PAPELES DEL PSICÓLOGO Vol. 39-2 Mayo - Agosto 2018

se denomina carácter sectorial. Por ejemplo, actividades como el gobierno general de una sociedad (a la que se dedica la Presidencia del Gobierno de un país), la defensa de los dere- chos de las personas con algún tipo de discapacidad (realiza- da por una asociación de personas afectadas o movimiento social) o la consultoría de gestión organizacional (que realizan las empresas correspondientes) no son sectoriales o no consti- tuyen ámbitos sectoriales en el sentido que se está dando en este artículo a esa expresión. Mirando a los tres ejemplos que se acaban de poner, se podría decir que se ha hecho referen- cia, respectivamente, a una actividad general (que atañe o in- cluye a todos los sectores), a una transversal (que los atraviesa y afecta) y a una instrumental (que les ayuda para mejor servir a sus destinatarias). ¿Y la intervención social? Si se accede, hoy y aquí, a la práctica cotidiana de la inter- vención social, así conceptualizada y denominada, no cabe duda de que se realiza mayoritariamente en el ámbito sectorial de los servicios sociales, denominación que viene determinada, fundamentalmente, por la legislación y, en general, normativa jurídica que delimita los órganos de la Administración pública y partidas presupuestarias que permiten sostener y regular la mayor parte de dichos servicios e intervenciones. Hay que notar, sin embargo, que nuestros servicios sociales provienen de la asistencia social, actividad que no cabe consi- derar sectorial, sino residual. Por decirlo en pocas palabras, la asistencia social no se ocuparía de una parcela de necesidades de todas las personas sino de todas (o muchas de) las necesi- dades de una parte de las personas, que, de diferentes mane- ras, quedan excluidas de la oportunidad de dar satisfacción a dichas necesidades de la manera y en los ámbitos sectoriales en que lo hace la mayoría de la población. Efectivamente, entonces, como recuerda Manuel Aguilar, “lo que llamamos servicios sociales son un híbrido, un campo en proceso de transformación desde el antiguo nivel de la benefi- cencia o la asistencia social hacia un nuevo sector o pilar del Estado de bienestar” (Aguilar, M., 2014: 19). Por ello, es necesario establecer y delimitar con claridad el cam- po de acción de los servicios sociales” y, “en principio, parece lógico y coherente con la arquitectura del Esta- do social en España configurar los servicios sociales co- mo un pilar definido por la parte de las necesidades humanas de las que se ocupa (Aguilar, M., 2014: 29). Como muestra de la confusión existente en torno a las necesi- dades objeto de los servicios sociales, cabe aportar los resulta- dos de una reciente investigación sobre la comprensión de la situación problema en la práctica del trabajo social en los ser- vicios sociales de atención primaria de Mallorca, que señala que la comprensión de la situación problema se muestra superficial, con una baja práctica de criterios de intervención que evalúen significados, fortalezas, solucio- nes intentadas y sistemas implicados, no confía suficiente- mente en la aplicación de técnicas de análisis fundamenta- les y no considera en profundidad la puesta en juego de los conocimientos del propio profesional (Cardona et al., 2017: 149). Cabe utilizar la metáfora de la ciaboga para referirse al complejo proceso de transformación de la asistencia social re- sidual en unos servicios sociales sectoriales y, por más que di- cha maniobra diste de estar completada, o siquiera enrutada en nuestro entorno, no cabe duda de que la apuesta por la universalidad de los servicios sociales (y la intervención social) que ha realizado la comunidad de práctica y conocimiento y la normativa jurídica de los servicios sociales (que los propone como un pilar del bienestar, al modo de la sanidad o la educa- ción) lleva aparejada su condición sectorial. Y en ese proceso de dejar atrás la asistencia social, cabe denominar interven- ción social a la actividad nuclear y característica de esos servi- cios sociales conceptualmente universales y sectoriales, por más que, necesariamente: 4 Dentro del sector de los servicios sociales también se realicen intervenciones (como la intervención sanitaria) que son nu- cleares y características de otros sectores de actividad; y que 4 La intervención social también se realice (aunque no como nuclear y característica) en otros sectores de actividad, como el sanitario, el educativo, el de la justicia, el de la vivienda u otros. Ante el reto de proponer cuál podría ser vista como la parte o parcela de necesidades de las personas que constituiría la fi- nalidad u objeto de los servicios sociales (como sector de acti- vidad) y de la intervención social (como actividad nuclear y característica de ese sector), ya en el artículo evocado se pro- ponía, desde un intento de recepción, sistematización y desa- rrollo de diversas aportaciones, la “interacción” (Fantova, 2007). Veamos en qué sentido. Pensemos en el caso de una persona accidentada que, tras el alta hospitalaria, presenta un menoscabo de su autonomía fun- cional. Ello puede afectarle, por ejemplo, en el ámbito laboral (quizá no pueda seguir realizando el mismo trabajo que an- tes), en el del alojamiento (quizá no pueda acceder como antes a su vivienda) o en las actividades de su vida diaria y relacio- nes primarias (quizá se vea afectada, por ejemplo, la convi- vencia cotidiana que mantenía con otras personas). En los diferentes entornos (laboral, residencial y relacional, según los tres ejemplos), la integración o inclusión (laboral, residencial y relacional) puede verse como la otra cara de la autonomía fun- cional en cada uno de ellos (y equilibrarse e interactuar diná- micamente con ella). Siguiendo con los tres ámbitos mencionados, los servicios de empleo serían los encargados de apoyar a la persona en su proceso de reincorporación al mercado laboral; a la vez que los servicios de vivienda debieran ayudarle a adaptar su domi- cilio o, en su caso, por poner otro ejemplo, a acceder a uno nuevo. Los servicios sociales, según la propuesta que se está presentando, le apoyarían en la potenciación de su autonomía CONSTRUYENDO LA INTERVENCIÓN SOCIAL 82 S e c c i ó n M o n o g r á f i c a

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