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Papeles del Psicólogo es una revista científico-profesional, cuyo objetivo es publicar revisiones, meta-análisis, soluciones, descubrimientos, guías, experiencias y métodos de utilidad para abordar problemas y cuestiones que surgen en la práctica profesional de cualquier área de la Psicología. Se ofrece también como foro para contrastar opiniones y fomentar el debate sobre enfoques o cuestiones que suscitan controversia.

PAPELES DEL PSICÓLOGO
  • Director: Serafín Lemos Giráldez
  • Difusión: (Noviembre 2013)
         Media de difusión: 57.900 ejemplares
  • Periodicidad: Enero-Abril | Mayo-Agosto | Septiembre-Diciembre
  • ISSN: 0214 - 7823
  • ISSN Electrónico: 1886-1415
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Papeles del Psicólogo, 1984. Vol. (16-17).




LA FORMACIÓN DEL PSICÓLOGO DE LA INTERVENCIÓN SOCIAL

José María Rueda

Psicólogo responsable de los programas de infancia , adolescencia y juventud de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Barcelona.

El ámbito de actuación del Psicólogo de la Intervención Social incluiría los "Servicios Sociales" en sentido amplio y en sentido restringido, "Justicia" tanto por la perspectiva de prevención como reforma, "Juventud" cuando asume en su programa la concretización de ciertos servicios sociales adaptándolos a la edad de la población (Equipos de sexualidad, marginación, drogodependencia, etc.). El nombre que utilizamos Servicios Sociales, incluye todo el ámbito de actuación.

Lo primero a señalar es la novedad del ámbito profesional; fuera de raras excepciones, sólo cuenta con una antigüedad de cinco a seis años de experiencia, aunque las teorías y principios científicos que pretende desarrollar son mucho más antiguos (psicología social, psicología del grupo, psicología de la comunidad, técnicas de consultores, etc.).

En segundo lugar debemos poner en evidencia el hecho de que los servicios sociales no están suficientemente desarrollados ni extendidos en el Estado español; ello hace que hoy el número de psicólogos que trabajan en ellos sea un número reducido, aunque de tomar la cosa en serio no deja de ser esperanzador ver las posibilidades de trabajo que ello conllevaría si se hiciera una promoción seria de los mismos.

En tercer lugar hemos de decir que los psicólogos no han participado en la formulación de los servicios sociales de nuestro país, sino que más bien se han incorporado tarde, tímidamente y mal. Tarde porque ha sido la iniciativa de otros profesionales (especialmente los asistentes sociales) los que han tomado conciencia de su necesidad y han arbitrado los medios que han creído oportunos para implicar a la administración. Tímida porque cuando algún psicólogo se ha incorporado normalmente lo ha hecho de forma subsidiaria, sirviendo de recurso de los profesionales y no en el problema que se tiene entre manos. Y mal porque no hemos sido sensibles ni sabido comprender la importancia de los mismos, ni hemos colaborado de forma clara y decidida, y más bien cuando nos hemos incorporado a ellos lo hemos hecho como un mal menor de no estar trabajando en salud, o en educación, por poner algún ejemplo.

A pesar de lo dicho, varias son las razones que ponen en evidencia la necesidad de una formación especializada que permita reorganizar los conocimientos obtenidos, pero enfocados al objeto especifico de trabajo. Aunque es evidente la necesidad de instrumentar estos estudios, es también necesario dejar claro que serán limitados e insuficientes si se los reduce simplemente a una formación postgrado, es necesario que estos estén englobados dentro de un objetivo más amplio como es el de la formación permanente, en la que los estudios postlicencíatura sólo son un momento de los mismos.

Una razón para pensar en una formación especifica está en la constatación del trabajo interesante, esperanzador, a veces complejo y a veces ingenuo que se manifestó en las diversas ponencias, debates y reuniones paralelas que se tuvieron en el primer congreso del colegio profesional, donde se evidenció la avanzadilla de unos profesionales que se abren camino, y que requieren y necesitan mejorar su capacidad y su cualidad profesional.

La segunda y fundamental razón nace de las aportaciones que la psicología puede hacer a los servicios sociales si es capaz de reconocer que éstos están definiendo un campo de comportamiento que requiere nuestra colaboración, y que debemos acercarnos a él sin prejuicios y sin pretensiones.

Antes de entrar en materia nos parece que seria necesario no definir el papel del psicólogo por el nombre que hoy toma la administración, sino por aquello por lo cual se organiza ésta, independientemente del nombre que toma (simplemente como recordatorio algunos los conocen como servicios sociales, pero otros nombres afines son asistencia social, acción social, promoción ciudadana, incluso en algunos lugares se denomina bienestar social). En el Primer Congreso del Colegio profesional de psicólogos, de una forma provisional decidimos nombrar a este espacio como PSICOLOGIA DE LA INTERVENCION SOCIAL.

Del objeto de los servicios sociales desde la óptica de la psicología

Sin pretender decirlo todo, sino sólo algunos aspectos que por experiencia hemos llegado a concluir.

Es necesario, como decíamos antes, no ir con prejuicios si queremos ver el objeto que para el psicólogo tienen los servicios sociales; para ello es necesario separar el campo de competencias, el objeto, de otros aspectos que ocultan o dificultan su conocimiento, es necesario prescindir provisionalmente de la estructura administrativa, de la historia de los servicios sociales mismos (beneficencia, caridad, obras sociales, asistencia, atención paternalista, intuición profesional, etc.) y de los estereotipos simplistas con los que a veces nos referimos a los mismos (asistencia, pobres, beneficencia, asilos, etc.).

Sólo así podremos ver que los servicios sociales tienen competencia sobre las formas de estar en sociedad (delincuencia, en conflicto, etc.) o sobre la cualidad de estar en la misma (marginación...) o sobre la particular forma de hacerlo (etnias, cultura de la pobreza, etc.) o de los diversos momentos por los que pasa el ser social (infancia, jóvenes, adultos, tercera edad, etc.) o de las formas sociales a las que se ha impedido evolucionar (la mujer...) o la reintegración o nuevas formas de ser social (ex-presos, drogadictos, etc.). En resumen, el campo sobre el que se actúa y que a nosotros también nos compete es el de la SOCIALIZACION, entendiéndola como proceso y como estado, como diagnóstico y como intervención.

En este sentido, de la misma forma que hoy se habla de psicólogos de la educación y psicólogos de la salud, nos gustaría que nuestro campo fuera conocido como el de psicólogos de la socialización (y perdonen el atrevimiento de darle nombre). Por otra parte es conocido que hoy el término salud es un término suficientemente amplio como para que diversos profesionales lo invoquen como objeto de su trabajo; dado que los psicólogos que están en el campo clínico se refieren a él restringiéndolo o calificándolo de salud mental, en nuestro caso podríamos hacer un tanto análogo y referirnos a SALUD SOCIAL. Esta sería el equivalente a calidad de vida (volvemos a pedir perdón).

Y así podríamos diferenciar salud mental de salud social en cuanto ésta última hace referencia a la capacidad de los individuos y de los grupos de comunicarse, a analizar, asumir responsabilidad, provocar el cambio para mejorar, negociar, aceptar los límites de lo posible, etc. Siendo todos estos fenómenos la expresión de las formas de vida social, o dicho de otra forma, siendo la vida en relación la que posibilita o mantiene la salud social o, por el contrario, le imposibilita, aunque no por ello conlleve problemas propios del campo de la salud mental.

El término salud social implica el reconocimiento de la capacidad educativa y terapéutica que la sociedad, la comunidad, el grupo, el individuo tienen, así como que esta capacidad puede estar reducida o invertida, produciendo efectos contrarios a los deseados.

Reconocer esa capacidad es reconocer que todo grupo, comunidad o individuo puede encontrarse en tres estados diferenciados: el de SALUD SOCIAL, el de RIESGO de no estarlo, y el de estar en un parámetro contrario que denominaremos SOCIOPATOLOGICO. Cada uno de estos tres estados es mejorable y modificable, sujeto de intervención y por lo tanto capaz de aceptar la inclusión de profesionales, entre ellos el psicólogo, que permitan la recuperación de la potencia de educación y de terapias.

Reconocer la capacidad terapéutica y educativa en el grupo y en el individuo quiere decir poder adoptar los principios de la psicología de la comunidad que opera confiando en las fuerzas ambientales, y que en nuestro caso estarían dirigidos directamente hacia la salud social e indirectamente hacia la salud mental.

De los ámbitos de intervención del psicólogo en los servicios sociales

De una forma breve y recogiendo las aportaciones de los diversos participantes en el I Congreso del Colegio de Psicólogos, señalaríamos los siguientes ámbitos:

1. Programación

2. Asesoramiento de otros profesionales

3. Intervención en la demanda de los usuarios de los servicios sociales

4. Intervención en la comunidad

5. Intervención en las instituciones de los servicios sociales

6. Intervención en grupos sociopatológicos de la comunidad.

A continuación señalamos algunas características de estos trabajos, que serían los de que deberían conformar los contenidos de los procesos de formación necesarios.

Programación

Mediante la programación se actúa de intermedio entre las prioridades que señalan los políticos y las necesidades que tiene la comunidad.

La programación articula unas respuestas (todavía teóricas) que asumen la totalidad del problema, las partes del mismo y que para cada una de ellas articula los servicios, recursos, comportamiento de los profesionales adecuados; recoge y concilia con la misma las intuiciones, experiencias de otros profesionales; asume las formas culturales de la comunidad y confía en que por la activación de éstas o la implicación del psicólogo se obtengan las respuestas.

La programación en servicios sociales se hace en equipo interdisciplinario, donde la aportación del psicólogo viene en síntesis con otros profesionales como pueden ser el sociólogo, el asistente social (A.S.) o el educador especializado (E.E.), etc. La interdisciplinariedad es ocasión de clarificación, diferenciación y complementación de roles.

El psicólogo necesita conocer técnicas de planificación, de análisis de problemas, de métodos de respuesta, métodos de evaluación, etc.

Asesoramiento a profesionales

Recogemos en este apartado todas las técnicas de apoyo o de ayuda que el psicólogo utiliza para que otros profesionales puedan: comprender mejor lo que está pasando, ampliar la visión sobre el objeto de trabajo, comprendernos como parte del problema ya que estamos trabajando en él, analizar la índole de las dificultades, redescubrir nuevas hipótesis, evaluar hipótesis anteriores a partir de los efectos obtenidos, etc.

En este apartado el psicólogo necesita técnicas de diálogo, entrevista, análisis, etc.

Intervención en la demanda de los usuarios de los servicios sociales

Toda demanda tiene una dimensión psicológica que se ha de poner en evidencia y decidir si se ha de actuar en ella o no.

La conexión del psicólogo con el usuario se hace fundamentalmente para reconocer la capacidad del sujeto o del grupo (familia...) para poder ser una vez activada su propia respuesta.

Cuando la demanda viene intermediaria por el asistente social u otro profesional, mediante técnicas de análisis tendrán qué redescubrir cuáles son esas fuerzas que el grupo posee, al tiempo que ayudará al profesional que lleva el caso a que actúe para que su acción potencie al grupo o al sujeto objeto de intervención.

En el caso que se decida que la intervención la va a llevar el psicólogo, su diagnóstico, estrategia, técnica y práctica irán encaminadas a hacer real lo que hemos definido como salud social (siendo costumbre en nuestra práctica, si el caso presenta problema propio de salud mental, derivarlo hacia los centros de salud pertinentes).

La tendencia es que los diversos casos sean analizados por un equipo interdisciplinario, tanto en el diagnóstico como en el proceso de intervención como en la evolución del caso y en la evaluación del mismo.

En este nivel el psicólogo requiere técnicas de diagnóstico, capacitación para el análisis de la intervención de otros profesionales, capacidad para organizar programas de aprendizaje, educativos o terapéuticos a desarrollar y mantener por A.S. o educadores, técnicas de intervención terapéuticas, etc.

Intervención del psicólogo en la comunidad

El objetivo del trabajo del psicólogo en la comunidad es intervenir directa o indirectamente para que el estado de salud social sea mejor, desaparezcan o se debiliten las condiciones sociales portadoras de riesgo para los que en ella viven, así como para transformar las situaciones conocidas como sociopatológicas (aunque de estas últimas haremos mención posteriormente). Es indudable que se privilegiará aquellos sectores sociales (niños y ancianos, disminuidos, etc.) que más sujetos están al impacto del riesgo.

Para ello:

El psicólogo debe estar capacitado para poder diagnosticar el estado de salud social de la comunidad, del riesgo que ésta conlleva y de las sociopatologías que desarrolla.

Debe estar capacitado para establecer proyectos provisionales que sean la hipótesis de su respuesta; debe saber vincularlos a otros profesionales implicados en su desarrollo (asumiendo de ellos iniciativas, propuestas, etc.), debe hacerlo respetando la idiosincrasia del grupo, las formas de explosión cultural, organizativas, etc., recogiendo y desarrollando las fuerzas más óptimas para llevarlo adelante.

Debe ser capaz de establecer proyectos complementarios donde los sujetos de la comunidad puedan potenciar, aprender y desarrollar sus capacidades, tanto en la acción como en el análisis, conciencia, etc.

Mediante su actuación garantizará que el proyecto sea un instrumento de salud social, y para ello trabajará en que los espacios de regulación del mismo (de análisis, crítica, evaluación, etc.) sean amplios y abiertos, para evitar que el proyecto sea una nueva respuesta burocrática (y nueva forma de despotismo ilustrado).

Ofrecerá sus servicios como experto para que todos los grupos que lo requieran puedan consultarle, asesorarle, etc.

Colaborará de forma intensa para que el equipo dirigente del proyecto pueda superar las dificultades que éste conlleva, ayudando al análisis o aportando nuevos datos que permitan superar las dificultades, o proporcionando entrenamientos suficientes para poderse enfrentar con nuevas posibilidades.

Necesita: 1. Métodos de análisis etológicos, ecológicos, fenomenológicos, sociológicos, psicosociales; 2. Técnicas de comunicación; 3. Técnicas de análisis, trabajo y terapia de grupos; 4. Técnicas de transmisión de habilidades y capacidades; 5. Técnicas de formación, concienciación, sensibilización, etc.; y 6. Sin olvidar el conocimiento de las características de cada uno de los sectores de la sociedad y la fragilidad ante el riesgo que ello conlleva.

Intervención del psicólogo en las instituciones de los servicios sociales

El objeto de la intervención del psicólogo en las instituciones es ayudar a reorganizar las fuerzas ambientales que operan para obtener el objetivo de salud social.

Es indudable que esa red, ese sistema de fuerzas mantenedoras de la salud o del riesgo o de la sociopatologia institucional se manifiesta en la organización, en los ritmos conductuales, en las estereotipias de funcionamiento, etc.; pero también es evidente que pocas veces se relacionan ni con la conducta de los mantenedores de la institución ni con los efectos en los miembros de la misma. De aquí que el trabajo del psicólogo consista en:

a) Establecer un dispositivo de investigación permanente sobre la institución, mediante el cual pueda diagnosticar prontamente la calidad social de la misma, los riesgos que conlleva y las sociopatologías y patologías que produce y mantiene.

b) Establecer y mantener un dispositivo de análisis donde el dispositivo de investigación o la investigación que puede llevar el mismo dispositivo de análisis, pase a formar parte de la conciencia de los sujetos y sea un regulador clave para poder tomar acuerdos que mantengan los aspectos positivos o modifiquen los que no lo son.

c) Un tercer dispositivo que mantendrá hará referencia a la conexión de la institución con otras instituciones a las cuales se vincula, como pueden ser la familia de los residentes, escuela o asociación de vecinos, de forma que se garantice que circulará de fuera a dentro y de dentro a fuera la información suficiente para que la institución no se vuelva aislante, institucionante para sus miembros.

d) Establecerá proyectos de trabajo junto a los demás profesionales, para que se recupere la salud social de aquellas otras instituciones, como pueden ser las familias, y que pueden permitir el retorno a ellas del usuario de la institución, o trabajará para que se establezcan fórmulas alternativas de convivencia (ver, para este apartado, lo que hemos dicho referido a la intervención en la demanda).

e) Mantendrá atención y apoyo a los otros profesionales, para que puedan desarrollar su trabajo plenamente (ver intervención en asesoramiento).

f) Además de las técnicas que ya hemos señalado en otros apartados, es necesario añadir las técnicas propias del análisis institucional, psicología de las organizaciones, etc.

Intervención del psicólogo en los grupos o agrupaciones con características semi o sociopatológicas

Nos referimos a grupos como delincuencia, prostitución, drogodependencia, etc. El objetivo de la intervención es descomponer, destructurar, las fuerzas mantenedores que operan dentro y fuera de un conjunto social definido como psicopatológico, al, objeto de que los individuos puedan optar por nuevas formas de estar en la sociedad que les sean más útiles a ellos y a los demás. Para ello el psicólogo:

a) Mediante un equipo interdisciplinario investigará las leyes concretas que hacen que el individuo se mantenga en el grupo, y que mantenga al grupo, para que pueda instrumentar dispositivos de acción determinados. Esta investigación tenderá a ser permanente, y será la base de la evaluación y del seguimiento del proceso y de los efectos en los individuos.

b) Establecerá dispositivos de acción por los cuales se implicarán otros profesionales (educadores...) o miembros de la comunidad, para intervenir desde el interior del grupo sociopatológico reencontrado, y desarrollando todos aquellos aspectos alternativos.

c) Establecerá un dispositivo de análisis y de transmisión de habilidades para los sujetos que mantienen los dispositivos de acción, para que a su vez sean transmisores de capacidad y potencia a los miembros del grupo definido como sociopatológico.

d) Mantendrá un espacio abierto a la consulta para que los miembros del grupo puedan hacer uso de él, puedan establecer contratos de tratamiento, etc.

e) Todo proyecto dirigido a un grupo sociopatológico debe ir acompañado de un proyecto más amplio para recuperar y capacitar al resto de la comunidad, para que intervenga en el proceso de recuperación de la salud social de un grupo determinado y, si eso no es posible, para evitar o debilitar los efectos que éste conlleva de rechazo para aquellos sujetos que pueden identificarse como pertenecientes a alguna de las sociopatologías conocidas.

f) Además de las técnicas y conocimientos que hemos ido señalando, aquí hemos de añadir todos aquellos que hacen referencia a las sociopatologías concretas, así como a los métodos de intervención, etc.

Elementos formales para la propuesta de formación

En las otras partes de la ponencia hemos recogido las necesidades, los contenidos que el profesional que actúa en los servicios sociales tiene; en esta parte proponemos las formas cómo podrían organizarse éstos.

Es necesario decir que los estudios de la licenciatura deberían ser ocasión para organizar un currículum que, sin ser de especialidad, permitiera después optar por ella.

Nos parece que la formación de postgrado tendría que organizarse alrededor de tres ejes que se complementaran y que la falta de uno de ellos, además de que repercutirá en la capacitación del profesional, deberían ser obstáculos suficiente para no obtener la titulación convenida.

Estos tres ejes serían:

1) Formación/información

2) Prácticas

3) Supervisión.

Formación/Información

Este eje se acerca a la forma clásica de organizar los estudios, aunque nosotros hacemos hincapié en que debe mantener tres ámbitos diferenciados:

a) El nivel temático o propiamente académico, donde la información de los diversos aportes científicos sea puesta en conocimiento del estudiante. El régimen debería ser en forma de seminario, pues el inscrito es ya un licenciado.

b) El nivel de análisis de problemas, donde fundamentalmente se pretende capacitar al que se oriente a este campo a tener en cuenta las diversas variables que intervienen en los problemas reales, que después va a tener que afrontar profesionalmente.

c) El nivel de evaluación o debate de las diversas tecnologías de intervención, que además de ser conocidas deben ser valoradas.

Tanto el nivel b) como el e) deberían ser organizados en forma de grupos operativos, dirigidos por expertos en técnicas de grupo y en la profesión.

Prácticas

Como aquel período de trabajo que sería necesario instrumentar y donde el licenciado pudiera pasar y superar los niveles de "aprendiz, oficial y maestro" (perdonen la utilización de esta terminología, pero nos ha parecido útil para explicarnos con brevedad).

Deberían ser reconocidos los lugares donde se podrían desarrollar; debería existir un reglamento de pactos mutuo entre la entidad organizadora de la formación del tercer ciclo, el lugar donde se realizan las prácticas, el colegio profesional y el que las realiza.

Estas prácticas deberían tener unos limites temporales, y señalar que se espera para poder superar los diversos niveles a conseguir en ese tiempo.

La supervisión

El tercer eje seria la supervisión, entendida como la relación que se establece entre un profesional experto en el trabajo y reconocido como supervisor y el candidato a la especialización.

El objeto de esta relación sería ayudar a superar los niveles que se exigen en el programa de prácticas; dicho en otros términos, capacitar para el análisis, potenciar la intuición profesional, salvaguardar la ética profesional, mantenernos dentro de los paradigmas científicos, etc.

La relación de supervisión tendría que estar regida también por un reglamento donde se fijaran las competencias del colegio profesional, de la universidad, del supervisor y del supervisado.

Finalmente reiterarnos en lo que decíamos al principio; es necesaria una formación que se inicie en la licenciatura, se continúe con el postgrado, pero que se mantenga dentro del ámbito de formación permanente.

Y dado que las especializaciones tienen mucho que ver con el profesional, es necesario buscar fórmulas donde la universidad y los colegios profesionales se responsabilicen de dicha formación.

Una vez publicada la revista, el texto integro de todos los artículos se encuentra disponible en
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