PAPELES DEL PSICÓLOGO Vol. 39-1 Enero - Abril 2018

ron señaladas por González-Ferrer en 2013, continúan en la actualidad. A modo de ejemplo, podemos citar los casos paradigmáticos de Reino Unido e Irlanda. Para el primero, según el INE (2016) el número de españoles emi- grados en 2015 era de 6.038 mientras que los organis- mos británicos ofrecían una cifra de 50.028 (cinco veces más). En el segundo caso las diferencias se multiplican por ocho, 516 personas según el INE y 4351 según las institu- ciones irlandesas. Actualmente el INE (2017) señala que el número total de personas españolas que han emigrado desde 2008 al extranjero es de 556.918, de las cuales un 42% viven en países europeos. Entre los principales desti- nos se encuentran Reino Unido, Alemania y Francia. Los flujos migratorios han ido incrementándose año a año, aunque se vislumbra una tendencia a la baja a partir de 2016. A continuación, se muestra un gráfico que recoge la evolución desde el año 2008 hacia éstos tres destinos principales LAS MIGRACIONES DESDE UN ENFOQUE PSICOSOCIAL A pesar de la gran relevancia que en la actualidad tie- ne el fenómeno de la emigración española, son escasos los trabajos a nivel psicosocial referidos a este colectivo (Elgorriaga, Ibabe y Arnoso, 2016; Requés y de Cos, 2003; Vallejo-Martín y Moreno-Jiménez, 2016). Desde una perspectiva psicológica, la experiencia mi- gratoria se entiende como una etapa transitoria en la que la persona que se desplaza debe hacer frente a un nuevo contexto. Ello conlleva que la persona migrada pase por una fase de ajuste que se conoce como proceso de acultu- ración (Redfield, Linton y Herskovist, 1936). En él se pue- den distinguir dos dimensiones, ajuste sociocultural y ajuste psicológico, que aunque correlacionan entre sí, no son ajustes idénticos. El primero estaría compuesto por factores como la discriminación percibida (Checa y Arjo- na, 2005, Piontkowski, Florack, Hoelker y Obdrzálek, 2000; Swawi, 2009) el grado de contacto con la pobla- ción autóctona (Vallejo, 2009; Ward y Kennedy, 1993) o las dificultades socioeconómicas (De Luca, Bobowik y Ba- sabe, 2011). Por su parte, el ajuste psicológico está deter- minado por variables como el apoyo social (Singh, McBride y Kak, 2015; Vallejo-Martín y Moreno-Jiménez, 2014) o las expectativas migratorias (Berry, 1997; Mähö- nen, Leinonen y Jasinskaja-Lahti, 2013; Moreno-Jiménez, Ríos-Rodríguez, Canto-Ortiz, San Martín-García y Perles- Nova, 2010). Existen varios modelos que explican desde una perspectiva psicosocial los factores que inciden en el proceso de adaptación del proyecto migratorio; entre ellos podemos citar el Modelo de Aculturación (Berry, Kim, Po- wer, Young y Bujaki, 1989), el Modelo de Parker y McE- voy (1993) o el Modelo de Satisfacción Vital para Inmigrantes (Vallejo-Martín y Moreno-Jiménez, 2014), en los que no nos detendremos por exceder las pretensiones de este manuscrito. En cualquier caso, en todos ellos se determina que el empleo y sus condiciones juegan un pa- pel central en la experiencia migratoria y en el ajuste del proceso de aculturación. Tal y como indican varios auto- res (Becker, 1964; Harris y Todaro, 1970; Piore, 1979; Stark y Bloom, 1985), los flujos migratorios parten de mo- tivaciones económicas, de la racionalidad del mercado de trabajo y de las expectativas profesionales de las personas desplazadas. A pesar de ello, los estudios que relacionan trabajo y ajuste psicológico en población migrante no son abundantes. LA IMPORTANCIA DEL FACTOR EMPLEO Según Aycan y Berry (1996), las personas inmigrantes son especialmente sensibles a los riesgos en el trabajo. Este hecho se produciría por tres razones: 1) las perso- nas inmigrantes tienden a ocupar puestos de unas bajas condiciones laborales, rechazados por autóctonos, con una alta precariedad y bajos salarios (Moreno-Jiménez et al., 2010; Pajares, 2009; Porthé, Amable y Benach, 2007); 2) los inmigrantes tienden a desempeñar funcio- nes por debajo de su cualificación, lo que podría llegar a suponer una ruptura con el contrato psicológico entre trabajador y organización (Morgan y Finniear, 2009) y 3) debido al idioma o pautas culturales diferentes puede producirse una falta de adaptación al puesto de trabajo aumentando el estrés aculturativo (Ramos-Villagrasa, García-Izquierdo y García-Izquierdo; 2011). El trabajo debería ser una fuente de realización perso- nal, seguridad, contacto social y salud física y mental (Gamero, 2009; Salanova, Gracia y Peiró, 1996). Sin SATISFACCIÓN LABORAL Y EMIGRACIÓN 72 A r t í c u l o s FIGURA 1 EVOLUCIÓN DEL FLUJO MIGRATORIO DE ESPAÑOLES A ALEMANIA, FRANCIA Y REINO UNIDO

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