PAPELES DEL PSICÓLOGO Vol. 40-1 Enero - Abril 2019

de manera que poco a poco se van poniendo de relieve aspec- tos impensables e impensados. La psicoterapia produce a me- nudo una mejoría desde el principio e incluso antes de empezar, siquiera por el alivio y la esperanza que ofrece a la desmoralización común a todo problema. La psicoterapia brinda un nuevo nicho personal en la vida de uno (Willi, 1999), un espacio vivido en el que aspectos de la vida se reactivan en el aquí-y-ahora de la relación terapéutica (Fuchs, 2007), momentos-presentes que abren nuevos sentidos (Stern, 2004/2014), una acogida en la que se reconoce y acepta al otro como persona única (Valverde e Inchuaspe, 2017), escucha/presencia (Moix y Carmona, 2018). El principal instrumento de la psicoterapia es el propio psico- terapeuta a través de la “alianza de trabajo”. Más específica- mente, el instrumento por antonomasia de la psicoterapia es la entrevista . La entrevista implica funciones exploratorias y te- rapéuticas, a menudo sin solución de continuidad. La típica distinción entre evaluación y tratamiento, primero el diagnósti- co y después el tratamiento “adecuado”, responde más al mo- delo biomédico que a la naturaleza de las cosas. Cualquier clínico que no esté abducido por el modelo médico, habrá te- nido la experiencia de cómo los pacientes mejoran antes de la terapia en plena evaluación y de cómo en plena terapia apa- recen nuevos aspectos del problema. La escucha permisiva y el diálogo abierto propician la conexión del presente con el pasado y el futuro concitando nostalgias, miedos, alegrías, tristeza, esperanzas, insights , nuevas perspectivas, apertura de horizones. Más formalmente, una definición de psicoterapia, de acuerdo con Wampold e Imel, sería la siguiente: “ La psicoterapia es ante todo un tratamiento interperso- nal que a) se basa en principios psicológicos; b) impli- ca un terapeuta formado y un cliente que busca ayuda para un trastorno, problema o queja; c) entendido que el terapeuta puede remediarlo; y d) se adapta a un cliente particular y a su trastorno, problema o queja. “ (Wampold e Imel, 2015, p. 37). No es poco proponer una definición suficientemente general con la que se podrían identificar diferentes terapeutas y, a la vez, específica como para no considerar psicoterapia cualquier cosa, pero no es todo. La psicoterapia por el camino de la ciencia humana, empezando por el modelo contextual, va más lejos. Por lo pronto, el modelo contextual ofrece una alternativa al modelo médico tecnológico, de manera que los términos de la definición cobran otra vida. Pero el modelo contextual no se- ría la última palabra. Todavía nos tendríamos que referir a un modelo fenomenológico-existencial. Permítase siquiera apuntar por dónde irían estos modelos, en el espacio que queda. En re- alidad, se trata de modelos bien conocidos. El problema es que raramente están transitados por los mismos a quienes podrían interesar, según mundos separados se encuentran también en el mismo camino. Modelo contextual de funcionamiento de la psicoterapia El modelo contextual no es una terapia más como son la tera- pia contextual familiar o las terapias contextuales de tercera generación, sino un modelo meta-teórico de funcionamiento de la psicoterapia (Wampold, 2017; Wampold e Imel, 2015). El modelo contextual tiene su base en la relación y los factores comunes. El modelo contextual explica el funcionamiento de la psicoterapia con arreglo a tres pasos desplegados en el tiem- po: relación, expectativas y acciones terapéuticas, a partir de un vínculo inicial. Un vínculo inicial de confianza, entendimien- to y “enganchamiento” es fundamental. No por azar la mayo- ría de los abandonos ocurren después de la primera entrevista, aunque no siempre para mal (Simon, Imel, Ludman y Steinfeld, 2012). La relación real se refiere a una relación personal, abierta y honesta. Empatía, resonancia, sintonía y sincronía son aspec- tos destacados por diferentes psicoterapias. La relación incluye la alianza de trabajo consistente en el acuerdo sobre los objeti- vos, las tareas y la propia relación. La alianza está relaciona- da con el resultado independientemente de la orientación terapéutica y no como mero efecto de una mejoría previa, sino como ingrediente activo de la mejoría (Wampold e Imel, 2015, p. 184). Se entiende que la relación influye sobre todo en el bienestar general y de ahí en el alivio de los síntomas. Las expectativas no se refieren únicamente a la esperanza de- rivada del comienzo de una terapia (re-moralización, place- bo). Se refieren más que nada a la rationale o explicación de cómo la terapia entiende el problema y va a proceder. Lo im- portante en la creación de expectativas no es tanto la validez científica de la explicación, como su credibilidad, verosimilitud y aceptación. No importa tanto que sea una explicación verda- dera (tantas diferentes difícilmente lo pueden ser todas), como una verdadera explicación , razonada y creíble como la ofre- cen diferentes terapias de acuerdo a su marco de referencia. La rationale se corresponde con la mitología dentro de los fac- tores comunes (Frank y Frank, 1991). Las acciones terapéuticas se refieren a los “ingredientes espe- cíficos” de cada terapia, que el modelo contextual entiende de distinta manera que el modelo médico. En vez de suponer un déficit a remediar, el modelo contextual supone que las distin- tas acciones terapéuticas llevan a hacer algo que puede ser sa- ludable. Las acciones terapéuticas se corresponden con el ritual de los factores comunes (Frank y Frank, 1991). Los clientes de MARINO PÉREZ-ÁLVAREZ 9 A r t í c u l o s FIGURA 3 MODELO CONTEXTUAL DEL FUNCIONAMIENTO DE LA PSICOTERAPIA

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