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Psychologist Papers is a scientific-professional journal, whose purpose is to publish reviews, meta-analyzes, solutions, discoveries, guides, experiences and useful methods to address problems and issues arising in professional practice in any area of the Psychology. It is also provided as a forum for contrasting opinions and encouraging debate on controversial approaches or issues.

PSYCHOLOGIST PAPERS
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Papeles del Psicólogo, 1985. Vol. (22-23).




IDEAS PARA UNA MINI-INSTITUCIÓN DE DEFICIENTES MENTALES

JAVIER MOLTO

Profesor del Colegio Universitario Castellón, Universidad de Valencia.

A lo largo de las dos últimas décadas se han alcanzado importantes y significativos avances científicos y técnicos en el tratamiento de la deficiencia mental. El mejor ejemplo lo constituye el tratamiento de la fenilcetunuria en base a la dieta. Y el futuro aún parece más esperanzador, especialmente en la tecnología del ADN y en las posibilidades de la ingeniería genética. Por otra parte, la ampliación de la tecnología comportamental ha mejorado sensiblemente las posibilidades terapéuticas de muchas personas deficientes mentales, especialmente las más graves.

Por último, habría que mencionar los desarrollos no científicos que tuvieron en Estados Unidos un impacto amplio e inmediato sobre la deficiencia mental. El primero fue el tremendo interés, compromiso y apoyo del Presidente John Kennedy al mundo del retraso mental, llegando a convertirse en una prioridad nacional, con la implantación de un programa nacional de acción que fue llevado a cabo. Y el segundo, quizá el más importante, de todos, fue el énfasis de los años 70 en considerar a los deficientes mentales como personas y ciudadanos, alcanzando sus derechos legales y humanos, así como el reconocimiento de su dignidad como personas, su punto culminante.

I. INTRODUCCION

Como resultado de todo ello, el mundo de la deficiencia mental experimentó un cambio de perspectiva y orientación: la aproximación científica al retraso mental se había humanizado. Este cambio de actitud queda puesto de manifiesto repasando rápidamente la historia del tratamiento institucional a los deficientes. Las primeras instituciones fueron creadas hacia 1800, no sólo sobre principios humanitarios, sino también con la creencia de que los retrasados podrían ser educados y reinsertados en su comunidad (Wolfensberger, 1969). Pero este experimento fracasó y, a finales del siglo XIX, se inició un movimiento que llevó a la construcción de grandes instituciones de custodia, con el fin de proteger a los deficientes de los peligros y demandas de la sociedad. A principios del siglo XX, apareció un importante cambio en el sentir popular: ahora era la sociedad quien tenía que protegerse de los retrasados mentales. Así, los deficientes fueron segregados de la sociedad en instituciones, se adoptaron medidas de esterilización, se les excluyó de las escuelas públicas, se les prohibió casarse.... todo ella en un intento desesperado de proteger a la raza humana de su deterioro y degeneración anticipada. Como resultado de todo esto, durante el primer tercio de siglo, el crecimiento de las instituciones fue dramático. Esas instituciones estaban apartadas de la sociedad en zonas rurales aisladas, valladas y con barrotes en las ventanas. Los deficientes eran rígidamente segregados en base al sexo, edad, nivel de habilidad... los edificios y muebles se hacían con materiales irrompibles, y el "staff" estaba aislado detrás de pantallas o ventanas, desde donde podían observar a los internos sin contacto personal. No había privacidad en las habitaciones, duchas o lavabos -todo eran espacios abiertos, sometidos, con frecuencia, a observación por parte del personal y visitantes-. Se esperaba de los internos que contribuyeran a sufragar los gastos de su custodia mediante el trabajo en granjas. "Los residentes estaban deshumanizados, privados de muchos derechos legales, sometidos con frecuencia a abuso físico y psicológico y a indignidad personal, y su salud generalmente olvidada" (Baumeister, 1970, 15).

Tales instituciones continuaron albergando a gran número de deficientes de todos los tipos a lo largo de los años 50. Durante las décadas 60 y 70, aparecieron una serie de artículos que documentaron la sobrepoblación, segregación, aislamiento geográfico y naturaleza deshumanizadora de la mayoría de esas grandes instituciones (Blatt, 1968; Butterfield, 1969; Heisel, 1971; Morris, 1969; Wolfensberger, 1969). Así, las devastadoras críticas del ambiente institucional, el atractivo del logro de metas humanitarias para los deficientes y, especialmente, la influencia de los modelos escandinavos de normalización y desinstitucionalización, produjeron cambios dramáticos en la política social, desde el confinamiento custodial hasta una orientación mucho más terapéutica (Edgerton, 1969).

lI. BASES DEL PROYECTO

Este proyecto se basa, por un lado, en los principios generales que rigen actualmente la educación especial, y, por otro, en los importantes avances de la psicología ecológica y ambiental.

Sin lugar a dudas, el factor máximamente influyente en el cambio operado con respecto a las instituciones para deficientes ha sido el principio de normalización. El concepto de normalización fue desarrollado originalmente en los países escandinavos, allá por los años 60 (Marson y Mulick, 1983). Posteriormente fue introducido en el mundo anglosajón por (Nirje, 1969), y ampliamente elaborado por (Wolfensberger, 1972, 1980). En nuestro país, el Real Decreto 334/1985, de 6 de marzo, sobre ordenación de la Educación Especial, ha servido para introducir de forma oficial éste y otros principios importantes en el campo.

Wolfensberger (1980) presenta tres variaciones en la definición de normalización.

• El uso de medios culturalmente valorados para permitir que la gente viva su vida de un modo culturalmente valorado.

• Uso de los medios culturalmente normativos para ofrecer a las personas condiciones de vida, al menos, tan buenas como las de la media de ciudadanos y, en la medida de los posible, para fortalecer o mantener sus comportamientos, aspecto físico, experiencias, estatus y reputación.

• Uso de medios que sean tan normativos culturalmente como sea posible, para establecer, permitir o mantener comportamientos, aspectos físicos, experiencias e interposiciones que sean tan culturalmente normativos como sea posible.

Dicho de otro modo, este principio establece que la primera y última meta terapéutica es proporcionar experiencias y condiciones de vida que sean tan normales como sea posible. Dado que el principio de normalización es el más ilustrado desde una perspectiva institucional, pondremos varios ejemplos que ayuden a clarificar lo que entendemos por medios y fines.

De acuerdo con la normalización, la meta última para cualquiera que resida en una institución es el retorno a su propia familia. Pero siempre que la institucionalización sea necesaria, temporal o permanentemente, existe toda una serie de submetas que se derivan implícitamente del principio de normalización; unas se refieren a los propios establecimientos físicos, en tanto que otras a los mismos residentes.

En términos de la institución, ésta debería tener toda la apariencia normal que fuera posible. Por "normal" aquí entendemos "parecida a una casa corriente", ya que la vida institucional no se considera normal. De acuerdo con esto, debería permitirse una cierta vida privada en el dormitorio y lavabos; las paredes deberían estar pintadas y decoradas con colores diferentes al típico color gris; en las ventanas debería haber cortinas y visillos; habría que instalar alfombras y muebles similares a los existentes en una vivienda corriente... De este modo, se pretende crear una atmósfera más humana y familiar.

Por otro lado, las submetas de la normalización con respecto a los residentes son más numerosas e importantes. Quizá el factor mayormente responsable de la deshumanización de los deficientes ha sido la presión hacia la conveniencia y eficacia institucional, con una orientación más grupal que individual. Aquí, se pretende que los residentes lleven ropas "normales", pueden moverse con más libertad; sus padres y amigos no tengan restringidos los días y horas de visita; que puedan tener objetos personales, y que exista una mayor flexibilidad para levantarse, acostarse, comer... En definitiva, que tengan una vida más normal y humana (Maloney y Ward, 1979).

Importa señalar, además, que el principio de normalización es algo más que un simple alegato en favor de un trato más equitativo y justo, también es toda una filosofía de dirección (Wolfensberg, 1972), porque presupone que la conducta no es sólo función de las capacidades individuales, sino también de las expectativas del entorno en el cual se mueve el individuo. La normalización consiste, pues, en proporcionar al deficiente mental un entorno físico y humano y unos cielos vitales que se asemejen, en la medida de lo posible, a lo que la mayor parte de nosotros consideraría como típico, habitual o aceptable para sí mismo.

Derivado lógicamente del principio de normalización está el principio de integración que hace referencia a la no segregación del deficiente mental de la sociedad por el mero hecho de serio. Aquí, hay que distinguir la integración física y la integración social.

Por integración física entendemos la deseable eliminación de barreras materiales que aumenten innecesariamente la separación entre el deficiente mental y la sociedad. Para ello es necesario que los servicios y centros para deficientes mentales estén lo más cerca posible de su familia y del grupo social del que proceden. El edificio y sus dependencias, así como sus jardines se han de mantener en perfectas condiciones de orden y limpieza para evitar una imagen negativa hacia la comunidad.

Por otra parte, la integración social alude a la calidad y riqueza de los contactos sociales, que influirá decisivamente en la sensación de bienestar personal y de aceptación que puedan experimentar los deficientes mentales. En este sentido hay que cuidar la denominación de instalaciones y programas, que podría crear barreras invisibles, y procurar que las personas deficientes gocen del mayor número de oportunidades para mantener contactos y tratar con personas normales.

Vinculado lógicamente al principio de integración y al de normalización se encuentra el principio de desinstitucionalización. La institucionalización es la antítesis de la normalización. Este nuevo principio propugna la búsqueda y desarrollo de posibilidades y formas de vida que permitan una vida más autónoma y de desarrollo personal del deficiente.

El objetivo último del principio de desinstitucionalización es hacer que cada residente viva en algún "setting" de la comunidad. Para aquellos residentes que nunca vivirán en la comunidad, también se aplica este principio. En estos casos, la meta del emplazamiento en la comunidad es conceptualizada en términos de la alternativa menos restrictiva posible.

Por otra parte, este proyecto se basa también en las ideas que los psicólogos ecologistas (Barker, 1960, 1968), los psicólogos ambientalistas (Proshansky, Ittelson y Rivlin, 1970), y los ecologistas humano-sociales (Moos, 1976) han aportado para el diseño de ambientes que faciliten el desarrollo personal y eleven la calidad de vida de los sujetos institucionalizados.

III. POBLACION QUE ATENDERA LA MINI-INSTITUCION Y OBJETIVOS A CUBRIR

La definición de la población incluye un acuerdo sobre la población a que se destina el Centro. Los procesos definicionales pueden variar desde una aproximación categorial, que descansa sobre clases diagnosticas, a una aproximación funcional, que se basa en descripciones conductuales de los niveles de deterioro.

Este Centro pretende ofrecer una solución institucional al problema de los sujetos denominados "asistenciales". Entendemos por sujeto asistencial aquél que presenta un retraso mental importante, pero que además lleva asociada una problemática específica, bien en el orden de sus discapacidades, bien en la esfera socio-familiar, que le convierte en un sujeto necesitado de unos niveles de atención claramente superiores a los que habitualmente se ofrecen en otros centros (Colegios de Educación Especial, Formación Profesional Adaptada, Centros Ocupacionales ... ).

Debería diferenciarse claramente la población de este centro de la población conocida como "deficientes mentales profundos". Creemos que no todo sujeto profundo es necesariamente asistencial. Por el contrario, muchos profundos que, a pesar de su bajo nivel intelectual, poseen cierto grado de habituación y no llevan problemáticas graves asociadas, son perfectamente integrables en centros ocupacionales y pueden llevar una cierta relación familiar positiva. Esto nos lleva a enfatizar la importancia de una definición funcional que permita determinar, para cada sujeto, cuáles son sus áreas deficitarias y su nivel de deterioro en cada una de ellas, al tiempo que sirven para establecer el tipo de Servicios que vaya a recibir. De modo general, se podría afirmar que este centro está diseñado para atender a personas deficientes mentales profundos, mayores de dieciséis años, con alteraciones neuromotoras o sensitivas graves, o con trastornos psíquicos, comportamentales o epilépticos, con necesidad de cuidados constantes en sus necesidades más elementales. Así pues, un elemento definidor será el de las alteraciones sensoriales y/o de comportamiento y las deficiencias motoras tan graves que hagan imposible que el paciente sea acogido en centros que, de no existir estos condicionantes, le correspondería específicamente. Este es el caso de personas que presentan una incapacidad física severa como son algunos paralíticos cerebrales y multilesionados, también el de los que presentan trastornos psiquiátricos asociados (psicóticos, autistas ...) y epilépticos, o el de aquellos que manifiestan una notoria conducta antisocial. En sentido semejante se expresan Lubin, Jacobson y Kiely, al sustituir el término retraso mental por el de "incapacidad en el desarrollo", y aportando la siguiente definición funcional: "el término 'incapacidad en el desarrollo' se refiere a una incapacidad severa y crónica de una persona que se atribuye a daño mental o físico, o a una combinación de los dos; que se manifiesta antes de los veintidós años; que es probable continúe indefinidamente; que resulta en limitaciones sustanciales en tres o más de las siguientes áreas: autocuidado, lenguaje expresivo y receptivo, aprendizaje, movilidad, auto-dirección, capacidad para vivir de modo independiente y autosuficiencia económica; y que refleja la necesidad de la persona de un cuidado o tratamiento especial u otros servicios de amplia duración" (1983, 73).

En cuanto a los objetivos, el principal objetivo general a tener en cuenta es la normalización de la persona deficiente mental al medio interno y, posible integración, según posibilidades, al medio externo. No obstante, los dos, objetivos fundamentales que hay que contemplar son:

1. Que estén debidamente atendidos en los aspectos sanitarios, higiénicos, alimentarlos, de vestido, etc.

2. Que desarrollen al máximo sus propias capacidades y que mantengan las aptitudes ya conseguidas al objeto de que puedan alcanzar el mayor grado de autonomía personal y un comportamiento social aceptable que les permita acceder al modo de vida más normalizado en cada caso.

El planteamiento de los objetivos generales expuestos determina los siguientes objetivos específicos a conseguir: una salud óptima; unos hábitos de autonomía personal y social; un cierto nivel de comunicación; unos hábitos y aprendizajes de trabajo y/o tareas, y unos hábitos de juego, ocio y tiempo libre.

A su vez, estos objetivos específicos determinan una serie de áreas y tareas en cada caso para la consecución de los mismos:

- Habilitación física y motricidad (deporte-gimnasia): movilizaciones y cambios posturales con los más inválidos, y motricidad gruesa, juegos, deporte, gimnasia con los de nivel más alto.

- Autonomía personal: control de esfínteres, comer y alimentación, desvestirse y vestirse y aseo personal.

- Requerimientos básicos: atención, motricidad fina (coordinación viso-manual), imitación, y hábitos de trabajo y estimulación sensorial.

- Procesos básicos: lenguaje comprensivo (identificación, órdenes simples y complejas), lenguaje expresivo (incremento de vocalizaciones, denominación, construcción de frases simples), motricidad fina (habilidades manipulativas básicas y funcionales) y motricidad gruesa (juegos).

- Iniciación a talleres (según evolución).

IV. ESPACIOS FISICOS

Condiciones generales del edificio

EL ESPACIO Y LAS RELACIONES ENTRE ESPACIOS.-El plan del edificio debería buscar la compacidad. El tiempo empleado en ir de un lugar a otro puede ser un factor realmente significativo para poblaciones de discapacitados. La proximidad es un factor importante para lograr una buena comunicación entre el "staff" y los residentes.

Por otro lado, la organización de los espacios en cubículos cerrados o abiertos está relacionada, con el estado de ánimo y la conducta. Las personas en cubículos cerrados interaccionan más y, normalmente, tienen una moral más alta y un sentimiento de seguridad personal mayor que las personas en cubículos abiertos. Sin embargo, los sujetos que son incompatibles con el grupo, es más probable que así se conviertan en islotes sociales (Moos, 1976).

FLEXIBILIDAD.-La flexibilidad no se identifica con la ausencia de planes arquitectónicos, sino con el compromiso en la diversidad de cada una de las variables ambientales. La arquitectura en educación especial debe ser capaz de adaptarse a los cambios y/o nuevas situaciones. Ejemplos: encerados portátiles y ajustables; estantes ajustables a distintas alturas; más de un tipo de superficie para el suelo; mobiliario multifuncional...

SEGURIDAD CONTRA INCENDIOS. -El edificio debería proporcionar una segura y eficiente circulación para salir y alcanzar la zona de seguridad en situación de emergencia. En una situación de incendio, donde el tiempo para salir es importante y el pánico puede vencer al residente, el sentido de progresar en el espacio sobre el tiempo puede ser crítico. Esto es especialmente importante en los vestíbulos, pasillos y otros espacios de salida.

El ambiente puede contribuir a dar un sentido adecuado del movimiento de distintas formas: 1. colores diferentes en paredes, suelo y techo; 2. distinta iluminación para indicar puntos de unión o cambios de dirección, 3. variaciones de longitud, altura o anchura de espacios (Bednar, 1981)

ACCESOS LIBRES DE BARRERAS.- Todo el edificio, incluido su jardín, debe ser accesible para las personas que vayan en sillas de ruedas, muletas y otros instrumentos de apoyo.

MOBILIARIO Y EQUIPAMIENTO.- Los criterios para el diseño de mobiliario y equipamiento a utilizar por los sujetos discapacitados son los mismos que para sujetos normales. El mobiliario y equipamiento no deberían tener salientes que representaran un peligro para los usuarios; deberían ser curvilíneos y elásticos, características ambas que son compatibles con el cuerpo humano, maximizan el confort y minimizan las lesiones.

Además, deberían ser considerados como objetos que potencialmente sirven de apoyo para los residentes en posición de pie. Los asientos deberían ser funcionales y confortables, de modo que permitieran una fricción suficiente para evitar traspiés. Asimismo, el mobiliario y equipamiento debería ser resistente a las manchas, rayas o arañazos y astilladuras.

SUPERFICIES.- Las superficies de un espacio lo definen e identifican, los residentes, especialmente los ortopédicamente discapacitados, los que tienen problemas de conducta o ataques epilépticos, pueden entrar en contacto, de modo violento, con las superficies del espacio muy a menudo. Por ello, la elección de los materiales para las superficies es un elemento crítico para las personas discapacitadas.

Las superficies no deberían ser peligrosas para los residentes en su contacto o durante su utilización. Habría que prestar especial atención a las superficies de suelo de las zonas de frecuente uso como entrada al edificio, pasillos, alrededor de las fuentes para beber, rampas. Deberían evitarse los suelos ásperos y también los resbaladizos. Por otra parte, se sabe que el uso de alfombras en las instituciones, puede disminuir la tasa de conductas inapropiadas (Moos, 1976).

Deben evitarse los salientes de las paredes por razones de seguridad .(grifos, estantes, puertas ... ). Además, debería prestarse atención al diseño de las esquinas para que fueran redondeadas, por el mismo motivo.

Las paredes sin colores fuertes son las más útiles y agradables, porque forman una base neutra que no cansa con el tiempo, y permiten una mayor flexibilidad. El color de las diferentes piezas requiere cambios frecuentes, por ello, colores permanentes y/o chillones no son deseables.

ILUMINACION.- La iluminación ha de satisfacer el requisito esencial de la flexibilidad. Una iluminación uniforme y no deslumbrante es la óptima para permitir un uso flexible del espacio.

La iluminación de las salas debería minimizar la fatiga ocular, las distracciones y la hiperactividad. Estas podrían provenir de niveles extremadamente altos de iluminación, del contraste radical entre las luces y las superficies del techo, y de fuertes reflexiones a partir de superficies pulimentadas o de espejos. Por último, la luz natural debería ser controlable para reducir calor o frío, según épocas.

"UTILITIES".- Los "utilities" proporcionan a las áreas instrucciónales electricidad, fontanería, comunicación y otros servicios. Normalmente, están construidos con el edificio y son difíciles de cambiar; por ello, es crítico planificar cuidadosamente las necesidades.

En las salas de observación con espejo unidireccional se requiere un sistema de escucha. La observación es una actividad verdaderamente importante en educación especial.

El teléfono exterior y un sistema de comunicación interior deben de proveerse para facilitar la comunicación entre el módulo, la administración y la comunidad. Además, cada área de actividad debería contar con un sistema de comunicación directo para los casos de emergencia o para solicitar ayuda.

Deben existir sistemas de emergencia según los códigos del edificio pensados para alertar al "staff" y a los residentes en condiciones de emergencia. Así, un sistema luminoso de emergencia es esencial, y debería estar sincronizado con el sistema de alarma contra incendios, de modo que se activara automáticamente.

CLIMA.- El clima, en términos de la calidad del aire y su temperatura, es un aspecto vital de cada "setting" institucional. Tanto residentes como personal, son particularmente sensibles a esta característica ambiental. Por ello, los profesores deberían poder controlar o ajustar el calor, la ventilación y el aire acondicionado. El clima en cada área de actividad debe estar directamente relacionado con las necesidades crítica! de cada población especial y con las actividades que vayan a tener lugar. Un excesivo calor puede facilitar la agresividad y violencia (Moos, 1976).

Descripción y distribución de las áreas de actividad

Esta mini-institución debería estar ubicada cerca de la comunidad para facilitar las actividades e interacciones externas y el aprendizaje de una amplia gama de conductas por imitación (Butler y Bjaanes, 1978). Importa señalar, además, que la instrucción debe ser "terapéutica", a diferencia de las instituciones "custodiales" o de "mantenimiento" (Bjaanes y Butler, 1974), en la que exista un esfuerzo activo y continuo, mediante actividades organizadas, para aumentar el proceso de normalización (competencia social y habilidades de los residentes). En este sentido, recogemos una de las conclusiones del trabajo de Butler y Bjaanes: " Debe reconocerse que para que una institución sea considerada como terapéutica e intensifique la normalización deben planificarse, llevarse a cabo y evaluarse programas internos y externos" (1978, 398).

El Centro tendrá una capacidad máxima de 48 plazas, distribuidas en 6 módulos-vivienda independientes, además de unas áreas de servicios comunes.

El edificio tendrá una sola planta y un diseño modular. Además, hay que prestar atención a la orientación solar e iluminación, a la eliminación de todo tipo de barreras arquitectónicas y a la facilidad de acceso al propio Centro.

Unidad Modular

Con capacidad para un máximo de ocho residentes, el módulo es la unidad básica de agrupamiento y actividad. En él se lleva a cabo la máxima integración del sujeto en un medio familiar de convivencia reducida y controlada, con posibilidad de espacio y movimiento, de relación y, al mismo tiempo, de intimidad.

Asimismo, un módulo es una unidad con posibilidades de trabajo individualizado según los programas que se establezcan para cada sujeto. Por ello debe contar con los espacios y medios necesarios para el tratamiento individual. Todo módulo estará diseñado y ubicado de forma que cumpla con la misión de independencia física total respecto de los otros. El acceso a los mismos se efectuará mediante un pasillo común por razones de facilidad y rapidez en el acceso, pero de ningún modo estarán comunicados entre ellos. Los módulos actuarán con autonomía, adaptando su actividad y horarios a las características de sus residentes, con criterios de flexibilidad.

Cada módulo dispondrá de:

A. Un área de dormitorios y "toilettes" que comprenderá:

• Cuatro dormitorios dobles para residentes, disponiendo cada uno de ellos de armarios empotrados individuales y una pieza, con W.C. y lavabo.

• Dos dormitorios para el personal, con armario y baño completo. Por cada dos dormitorios para residentes, existirá un dormitorio para el personal, comunicado con ellos.

• Una sala para baños-duchas, independiente de los dormitorios.

• Un cuarto adicional con armarios empotrados para uso diverso: ropa sucia, guardar sábanas, cortinas...

B. Un área de trabajo-estar que comprenderá:

• Dos salas contiguas y amplias (alrededor de 40 m.2, cada una), con posibilidad de comunicación mediante puertas corredizas. En una de ellas se realizarán las comidas, debiendo para ello ser trasladados los alimentos desde la cocina.

• Una sala-despacho comunicada con otra más pequeña mediante un espejo de visión unidireccional que permita la observación y el trabajo individualizado (alrededor de 30 m2, entre ambas).

• Dos piezas de W.C. y lavabo, situadas con un fácil acceso desde las salas.

• Un cuarto adicional para almacén.

• Una zona ajardinada al aire libre con acceso directo desde las dos salas contiguas (alrededor de 100 M2).

Areas de servicios comunes

A. Área de cocina y almacén de cocina. Esta debe ser el área con una mejor comunicación con todos y cada uno de los módulos para que pueda realizarse con facilidad el transporte de alimentos.

B. Comedor para el personal.

C. Almacén general y taller de mantenimiento.

D. Área de lavandería, planchado y costura.

E. Despachos de Dirección y Administración.

F. Area médica con: un despacho para médico y ATS, y una habitación con dos camas y baño completo.

G. Despacho para el servicio psicológico.

H. Despacho para el asistente social.

I. Sala de espera.

J. Sala amplia para reuniones, descanso y estar del personal.

K. Bar-cafetería, contiguo a la sala anterior.

L. Portería y centralita telefónica.

M. Varios W.C. y lavabos para el personal y visitas.

N. Una o dos salas amplias de uso indefinido con posibilidad de empleo posterior como taller o para cualquier otra actividad que las características de los sujetos permitan.

Zona exterior

A. Una aparcamiento suficiente para un mínimo de 20 automóviles.

B. Una entrada directa al almacén de cocina con espacio para descarga de vehículos de transporte.

C. Zona amplia ajardinada al aire libre. Será de uso común para actividades de integración y relación entre residentes de diversos módulos, paseos, deporte y, en general, cualquier otro tipo de actividad al aire libre.

V. ORGANIZACION Y FUNCIONAMIENTO

Este Centro, dadas las características previsibles de los residentes, está diseñado para funcionar en régimen de internado, incluyendo los fines de semana y períodos vacacionales. Esto no impedirá de ningún modo que se puedan programar estancias con las familias, salidas programadas al exterior, que facilitan en gran medida, el proceso de normalización de los residentes (Butler y Bjaanes, 1978).

Personal

Coordinadores de módulo

El centro dispondrá en total de tres coordinadores, uno por cada dos módulos. El coordinador deberá ser licenciado en Psicología. Es el responsable del funcionamiento de cada módulo, suministrando y recibiendo información del personal auxiliar. El coordinador es, además, el encargado de realizar las valoraciones diagnósticas y programas terapéuticos para cada caso.

Personal médico

El Centro deberá disponer de un médico neuropsiquiatra y un ATS. El departamento médico tiene como función básica las actividades y operaciones necesarias para mantener a los residentes en las mejores condiciones de salud, tendiendo a la mayor recuperación posible en cuanto a sus dolencias.

Asistente social

El centro contará con los servicios de este profesional para todas las cuestiones de índole social.

Auxiliares-cuidadores

En cada módulo habrá asignados un total de 10 auxiliares repartidos en cinco turnos, de dos cada uno, de modo que pueda cubrirse el servicio durante todo el día, incluso los fines de semana. Serán de ambos sexos, intentando así reproducir un ambiente lo más parecido al de una familia normal.

Por razones de eficacia y continuidad en el trabajo con los sujetos estarán asignados al módulo de modo fijo, no produciéndose cambios más que excepcionalmente. Dependerán jerárquicamente del coordinador de su módulo y observarán asimismo las indicaciones del médico del centro.

Gobernanta, servicios, mantenimiento y administración

El centro deberá disponer de todo aquel personal de cocina, limpieza, lavandería, mantenimiento, administración, portería, teléfono, etcétera, en la medida que sea necesario para atender las necesidades del mismo.

Junta de Gobierno y Dirección

La Junta de Gobierno estará constituida por los tres coordinadores, el médico y el asistente social, y será la encargada de fijar los criterios generales del servicio, así como los objetivos a alcanzar.

El director del Centro será el presidente nato de esta Junta. Será elegido democráticamente por los miembros de la Junta de Gobierno, de entre los tres coordinadores, y servirá de puente de unión entre el Centro y los organismos de los que este dependa.

En lo referente al funcionamiento y a la orientación de trabajo en el centro, así como en cuestiones de tipo técnico, las decisiones corresponderán a la Junta de Gobierno, que las adoptará en forma colegiada.

La figura del director quedará centrada fundamentalmente en la esfera representativa, de supervisión y de gestión administrativa. Además, compaginará su función específica de director con la de coordinador de módulo.

El autor expresa su agradecimiento al doctor Helio Carpintero por sus valiosos comentarios críticos a una primera versión de este artículo. Igualmente, agradece a José López Castán su aportación de ideas en la elaboración del punto relativo a la descripción y distribución de las áreas de actividad del apartado tercero.- Espacios Físicos.

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