comportamiento grupal ha constituido una línea continua en la Psicología social española desde los años sesenta, y en la última década parece haber adquirido un protagonismo especial, entre otras razones por la proliferación de monografías y manuales al respecto (González, 1995, 1997; López-Yarto, 1997; Ayestarán, 1996; Gil y Alcover, 1999), que aun manteniendo una línea claramente relacionada con la docencia, no dejan de ser un indicador del creciente interés que este tema despierta entre los psicólogos sociales españoles.

Centrándonos en el ámbito que da lugar a esta revisión, un primer tema de investigación sobre grupos es el del liderazgo. Desde la perspectiva del denominado liderazgo carismático se han conseguido identificar cuestiones tales como los rasgos diferenciales de género de las personas que acceden a cargos de responsabilidad en organizaciones formativas, la relación entre carisma y ciertas variables culturales, y la eficacia de ese tipo de liderazgo en organizaciones españolas empresariales y sanitarias (Morales y Molero, 1995; López-Zafra y Morales, 1999). El entrenamiento y la formación de líderes es otra de las líneas y temáticas de investigación en este ámbito (Gil, Rodríguez-Mazo y Alcover, 1998).

Pero sin lugar a dudas, la línea de investigación más fructífera en el terreno del comportamiento grupal es la que tiene como soporte a las variables sociocognitivas, en la línea de la Escuela de Bristol liderada por Henri Tajfel (ver el "Tema de Discusión" que en 1989 dedicó la Revista de Psicología Social a este tema). En unos casos, lo han hecho para abordar el estudio de la identidad en general (Echebarría y González, 1993; Marques, Abrams, Paéz y Martínez-Taboada, 1998) y la identidad de género más en particular (Echebarría, 1992); en otros, como soporte teórico para abordar el estudio de la diferenciación intergrupal manejando el concepto de "identidad comparativa" al que hemos hecho alusión al hablar de la Psicología social del lenguaje (Huici y Ros, 1993, Ros, Huici y Cano, 1994) con el propósito de "evaluar el proceso de comparación entre dos o más identidades sociales que varían en su grado de inclusión". En el fondo teórico de estas líneas de investigación está latiendo el tema de las relaciones intergrupales, y ahí se suma la línea de investigación que ha protagonizado Armando Rodríguez; una línea que partiendo de las teorías implícitas ha llegado al estereotipo, y desde éste a las relaciones y al conflicto intergrupal (Rodríguez, 1994; Morera y Rodríguez, 1994, 1997; González y Rodríguez, 1994), sin olvidar el estudio del prejuicio y del racismo al que la Revista de Psicología Social dedicó un interesante "dossier" en 1997 (pgs. 153-201).

De entre las aplicaciones prácticas de las técnicas grupales cabe destacar el auge de los grupos de discusión como procedimiento para investigar e intervenir en ámbitos como los grupos de jóvenes violentos, básicamente ultras deportivos y grupos de extrema derecha o neonazis (Fernández Villanueva, 1998), o subordinados y superiores en una organización (Abril y Musitu, 1995). El aprendizaje cooperativo (Ovejero, 1996) en el ámbito de la educación o los programas de trabajo en equipos de atención primaria (Peiró y González-Romá, 1990) y de manejo de conflictos son otras áreas de investigación aplicada, solventes y continuadas, en el contexto de la Psicología social española.

Identidad social

Delimitar el estudio de la identidad de la investigación sobre los fenómenos grupales no siempre resulta fácil, máxime si, como hemos apuntado en el epígrafe anterior, buena parte de los trabajos sobre grupos se ha inspirado en el modelo de Tajfel. Pero el contexto en el que se han llevado a cabo los estudios sobre la identidad en nuestro país tienen un marco de referencia decididamente macrosocial y se instalan preferentemente en el creciente interés por las identidades nacionales y, en menor medida, por la identidad de género.

Al ser España un Estado plurinacional el tema de la identidad nacional y el nacionalismo se constituye en una obligada referencia que transita, como no podía ser de otra manera, paralelamente con la Psicología política. En este campo cabe la posibilidad de rastrear varias líneas de investigación, que dan comienzo, históricamente, dentro del marco conceptual de los estereotipos nacionales y regionales, ámbito en el que fue pionero Rodríguez Sanabra con un estudio sobre "estereotipos regionales españoles", presentado en el Primer Congreso de la Sociedad Española de Psicología, celebrado en 1963, y que en épocas más recientes ha tenido en José Luis Sangrador (1981, 1996) su principal protagonista. En este contexto es posible reconocer en la actualidad más de un grupo de investigación (Javaloy, Cornejo y Bechini, 1990; Rodríguez, Sabucedo y Arce, 1991). Pero más allá del estudio de los estereotipos, se hace necesario mencionar los estudios directamente relacionados con la identidad nacional, tanto en sus aspectos más generales (Sabucedo y Fernández, 1998) como en sus concreciones en las nacionalidades "históricas": País Vasco (Valencia y Villarreal, 1992) Cataluña (Vivas, Muñoz e Iñiguez, 1997) y Galicia (Sabucedo, Arce y Rodríguez, 1992). A estos trabajos hay que sumar otras dos líneas de investigación en torno a los procesos de preservación de la memoria colectiva sobre diversos acontecimientos políticos. Algunos autores han estudiado las narraciones mentales de la historia de España y han puesto de manifiesto el condicionamiento claro del contenido de tales narraciones por las diversas ideologías políticas de los ciudadanos (Rosa, Blanco, Travieso y Huertas, 1999). La ideología afecta no sólo a las interpretaciones del pasado nacional, sino también a la evaluación del presente, así como a las perspectivas del futuro colectivo. Otros, en un intento por recuperar y operacionalizar las hipótesis de Halbwachs (Páez, Insúa y Vergara, 1992) sobre la memoria social, han iniciado una línea de investigación bajo dos grandes supuestos: el del carácter normativo de la memoria y su papel en la defensa de la identidad social, lo que se asocia al sesgo de positividad y al sesgo de consistencia en el recuerdo informal del pasado colectivo. Parece, según los hallazgos de este grupo, que la identidad social se vincula a un recuerdo y olvido selectivo de los hechos históricos; de este modo, posibles identidades sociales enfrentadas, como la "nacional-española" y la "étnica-vasca", determinan el tipo y el sentido de los hechos recordados en torno a acontecimientos históricos decisivos (Pennebaker, Páez y Rimé, 1997).

Pero no hay que olvidar la línea de investigación sobre la identidad de género, algo dispersa en cuanto a su autoría, pero de una notable relevancia en el contexto de la Psicología social española. Baste para ello un dato: los estudios sobre género ocupan, con 19 publicaciones, el primer lugar en los artículos publicados en la Revista de Psicología Social hasta 1999. Y ha sido Mercedes López, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la que ha protagonizado una línea de investigación preferentemente interesada en el estudio de la estereotipia e identidad de género desde un marco teórico muy habitual en la Psicología social española, como hemos tenido oportunidad de ver: el de la teoría de la categorización social de Tajfel (López, 1993, 1994; Morales y López, 1994) adentrándose en algún momento en el capítulo de la comparación intergrupal: la identidad de género "como variable moduladora en los procesos cognitivos relacionados con las categorías hombre y mujer" (López, 1993, p. 190).

A MODO DE CONCLUSIÓN

La Psicología social española del último decenio es hija de sí misma, es una huérfana de la historia del propio pensamiento español; ha tenido únicamente padres adoptivos, se ha mirado repetidamente en la Psicología social anglosajona y, en menor medida, en algunas de las tradiciones teóricas de la Psicología social europea. Pese a ello, la presencia de esta disciplina en el panorama académico, medida en términos del número de profesores dedicados a su docencia, de publicaciones periódicas (Revista de Psicología Social, Revista de Psicología Social Aplicada, Revista de Psicología Política, Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, Intervención Psicosocial, Interacción Social, ésta última ya desaparecida), de líneas de investigación e incluso de Congresos y Reuniones científicas colocan a la Psicología social española, al menos en términos numéricos, en los primeros lugares del ranking europeo.

Pero este crecimiento no ha sido capaz de romper, en la medida de lo esperable y de lo deseable, el tradicional aislamiento que han sufrido las ciencias sociales en nuestro país: a pesar de su enorme potencial, la Psicología social española sigue ensimismada, con poca presencia en la escena internacional, no importa que las fuentes de las que preferentemente se nutre hayan estado y sigan estando fuera de nuestras fronteras. Basta para ello un dato: de las 218 referencias que manejamos en este artículo, tan sólo 38 están publicadas en inglés.

En suma, podemos extraer dos conclusiones entrelazadas de nuestro análisis sobre el estado de la Psicología social española en la última década. En primer lugar, y como ha sido prescriptivo en el ámbito de las ciencias sociales, el contenido de esta Psicología social se ha ido perfilando como una "muestra representativa" del conjunto de problemas que preocupan a la sociedad española, ya hagamos referencia al mundo del trabajo o la salud, a los riesgos ecológicos, los conflictos políticos o de identidad nacional, o a la situación actual de la mujer en nuestro país. No obstante, y ésta es la segunda conclusión, se percibe también una escasa originalidad en el ámbito de la investigación y en el trabajo de teorización que ha de acompañar a aquélla, tal vez como consecuencia de una apropiación apresurada y poco reflexiva de supuestos teóricos, epistémicos y metodológicos importados de la Psicología social hegemónica de origen anglosajón.

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  Tabla 1.    Ámbitos de investigación
  Tabla 2.    Líneas de investigación Porcentaje del número total de publicaciones
  Tabla 3.    Comunicaciones y ponencias presentadas en las diferentes áreas temáticas en los cinco últimos Congresos de Psicología Social