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Abril , nº 87 , 2004 Copyright 2004 © Papeles del Psicólogo
ISSN 0214 - 7823

LOS CENTROS UNIVERSITARIOS DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA COMO CENTROS DE FORMACIÓN DE POSGRADO EN PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOTERAPIA: LA UNIDAD DE PSICOLOGÍA C

María Paz García-Vera

Universidad Complutense de Madrid

Se discuten los requisitos mínimos que debería reunir la formación de posgrado para el ejercicio profesional de la psicoterapia como una de las actividades fundamentales del psicólogo clínico, las alternativas existentes en España para adquirir dicha formación, y el papel que en la misma pueden desempeñar las unidades, centros o servicios de asistencia psicológica de las Universidades a través de un sistema de residencia. Como ejemplo de cuál podría ser ese papel, se describen las características y el funcionamiento de la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Complutense de Madrid, y se analiza el currículum y el plan de actividades que se llevan a cabo en la Unidad para la formación de posgrado en psicología clínica y psicoterapia a través de becas-residencia.

This article discusses minimum standards for postgraduate, professional training for psychologists specializing in psychotherapy as one of the main activities of clinical psychologists, the alternatives existing in Spain for receiving that training, and the role that University psychological services centers may play in that training by offering residency programs. As an example of that role, the characteristics and functioning of the Health and Clinical Psychology Unit of Complutense University are described, and its curriculum and activity program for postgraduate training in clinical psychology and psychotherapy by means of residency scholarships are analyzed.

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Correspondencia: María Paz García Vera. Departamento de Psicología Clínica. Facultad de Psicología. Universidad Complutense de Madrid. Campus de Somosaguas. 28223 Madrid.
E-mail: mpgvera@psi.ucm.es
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Este artículo está basado parcialmente en la comunicación "La formación de posgrado en psicología clínica en la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la UCM" presentada por María Paz García-Vera, directora de la Unidad, en el 2º Congreso de la Enseñanza de la Psicología celebrado en Valencia entre el 15 y el 17 de octubre de 2003.

Aunque el sistema de residencia para la formación de especialistas en psicología clínica (PIR) es la única vía que actualmente permite la obtención del título oficial de Especialista en Psicología Clínica (RD 2490/1998 de 20-XI de creación del título de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica; BOE 288/98 de 2-XII), el programa PIR no es el único sistema para adquirir una formación de posgrado de carácter profesional en psicología clínica, ni tampoco, necesariamente, el mejor posible. Otro sistema muy utilizado en nuestro país es la realización de máster y cursos de especialización en psicología clínica, aunque estos dos sistemas, el PIR y los máster, no agotan las posibles vías para conseguir una formación que potencie el que los psicólogos que trabajan en el ámbito de la psicología clínica ofrezcan a sus potenciales clientes servicios profesionales de calidad. El objetivo de este artículo es analizar el papel que puede desempeñar en esa formación los centros universitarios de asistencia psicológica, comparando sus ventajas y limitaciones respecto a los otros sistemas de formación, especialmente en cuanto a la preparación para ejercer la psicoterapia, una de las actividades fundamentales del psicólogo clínico.

LA FORMACIÓN DE POSGRADO EN PSICOLOGÍA CLÍNICA EN ESPAÑA

Un primer paso para valorar las ventajas e inconvenientes de los diferentes sistemas de formación profesional de posgrado en psicología clínica, es establecer una serie de criterios óptimos para dicha formación. La Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (European Federation of Psychologists’ Assocations; EFPA), una organización que agrupa a asociaciones nacionales de Psicología de 31 países y de la cual forma parte el COP, ha establecido unos estándares europeos para la formación de psicólogos especialistas en psicoterapia. Puesto que una de las actividades más importantes y frecuentes del psicólogo clínico es la administración de tratamientos psicológicos (COP, 1997a, 1998; Santolaya, Berdullas y Fernández-Hermida, 2002), esos estándares pueden ser un buen punto de partida para establecer unos criterios óptimos de formación en psicología clínica, sin perjuicio de que las diferencias entre psicoterapia y psicología clínica hicieran aconsejable la consideración de otros criterios complementarios. Según la EFPA (2003; COP, 1997b), los criterios mínimos para la formación de posgrado en psicoterapia suponen tres años de formación posgraduada a tiempo completo que deben incluir: (a) supervisión con un mínimo de 150 horas; (b) práctica supervisada (atención clínica supervisada a pacientes) con un mínimo de 500 horas y con al menos 10 pacientes; (c) conocimientos teóricos y prácticos (teoría y técnica psicoterapéuticas) y entrenamiento en la evaluación de la eficacia de las intervenciones (metodología) con un mínimo de 400 horas, y (d) entrenamiento personal para manejar adecuadamente la relación terapéutica y seguir el código ético profesional, con un mínimo de 100 horas.

Un segundo paso para realizar dicha valoración es recabar información sobre los distintos sistemas de formación existentes. Respecto al programa PIR, además de la información oficial sobre su plan de formación (Ministerio de Sanidad y Consumo, 1996), contamos con un reciente estudio sobre la actividad clínica y docente que se desarrolla en el mismo (Virués, Santolaya, García y Buela-Casal, 2003). En base a estas fuentes de información, parece que el programa PIR cumple en principio los mínimos cuantitativos de la EFPA en cuanto a los años de formación (3 años), y en cuanto a la supervisión y práctica clínica supervisada (como mediana 5 o menos horas semanales de atención supervisada —Virués et al., 2003—, lo que aproximadamente podría suponer hasta 660 horas a lo largo de todo el programa). Sin embargo, no está claro que durante su paso por el programa PIR, los residentes reciban una adecuada formación teórico-práctica ni en teorías y técnicas psicoterapéuticas ni en metodología, ni tampoco un adecuado entrenamiento personal para manejar adecuadamente la relación terapéutica. Efectivamente, la mayoría de los PIR que participaron en el estudio de Virués et al. (2003) estimaron que la docencia teórica formal específica para el PIR era escasa o nula y de baja o moderada calidad. Por otro lado, en el 78% de los dispositivos por los que rotan los PIR no se hace investigación (Virués et al., 2003), por lo que difícilmente pueden ofrecer una adecuada formación metodológica en la evaluación de la eficacia de las intervenciones. Además, no parece que en el sistema PIR se contemple de forma específica ningún procedimiento de evaluación inicial y continuada de la adecuación personal para ser psicoterapeuta, ni que se oferte ningún entrenamiento específico al respecto. Es más, aunque el número de horas de supervisión y de práctica clínica supervisada son sin duda el punto fuerte del sistema PIR, esta formación se ve en cierta medida perjudicada por la saturación asistencial y el escaso tiempo que se le puede dedicar a los pacientes en los dispositivos asistenciales sanitarios públicos por los que el residente debe realizar sus estancias o rotaciones, e incluso por la ausencia entre el personal de algunos de esos dispositivos —en concreto, de las Unidades de Psiquiatría— de psicólogos que puedan ejercer las labores de supervisión (Virués et al., 2003). No es de extrañar, pues, que tanto en los dispositivos estrella de la formación PIR —los Centros de Salud Mental, en los que los residentes pasan más del 33% de período formativo— como en las Unidades de Psiquiatría o en las Unidades de Salud Mental Infantil, la principal actividad terapéutica que realizan los supervisores y, por consiguiente, en la que son entrenados los residentes, sea el consejo psicológico, aplicándose de forma rara o nula otros tipos de técnicas y tratamientos psicológicos (Virués et al., 2003). Por último, es importante señalar que el número de plazas que se ofrecen anualmente para la formación PIR es, lamentablemente, muy escaso e insuficiente para cubrir la demanda de este tipo de formación. Desde 1998 a 2002, el número de plazas convocadas ha oscilado entre 60 y 74, mientras que el número de candidatos ha variado entre 1400 y 1800 (CEDE, 2003).

El análisis de la formación de posgrado que ofrecen los máster es mucho más tentativo, ya que en este caso no se cuenta con ningún estudio específico sobre los mismos y la información sobre ellos es escasa y de muy difícil acceso. A través del portal de internet Universia, que agrupa prácticamente a todas las Universidades españolas públicas y privadas, se han podido localizar los 15 máster universitarios que aparecen recogidos en la Tabla 1. Siguiendo las directrices del Convenio Interuniversitario sobre Estudios de Posgrado conducente a Títulos Propios de las Universidades de 1991 (Asesoría Jurídica de la UCM, 2003), la mayoría de estos máster comprenden al menos 500 horas de formación distribuidas en dos cursos académicos (siendo la mediana de 620 horas). En 9 de esos 15 máster fue posible encontrar, a través de sus páginas oficiales de internet, información sobre el número de horas que dedican a la formación teórica y a la formación práctica, siendo la mediana de ambas 420 y 250 horas, respectivamente. Sin embargo, no todas las horas de formación práctica se dedican a la atención clínica supervisada a pacientes, sino que las prácticas de los máster universitarios, que pueden ser tanto internas como externas (en centros colaboradores), suelen también incluir la asistencia a sesiones clínicas, la discusión y conceptualización de casos clínicos, la observación de intervenciones, etc. De hecho, tan sólo en tres máster se especificaba el número de horas de práctica clínica supervisada, variando éste entre 70, 100 y 300 horas. En resumen, y teniendo en cuenta las limitaciones de la información de que se dispone, se podría estimar que, en general, los programas de máster universitarios en psicología clínica o psicoterapia existentes en España no cumplen los mínimos cuantitativos de la EFPA en cuanto a los años de formación ni en cuanto a la supervisión y práctica clínica supervisada. Tampoco está claro que durante su paso por la mayoría de los máster, los alumnos reciban un adecuado entrenamiento personal para manejar adecuadamente la relación terapéutica (aunque en uno de ellos se exige estar en tratamiento personal, y en otro dos los alumnos participan en procesos terapéuticos de desarrollo personal y de interacción y dinámica interpersonal). Sin embargo, sí parece que la mayoría de los máster ofrecen una adecuada formación teórica-práctica en teorías y técnicas psicoterapéuticas y en metodología investigadora (como mediana, 420 horas teóricas y 250 prácticas). Es más, en al menos seis de los 15 máster analizados, se exige a los alumnos un trabajo o proyecto de investigación que supone una mediana de 55 horas de formación. Finalmente, aunque las plazas ofertadas anualmente por los máster varían entre 7 y 50 (mediana de 25), lo que supondría que al año se podrían estar formando aproximadamente 375 psicólogos, su precio medio (4.354 €) puede resultar muy gravoso económicamente y limitar el acceso de los licenciados a este tipo de formación.

Respecto a los máster no universitarios que en España ofrecen los centros de asistencia psicológica y las asociaciones y sociedades científicas o profesionales de psicología clínica, para obtener una muestra de los mismos se decidió consultar la publicidad que sobre ellos aparece en la Guía del Psicólogo del COP de Madrid (nº 229; agosto-septiembre 2003), y ampliar la información obtenida a partir de sus páginas oficiales en internet . Mediante este procedimiento se localizaron los 9 máster que aparecen en la Tabla 2. La mayoría de estos máster comprenden al menos 500 horas de formación distribuidas en dos cursos académicos (siendo la mediana de 558 horas). En ninguno de esos 9 máster fue posible encontrar, a través de internet o de la publicidad en la Guía del Psicólogo, información sobre el número de horas que dedican a la formación teórica y a la formación práctica. Sin embargo, sí se pudo constatar que, al igual que ocurría con los máster universitarios, la formación práctica incluía actividades muy diversas y no se centraba de forma prioritaria en la atención clínica supervisada a pacientes. En conclusión, y teniendo en cuenta las limitaciones de la escasa información disponible, se podría estimar que, en general, los programas de máster no universitarios en psicología clínica o psicoterapia tampoco cumplen los mínimos cuantitativos de la EFPA en cuanto a los años de formación, ni en cuanto a la supervisión y práctica clínica supervisada, ni en cuanto al entrenamiento para asegurar la idoneidad personal. Por otro lado, aunque parece que la mayoría de los máster no universitarios ofrecen una adecuada formación teórica-práctica en teorías y técnicas psicoterapéuticas (con una mediana de 558 horas), no está claro que también lo hagan en metodología investigadora dado que la mayoría de sus docentes carecen de la titulación oficial de doctor que avale su preparación investigadora. Finalmente, y al igual que ocurría con los universitarios, el alto precio medio de los máster no universitarios (4.560) podría estar limitando el acceso de los licenciados a este tipo de formación de posgrado.

LOS CENTROS DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA UNIVERSITARIOS COMO CENTROS DE POSGRADO EN PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOTERAPIA

Desde que en 1985 se creara la Unidad de Terapia de Conducta de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, son muchas las Universidades españolas que han establecido centros, unidades o servicios de atención psicológica (véase la Tabla 3). Estos centros tienen tres objetivos comunes: asistencial, formativo y de investigación, aunque difieren en cuanto a la acentuación mayor o menor de algunos de esos objetivos (Valero Aguayo, 2003). El objetivo asistencial se centra en la asistencia psicológica tanto al personal de la Universidad (profesores, alumnos y personal de administración y servicios) como a sus familiares directos o a personas ajenas a la misma. La asistencia incluye la evaluación y tratamiento individual de los trastornos y problemas que los clientes presentan así como la puesta en marcha de programas de prevención o tratamiento grupales dirigidos a demandas específicas (p. ej., ansiedad a los exámenes, hábitos de estudio, habilidades sociales, tabaco, obesidad, etc.). El objetivo formativo gira en torno a la formación práctica y especializada bien de licenciados en psicología (posgrado) o bien de estudiantes de los últimos cursos de dicha licenciatura (como parte del practicum), mientras que el objetivo investigador está enfocado al desarrollo de investigaciones aplicadas en psicología clínica y de la salud, especialmente con muestras clínicas. El personal de estos centros está formado fundamentalmente por (1) psicólogos que realizan tareas de asistencia psicológica como profesionales en formación y que están ligados al centro a través de distintos programas de formación (p. ej., becas-residencia, becas-colaboración, prácticas de enseñanzas de máster o experto), y (2) profesores universitarios que ejercen labores de supervisión y, en algunos casos, también asistenciales (a los que se unen profesores que realizan proyectos de investigación, programas subvencionados o convenios con otras entidades). En muy pocos centros cuentan además con personal contratado, bien clínico (p. ej., psicólogos profesionales) o administrativo (personal de secretaria o recepción).

Dado el carácter universitario y asistencial de estos centros, la implantación en ellos de una formación de posgrado en psicología clínica y psicoterapia que siguiera un sistema de residencia parecido al que, por ejemplo, ya existe en los centros de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), de la Universidad de Barcelona o de la UNED, tendría, en principio, múltiples ventajas sobre los sistemas de formación de posgrado anteriormente mencionados. Así, la posibilidad de contar con la supervisión de profesores universitarios y que además éstos pueden pertenecer a distintos departamentos universitarios de Psicología o, incluso, de otras ciencias afines, en función de las características de los casos a supervisar supondría, a priori: (a) una mayor integración entre conocimientos teóricos y práctica profesional; (b) mayor facilidad para contar con una supervisión multidisciplinar y especializada, y (c) mayores posibilidades de observar y participar en investigaciones clínicas y aprender, por lo tanto, a evaluar las intervenciones que se practican. Por otro lado, frente a los máster, es obvio que el sistema de residencia en los centros universitarios permitiría que los licenciados en formación realizaran un mayor número de horas de práctica clínica supervisada. Es más, dada las características de estos centros, esa práctica clínica supervisada, en comparación a la que se realiza dentro del sistema PIR, se acercaría mucho más a las condiciones y forma de trabajo en las que se desenvuelven la mayoría de los psicólogos clínicos en España en cuanto al tipo de problemas y pacientes, duración de las terapias y de las sesiones terapéuticas, tipo de relación profesional e interpersonal con el paciente, etc. Efectivamente, un estudio muy reciente ha vuelto a confirmar datos previos que indicaban que en España la mayoría de los psicólogos clínicos (aproximadamente el 63% ) trabajan en centros privados (Santolaya et al., 2002). En este sentido, los centros universitarios de asistencia psicológica que tienen un sistema de formación en residencia funcionan, en general, de forma más parecida a esos centros privados que a los centros públicos de salud mental (p. ej., la atención es ambulatoria, con sesiones semanales de una hora de duración y no es gratuita). Por supuesto, ese parecido con los centros privados de psicología clínica supone que también comparten con ellos algunas limitaciones en cuanto a su objetivo de ofrecer una formación óptima de posgrado en psicología clínica y psicoterapia, entre las cuales se podría destacar la imposibilidad de observar algunas áreas de intervención (p. ej., psicosis graves, pacientes internos) y el hecho de trabajar con problemas y poblaciones más homogéneas. De hecho, esta última limitación puede ser especialmente notoria en el caso de los centros universitarios de asistencia psicológica, puesto que el porcentaje más grande de usuarios corresponde a los estudiantes universitarios. Una posible solución a estas dos limitaciones podría pasar por el diseño de un programa de formación coordinado con los hospitales universitarios de forma que, aunque los residentes pasaran la mayor parte de su tiempo en el centro universitario de asistencia psicológica, pudieran también rotar por los servicios de psicología y psiquiatría de dichos hospitales o por los centros de salud mental vinculados a ellos.

LA UNIDAD DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y DE LA SALUD DE LA UCM

Para valorar mejor las ventajas y limitaciones expuestas anteriormente, se exponen a continuación las características y el funcionamiento como centro de formación de posgrado de la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la UCM. La Unidad es un centro sin ánimo de lucro creada en la Facultad de Psicología para cumplir labores asistenciales y de apoyo a la docencia y a la investigación, y que figura como grupo de investigación especializado en el Catálogo de Oferta Científico-Tecnológica de la UCM y es centro colaborador del practicum de los alumnos de la especialidad de psicología clínica y de la salud de la Licenciatura de Psicología. La Unidad empezó a prestar servicios asistenciales psicológicos en 1999 como centro sanitario reconocido por la Comunidad Autónoma de Madrid y, con el ánimo de no incurrir en competencia desleal, las tarifas que cobra por esas prestaciones se corresponden con los honorarios propuestos por el COP de Madrid (aunque como centro universitario, los estudiantes y el personal de la UCM y sus familiares directos, se benefician de una reducción del 50%). En el 2002, en la Unidad se realizaron 2076 prestaciones asistenciales (cada una supone una sesión de evaluación o tratamiento de una hora de duración) y se atendió a 169 pacientes nuevos. Los motivos principales de consulta que informan los pacientes son problemas de ansiedad (26%), depresión (14%) o una combinación de múltiples problemas (14%), siendo menos frecuentes los trastornos por adicción-dependencia de sustancias (2%), de alimentación (2%) o psicóticos (2%). La mayoría de los pacientes son estudiantes y personal de la UCM o sus familiares (75%), siendo su perfil más frecuente el de mujer (71%), de entre 21-30 años (44,7%), con estudios universitarios (56,4%), soltera (64,3%) y de profesión estudiante (43%).

Actualmente, la Unidad está compuesta por: un director, dos directores asistenciales, un director de investigación y otro de docencia (todos ellos profesores del Departamento de Psicología Clínica de la UCM), nueve becarios-residentes, dos administrativos y 43 tutores-supervisores, y cuenta además con un órgano de gestión consultivo en la Facultad de Psicología compuesto por 14 profesores numerarios de la misma presididos por su Decana. Los becarios-residentes de la Unidad son licenciados en Psicología que, mediante una beca-colaboración de la UCM, realizan evaluaciones e intervenciones en el área de la psicología clínica y de la salud según protocolos previamente establecidos y bajo la supervisión de tutores-supervisores, para completar así su formación clínica mediante un sistema de residencia de dos años de duración. Los requisitos para acceder a estas becas-colaboración son: ser licenciado en Psicología por la UCM, tener menos de 28 años o haber finalizado los estudios de licenciado en los últimos 5 años, y estar colegiado en el COP. Cada año, la UCM oferta 4-5 becas-colaboración, y los candidatos son seleccionados mediante un concurso público en el cual se valoran (a) su currículum y sus méritos según un baremo también público, y (b) sus habilidades clínicas en el manejo, evaluación, diagnóstico e intervención de problemas clínicos a través de una prueba práctica de role-playing que se graba en vídeo y es puntuada por expertos. Los becarios-residentes tienen una jornada laboral de 35 horas semanales por la cual reciben una remuneración de 601,01€mensuales. Los supervisores-tutores son especialistas en psicología clínica y de la salud que de forma interdisciplinar trabajan en la supervisión de la práctica clínica de los becarios-residentes y que se van incorporando en función de las necesidades de la Unidad y de las características de los casos a supervisar. Hasta ahora han colaborado como supervisores 43 especialistas: 36 profesores de la UCM pertenecientes a seis departamentos distintos (aunque, obviamente, la mayoría de ellos pertenecen al Departamento de Psicología Clínica), y siete profesionales externos a la Universidad. Los supervisores reciben una remuneración de 60 por hora de supervisión, y son seleccionados y asignados a los distintos casos por la dirección de la Unidad en función de su perfil de especialización, el cual se evalúa a través de un cuestionario que prima la experiencia en tratamientos psicológicos avalados empíricamente.

El currículum del plan de formación para los becarios-residente se estructura en torno a cuatro actividades: (a) práctica clínica supervisada mediante sesiones individuales con el tutor-supervisor asignado, (b) sesiones grupales de supervisión con los directores asistenciales, y (c) formación teórica-práctica a través de sesiones clínicas, talleres teórico-prácticos, seminarios de investigación, conferencias y formación externa. La práctica clínica diaria de los becarios-residentes está supervisada constantemente mediante sesiones de supervisión individual por los tutores-supervisores asignados. El objetivo de estas supervisiones es el seguimiento del proceso de evaluación e intervención, y de las habilidades terapéuticas del becario-residente. Para ello, se exige que al menos una de las sesiones de terapia sea supervisada a través de su observación directa mediante el uso del espejo unidireccional o mediante su grabación en vídeo. Para cada caso, el becario-residente mantiene reuniones individuales con su tutor-supervisor, de una duración media de 55 minutos, siguiendo al menos la siguiente pauta mínima: una sesión de supervisión durante el proceso de evaluación, otra sesión para la planificación del tratamiento y antes de la iniciación del mismo, y una sesión por cada 4-5 sesiones de tratamiento. Además de la supervisión individual, desde este año la práctica clínica de los residentes es supervisada de forma grupal por los directores asistenciales de la Unidad mediante la realización de dos sesiones grupales semanales. La formación teórica-práctica contempla cinco tipo de actividades distintas: (1) la asistencia a sesiones clínicas semanales de una duración aproximada de 2 horas y media; (2) la realización de talleres teóricos-prácticos, organizados por la Unidad e impartidos por especialistas invitados, que con una duración entre 5 y 15 horas versan sobre el tratamiento de diversos trastornos psicológicos, distintas formas de terapia o el afrontamiento de problemas en la práctica clínica; (3) la realización de seminarios de investigación que imparten, como contraprestación, aquellos profesores que quieren llevar a cabo alguna investigación en colaboración con la Unidad y que suelen durar entre una y dos horas; (4) la asistencia a conferencias de una hora y media de duración en las que especialistas de renombre exponen los últimos avances en un área particular de la psicología clínica, y (5) la asistencia a seminarios, cursos y reuniones científicas sobre psicología clínica que son organizadas por otros centros. Aunque en la convocatoria de las becas-residencia se propone que la formación teórica-práctica suponga un mínimo de 20-30 horas al año, la realidad es que la Unidad lleva ofertando desde sus inicios entre 75 y 80 horas anuales de ese tipo de formación. Todas las actividades que forman parte del currículum de formación de posgrado de la Unidad son evaluadas continuamente por los becarios-residentes mediante un cuestionario creado al efecto que es administrado tras cada actividad formativa y completado de forma anónima, y, a partir de los datos obtenidos con dicho cuestionario en los años 2001 y 2002, se puede estimar que tanto las actividades de supervisión individual como las sesiones clínicas, los talleres teórico-prácticos y las conferencias, han sido valoradas de forma muy positiva por los becarios-residentes que han pasado hasta ahora por la Unidad (todas ellas con una media de igual o superior a 4 en una escala de 0 a 5).

Finalmente, cabe preguntarse si el plan de formación de la Unidad se ajusta a los estándares europeos de la EFPA. Es obvio que el programa de formación de dos años de la Unidad no cumple el criterio mínimo de tres años de la EFPA; sin embargo, a pesar de contar con un año menos, sí cumple los mínimos cuantitativos de la EFPA en cuanto a la práctica clínica supervisada (500 horas con al menos 10 pacientes) y a la supervisión (150 horas). Efectivamente, dado el número de prestaciones asistenciales y de pacientes que se están atendiendo anualmente en la Unidad, los becarios-residentes están realizando durante sus dos años de formación una media de 523 horas de práctica clínica supervisada con al menos 42 pacientes. Por otro lado, dada la programación de supervisiones individuales y grupales de la Unidad y teniendo en cuenta los datos reales de las supervisiones individuales efectivamente realizadas en los últimos años, los becarios-residentes están recibiendo durante sus dos años de formación una media de 218 horas de supervisión (aproximadamente 58 horas de supervisión individual y 160 de supervisión grupal). Respecto a la formación teórica-práctica en teorías y técnicas psicoterapéuticas y en metodología investigadora, el currículum de la Unidad supone una media de 350 horas de formación a lo largo de los dos años de residencia entre sesiones clínicas, talleres teórico-prácticos, seminarios de investigación, conferencias y formación externa, cifra que no se encuentra muy alejada del mínimo cuantitativo propuesto por la EFPA (400 horas). Por otro lado, aunque en la Unidad se contempla una evaluación inicial de la adecuación personal para ser psicoterapeuta dentro del proceso de selección de los candidatos a las becas-residencia, no hay ningún procedimiento sistemático de evaluación continuada de dicha adecuación, sino que queda al arbitrio de los tutores-supervisores de cada residente y de los directores asistenciales. Es más, tampoco se oferta de una manera sistemática ningún entrenamiento específico en esa dirección, aunque en algunas ocasiones se han planificado talleres teórico-prácticos sobre el tema (p. ej., talleres sobre habilidades terapéuticas y aspectos éticos en la práctica clínica"). Por último, el número de plazas que se ofertan para la formación en residencia en la Unidad es, lamentablemente, muy escaso e insuficiente. Anualmente, se están convocando cuatro ó cinco becas-residencia para la Unidad, mientras que en los últimos años aproximadamente 300 alumnos se licencian en Psicología en la UCM con la especialidad de psicología clínica y de la salud, y entre 40 y 60 candidatos se han presentado a esas plazas.

CONCLUSIONES

Actualmente existen en España varias alternativas para que los licenciados en Psicología obtengan una formación de posgrado en psicología clínica, entre las cuales destacan el sistema de residencia PIR y los máster universitarios y no universitarios. Una alternativa menos conocida y que se ha pretendido presentar en este artículo, es el sistema de residencia que ofrecen algunos centros universitarios de asistencia psicológica como, por ejemplo, el que ofrece la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la UCM mediante becas-residencia. Teniendo en cuenta que la actividad psicoterapéutica forma parte esencial de la labor de los psicólogos clínicos y partiendo de los estándares europeos de la EFPA para la formación especializada en psicoterapia, el análisis que se ha presentado en las páginas anteriores, aunque tiene sus limitaciones y en muchos casos es tentativo, parece sugerir que ninguna de esas alternativas cumple estrictamente los criterios mínimos propuestos por la EFPA, sino que todas ellas presentan sus puntos fuertes y débiles al respecto y, por tanto, son mejorables y deberían mejorar. Además, parece que hoy en día en España, todas las alternativas son necesarias y tienen su lugar dada la alta demanda y necesidad de este tipo de formación de posgrado entre los licenciados en Psicología, y dadas las limitaciones que cada sistema tiene en particular en cuanto al número de licenciados que pueden formar, bien por el escaso número de plazas que oferta o bien porque los requisitos económicos que plantean limitan el acceso de muchos licenciados a ese tipo de formación.

En este contexto, los programas de formación en residencia que pueden ofrecer los centros clínicos universitarios parecen combinar algunos de los puntos fuertes del sistema de residencia PIR (altos niveles de práctica clínica supervisada y de supervisión) y algunos de los puntos fuertes de los máster universitarios (formación en teorías y técnicas psicoterapéuticas y en la evaluación de la eficacia de esas técnicas a cargo de profesores con una alta preparación teórica y metodológica), aunque, hoy en día, también tienen sus propias limitaciones. En concreto, y tomando como ejemplo la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la UCM, esa formación teórica-práctica en teorías y técnicas psicoterapéuticas y en metodología investigadora no alcanza todavía los mínimos cuantitativos propuestos por la EFPA (aunque no se encuentra muy lejos). Además, un aspecto común deficitario a todas las alternativas de formación que se han revisado (PIR, máster universitarios, máster no universitarios y centros clínicos universitarios), es la ausencia de una adecuada evaluación y entrenamiento personal sobre cómo manejar de manera apropiada y atendiendo al código deontológico del psicólogo los problemas con los que se ha de enfrentar un psicoterapeuta en su relación con el paciente (la denominada idoneidad personal como psicoterapeuta).

Es de esperar que este tipo de análisis de puntos fuertes y débiles respecto a criterios estándar de formación en psicología clínica, puedan ayudar a que los responsables de los distintos sistemas de formación de posgrado de carácter profesional en psicología clínica puedan mejorar dichos sistemas de tal forma que podamos potenciar entre todos el que los psicólogos que trabajan en el ámbito de la psicología clínica ofrezcan a sus potenciales clientes unos servicios profesionales de calidad.

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  Tabla 1.    UNA MUESTRA DE LOS MÁSTER O MAGÍSTER EN PSICOLOGÍA CLÍNICA O PSICOTERAPIA QUE OFRECEN LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS
  Tabla 2.    UNA MUESTRA DE LOS MÁSTER O MAGÍSTER EN PSICOLOGÍA CLÍNICA O PSICOTERAPIA QUE OFRECEN LOS CENTROS PRIVADOS DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA Y LAS ASOCIACIONES Y SOCIEDADES CIENTÍFICAS O PROFESIONALES DE PSICOLOGÍA CLÍNICA
  Tabla 3.    UNA MUESTRA DE LOS CENTROS UNIVERSITARIOS DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA EN ESPAÑA