PAPELES DEL PSICÓLOGO Vol. 39-3 Septiembre - Diciembre 2018

desórdenes de ansiedad, de control de impulsos y de otras pa- tologías están altamente relacionados con la desigualdad. La tasa de enfermedades mentales del conjunto de la población es cinco veces mayor en los países más desiguales que en los me- nos desiguales, las personas tienen cinco veces más probabili- dades de ir a la cárcel, seis más de ser obesos y también más posibilidades de verse envueltos en un homicidio. El efecto psicológico de ser pobre a pesar de madrugar cada día para ir a trabajar puede ser incluso más devastador que el de desempleo de larga duración. Este último tiene, al menos, la esperanza de encontrar un empleo. El trabajador pobre, en cambio ya tiene una nómina y no ve que otra cosa puede ha- cer para escapar de la miseria. Una gran parte de la sociedad vive en situación precaria. La precariedad genera inseguridad. Se mal vive o se sobrevive en una situación límite en la que gastos imprevistos o una pérdida de empleo o empeoramiento de las condiciones laborales les lleva a perderlo todo: son economías vulnerables, vidas vulne- rables. Hay una incapacidad clara para afrontar gastos impre- vistos. 4 de cada 10 personas estan en esta situación. Los cambios en el papel del trabajo también tienen un importan- te impacto como señala, por ejemplo, Neimeyer (2007) “ el traba- jo determina gran parte de nuestro pasado, de nuestro presente y nuestro futuro y su pérdida hace que se tambaleen los cimientos de nuestra identidad y nuestros planes de vida” (p.35). Con respecto a la perdida de vivienda, este provoca conse- cuencias de gran trascendencia dado el valor sociocultural asociado a ella; seguridad, integración social, espacio para el desarrollo familiar, identidad y auto definición, relaciones so- ciales y red de apoyo, y un largo etcétera. Se ve afectada la seguridad, se quiebran proyectos de vida, se deteriora la auto- estima y la confianza en los recursos propios. La vida pierde su estructura y organización, incluyendo, en muchos casos, la se- paración del entorno social. Un desahucio es como una monta- ña rusa emocional (Ramis Pujol y Cortés, 2013). Un desahucio es etimológicamente la perdida de “aucio”, de esperanza, vivir la desesperanza, por tanto, una de las situaciones de mayor vulnerabilidad posible. Una de las manifestaciones más contundentes y graves de es- ta situación combinada de crisis que permanece en el tiempo y recortes masivos de derechos son, sin duda, los desahucios, una situación sobre las que podemos y debemos intervenir des- de el punto de vista psicológica y social. A partir de nuestra experiencia podemos compartir que es frecuente que ante evoluciones problemáticas o situaciones crí- ticas aparezcan experiencias emocionales muy intensas que pueden resultar desadaptativas en muchas ocasiones. Culpa, vergüenza, rabia, frustración, tristeza, impotencia etc., son emociones que vividas de forma intensa y sin la canalización adecuada bloquean, conducen al aislamiento social, a la sole- dad existencial y, sobre todo, generan en la persona que lo ex- perimenta una percepción extremadamente negativa de sí misma, de su nivel de competencia. PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN: PSICOLOGÍA SIN FRONTE- RAS, PSICOLOGÍA EN TIEMPOS DE CRISIS Los profesionales de la psicología somos trabajadores/as del Bienestar Social, somos también ciudadanos, y la psicología co- mo ciencia comprometida con las personas tiene o tendría mu- cho que decir y hacer en esta situación, debemos ser conscientes de la necesidad y responsabilidad que tenemos de ejercer nues- tra profesión siempre, y más en estos momentos difíciles, con un nivel de exigencia, profesionalidad, rigor y compromiso con las personas y la solución a sus problemas que vaya más allá de re- ducir el análisis y las intervenciones a lo individual. Se están usando con cierta frecuencia estrategias psicológicas basadas en el miedo para paralizar a las poblaciones someti- das a una especie de terapia de sock que pretende dejarles in- diferentes o anestesiados mientras se recortan sus derechos. Se estan usando visiones individualizadoras que descontextuali- zan los problemas y su análisis. Con cierta frecuencia, como denunciaba en el pasado (Mar- tín Baró, 1989), la psicología cumple la función en esta coyun- tura de hacer asumible lo inasumible, de hacer aceptable lo inaceptable, de etiquetar como enfermos a los sujetos cuando la enfermedad es el sistema y el entorno. Hay otra psicología posible y necesaria, comunitaria, solidaria, de denuncia, críti- ca, que empodere, que potencia la resiliencia y a los resilien- tes, que apueste por un análisis completo de los problemas incorporando el ambiente en la concepción de los mismos y en las propuestas de intervención. Volver a juntar a la gente, a la intervención comunitaria, a las respuestas colectivas, incorporar en nuestros análisis y pro- puestas la intervención grupal, en el contexto, en el ambiente. Hay que recuperar la consideración como fundamental de los aspectos estructurales, sociales, colectivos o globales en la ex- plicación de las desigualdades, sin perjuicio de que las inter- venciones que se desarrollen se puedan realizar en un plano individual. Debemos, al tiempo estar convencidos de que las personas y su bienestar deben estar en el centro y marcar todas nuestras decisiones, las personas y su sufrimiento, las personas y sus derechos, las personas por encima de la economía, por enci- ma del dinero, por encima del crecimiento como único motor vacío de contenido. La psicología dispone de un inmenso arsenal conceptual y de intervención para generar y potenciar ciudadanos libres, inde- pendientes y solidarios, personas capaces de crear y unirse en redes sociales que generen respuestas colectivas y apoyo social mutuo, que se organicen para responder en conjunto. Hay alternativas, tiene que haberlas, debe haberlas, tenemos que construirlas entre todos y todas. Es la comunidad al completo la que enferma a través del mantenimiento, y el incremento, de situaciones injustas que protegen a los sectores sociales más poderosos mientras au- menta la presión sobre los sectores más desfavorecidos culpa- bilizándolos y estigmatizándolos. PSICOLOGÍA Y DERECHOS HUMANOS 232 A r t í c u l o s

RkJQdWJsaXNoZXIy NDY3NTY=