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Papeles del Psicólogo es una revista científico-profesional, cuyo objetivo es publicar revisiones, meta-análisis, soluciones, descubrimientos, guías, experiencias y métodos de utilidad para abordar problemas y cuestiones que surgen en la práctica profesional de cualquier área de la Psicología. Se ofrece también como foro para contrastar opiniones y fomentar el debate sobre enfoques o cuestiones que suscitan controversia.

PAPELES DEL PSICÓLOGO
  • Director: Serafín Lemos Giráldez
  • Última difusión: Enero 2024
  • Periodicidad: Enero - Mayo - Septiembre
  • ISSN: 0214 - 7823
  • ISSN Electrónico: 1886-1415
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Papeles del Psicólogo, 1982. Vol. (3).




TRABAJO EN TORNO AL FRACASO ESCOLAR

Antonio Díaz García. Laura González Martínez

La Comisión de Psicología y Municipios tiene como uno de sus objetivos el fomentar el intercambio de experiencias de psicólogos que trabajan en el ámbito comunitario. En esa perspectiva presentamos el siguiente trabajo en torno al fracaso escolar fruto de la reflexión de nuestros compañeros del Servicio de psicopedagogía y salud mental de San Fernando de Henares Antonio Díaz García y Laura González Martínez. Ambos son miembros de la Comisión de Psicología y Municipio del Colegio.

EL Fracaso Escolar se presenta ante nosotros, psicólogos del servicio de psicopedagogía y salud de San Fernando de Henares, como una demanda imperiosa; la familia, los profesores, los directores de los Colegios Nacionales nos traen a los niños porque "no aprenden, repiten, son vagos, distraídos, agresivos, raros, insoportables en clase, no saben leer o escribir, parecen llamativamente retrasados, son disléxicos, tienen algo en la cabeza, son deficientes o no son normales, hablan mal, no aprenden matemáticas", etc., etc., etc. Junto a este mal que el niño tiene dentro de sí, se nos remite una segunda petición: que "arreglemos su defecto, que diagnostiquemos, que es imposible que siga en el colegio". Una y otra son demandas de exclusión para el niño y nos colocan a nosotros en la situación de ser quienes, amparados en nuestro saber (que adquiere connotaciones míticas para padres y profesores), digamos la palabra definitiva que ni unos ni otros se atreven a terminar de decir: este niño está enfermo, o bien este niño necesita Enseñanza Especial, es deficiente. En ningún momento se solicita de nosotros que dediquemos nuestro saber al empeño de comprender qué está sucediendo, en el niño, en la familia, en la escuela. Si esto es así, se debe a que ni la escuela ni la familia pueden soportar la angustia que se desprende de la aceptación de que las problemáticas que surgen en su interior son el resultado de su estructura: es decir, son síntomas de su funcionamiento. Sólo cuando el psicólogo soporta el peso de esta angustia, padres y profesores pueden empezar a cuestionar su propio lugar, pueden comenzar a interrogarse sobre lo que la perturbación del niño puede tener que ver con ellos mismos.

Una demanda engañosa

La demanda que hemos dicho se nos hace, es una demanda engañosa; si hacemos justamente lo que se nos pide, quienes nos lo han pedido nos elogiarán, pero repetirán la misma demanda una y otra vez, y cada vez con mayor urgencia, hasta que ya no podamos complacerles; si nos negamos a hacer lo que se nos pide, se dirá que no somos útiles. Lo importante se sitúa para nosotros en recoger la angustia que subyace a la demanda, no en responder a la demanda, y recoger la angustia para soportarla, para hacerla soportable a quien nos está pidiendo, por que ésta es, en nuestra opinión, la verdadera petición que encierra la demanda.1

Una vez que la demanda se nos ha planteado, es interesante distinguir si es la familia o la escuela quien pide nuestra intervención. Cuando es la familia quien acude a nosotros preocupada por el fracaso escolar de uno de sus miembros, nuestra actuación no es diferentes lo que puede realizarse desde cualquier otro gabinete psicopedagógico, remitiéndonos a un proceso psicodiagnóstico que culmina en las orientaciones adecuadas al caso2, la pequeña infraestructura con la que nuestro Servicio cuenta hace que sea imposible emprender un proceso terapéutico rehabilitador, pues simplemente realizando dicho proceso de psicodiagnóstico nos vemos obligados a mantener una lista de espera, lo que interfiere en alguna medida en el trabajo, Sin embargo, este proceso de psicodiagnóstico nos sirve como modo de investigación sobre las problemáticas en que el fracaso escolar se concreta y sus causas; es a partir de esta investigación como esperamos, en un futuro inmediato, plantear la creación de recursos inter y extraescolares, tendentes a la prevención del surgimiento de estas problemáticas.

Si la demanda proviene de la escuela, puede hacerlo de diferentes modos: directamente o por medio de la familia. En muchas ocasiones, unos padres llegan a nosotros, no porque sientan preocupación por algo que le sucede a su hijo, sino porque el profesor de su hijo les ha indicado que consulten al psicólogo; si la familia no muestra la menor preocupación por el problema del niño, nuestra actuación a este nivel es imposible: tarde o temprano los padres boicotearán nuestro trabajo. Cuando esto es así, optamos por la entrevista con el profesor que ha recomendado nuestra actuación, entrevista destinada a conocer cuál es la preocupación del profesor y el problema del niño.

Cuando la escuela demanda directamente, puede ser un profesor el que nos hable de un alumno que sólo a él le preocupa, o puede tratarse de lo que llamamos una "demanda institucional"; éstas suelen venir de la manó del director de la escuela o bien a través de diferentes profesores y en este caso, más que como una petición de trabajo, se presenta como un comentario, ocasional pero numerosas veces repetido, sobre aquel lo que es motivo de preocupación. Estas demandas institucionales aparecen en ocasiones significativamente conflictivas para toda la escuela aunque, generalmente, la escuela se explica esta situación como consecuencia del ambiente familiar. Se refieren estas demandas a casos considerados de deficiencia psíquica (niños que llevan varios años en la escuela y su rendimiento ha sido totalmente nulo y su comportamiento es extraño); casos de conducta agresiva (niños cuya agresión hacia otros o hacia sí mismos ha llegado a producir algún accidente o algún suceso que ha asustado al profesor o a la institución); casos de minusvalías físicas (niños con algún defecto físico que, les impide una adaptación total a las normas de fracionamiento de la institución); conductas delictivas o predelictivas (robos en grupo de material escolar, ausencia repetida a la escuela, fugas de la escuela, etc.).

Un proceso aceptado por familia y profesores

En estos casos, nuestro modelo de actuación, que no supone pasos rígidos a realizar sino etapas posibilitadoras de un proceso, es el siguiente: en primer lugar, es necesario que la institución nos haya pedido que actuemos en el caso concreto; si no lo ha hecho aunque nosotros conozcamos el problema, no intervenimos o lo hacemos en el sentido de facilitar que se produzca la demanda. Una vez solicitada nuestra actuación (y ello no precisa una petición formal, sino que puede tomar la forma de un simple comentario seguido de un "qué os parece a vosotros", "qué se podría hacer", "cuál es vuestra opinión" e incluso, a veces, de un modo más impreciso), planteamos una entrevista con aquellas personas de la institución de donde ha partido la demanda: director y profesor del alumno, grupo de profesores y director, claustro... para que en ella se nos hable de lo que sucede, del suceso, del alumno, del problema, de lo que la escuela piensa de todo ello, de las soluciones que entrevé, de lo que supone que sería preciso hacer y de lo que la institución está dispuesta ella misma a hacer. Siempre se nos pide que trabajemos con el niño, que averiguamos qué le ocurre y nosotros aceptamos iniciar un proceso Psicodiagnóstico con las siguientes condiciones: 1 º sólo trabajaremos con el niño si la familia acepta y colabora a que lo hagamos, e incluimos en el trabajo con el niño entrevistas familiares; 2º es la escuela quien debe explicar a la familia el problema existente y recomendar la actuación del psicólogo, y 3º la propia escuela debe aceptar y colaborar a que realicemos cuantas entrevistas sean necesarias con el o los profesores implicados en el caso, aportarnos el material e informes sobre el alumno, etc. Comenzamos entonces un proceso de psicodiagnóstico que incluye, como ya hemos señalado, la participación de familia y profesores. Una vez terminado, explicamos a la familia y a la escuela nuestra opinión sobre el caso, convocando una entrevista en la que participan padres, profesores, director y nosotros mismos, en la que proponemos el trabajo que consideramos adecuado al caso concreto; este trabajo tiene por finalidad que el niño no abandone la escuela y suele tener tres facetas: 1) por parte de la escuela, el niño continúa en su clase y su profesor se reúne periódicamente con nosotros para trabajar, conjuntamente, la integración del niño en la clase y en la escuela, deteniéndonos especialmente en las dificultades que al profesor le aparecen por la presencia del niño en su clase; 2) por parte de los padres se planifican una serie de entrevistas o, en su caso, un proceso terapéutico familiar, y 3) por parte del niño, se inicia un proceso terapéutico continuado, generalmente de duración limitada debido, a las carencias infraestructurales que nuestro Servicio posee. Este trabajo se lleva adelante sobre la base de un compromiso de las tres partes: padres, que permiten el tratamiento del niño; escuela, que acepta la permanencia del niño en la escuela, y psicólogos, que llevan a cabo el tratamiento del niño. El trabajo se interrumpe en el caso de que alguna de las partes no cumpla el compromiso que le corresponde.

Cuando la demanda proviene de un profesor y no se trata de lo que hemos llamado "demanda institucional", proponemos entonces un trabajo en grupo con los profesores de un mismo Colegio (dado que cada uno de ellos nos hace peticiones individuales), divididos por Ciclos y dando prioridad al Ciclo Inicial (por ser en él donde se generan las principales dificultades psicopedagógicas, que en el resto de los cursos no hacen sino complejizarse). Este trabajo en grupo consiste en la presentación de casos por parte de los profesores y en la discusión grupal en torno al material presentado; se trata de proponer ideas de actuación sobre el caso puesto a discusión y, al mismo tiempo, tomarlo como ejemplificación de una serie de aspectos que resultan comunes e n las problemáticas que aparecen expuestas por los profesores3.

La escuela que no enseña

Queda una última posibilidad de trabajó dentro de la escuela, que consiste en el análisis de la institución como estructura que precipita la aparición de un síntoma: el fracaso escolar; es decir, trabajar no sobre el porqué el niño no aprende, sino sobre el por qué la escuela no enseña. Las dificultades de este trabajo son evidentes: para empezar, la escuela no solicita un trabajo así y si se le impone, no lo consiente y acaba por hacerlo inviable; por otra parte, la escuela es una institución dependiente o integrante de un sistema educativo, y su análisis supone el de dicho sistema, y, en último término, analizar las causas de un fracaso implica pensar en una renovación, que parece no estar contemplada entre las intenciones de los últimos responsables de dicho sistema. En el sentido de la renovación educativa que acabamos de señalar, pero sin un alcance sobré la institución escolar sino sobre sus componentes - los profesores -, hemos propuesto la creación de Grupos Operativos, donde los profesores puedan asistir de modo voluntario para reflexionar sobre su trabajo profesional4.

Por último, nuestro trabajo con la institución escolar tiende a la elaboración de un diagnóstico de la situación de fracaso escolar en San Fernando de Henares, que tendría como objetivo presentar a las autoridades de la administración local y del Ministerio de Educación (inspección), aquellas medidas que, en nuestra opinión, deberían ponerse en marcha para atajar el problema del "fracaso escolar" en nuestra comunidad.

No queremos terminar este punto sin señalar que la experiencia que estamos presentando es una experiencia que actualmente llevamos a cabo, llena de dificultades, y que nos obliga permanentemente a poner en cuestión nuestro método de trabajo, porque continuamente nos va ofreciendo nuevos datos, nuevas informaciones, que nos permiten progresar a fuerza de no pretender mantener lo que resulta inoperante, por más que con anterioridad fuera útil.

Una demanda institucional

'El curso pasado una madre vino a pedir consulta para su hijo Juan. La profesora le ha dicho que el niño es muy agresivo y que necesita que un psicólogo le vea. Juan es el mayor de cuatro hermanos. Tiene siete años y está en 1º de EGB. Desde Preescolar muestra en el colegio actitudes marcadamente agresivas con su profesora y sus compañeros; por lo que éstos no le aceptan: da patadas, muerde y pega muy violentamente, incluso a la profesora y, en alguna ocasión, al director. El rendimiento escolar es nulo, no se interesa por ninguna tarea y, en ocasiones, abandona el aula. No sabe leer ni escribir, ni aún se encuentra en los inicios de estos aprendizajes. Los padres no tienen conciencia de que su hijo tenga estos problemas: no creen que sea agresivo; en su casa cuida a sus hermanos menores. Su desarrollo, según ellos, ha sido siempre normal. El padre habla de él como de un niño sumamente responsable y dice: "quizá le hayamos hecho mayor antes de tiempo, pero ya está acostumbrado y le vendría peor cambiar". Dice el padre que es "muy duro": "se cae y nunca se queja". Aludiendo a su aprendizaje escolar todos sus problemas los atribuye a este nuevo colegio (echando la culpa a las profesoras - las dos mujeres - que, según él no saben imponerse, falta que también atribuye a su mujer en el trato con el niño): con cuatro años dice, estuvo en un colegio privado en donde, según la información del padre, tenía conocimientos que ahora ha olvidado y donde nunca se quejaron de su comportamiento. Por todo ello, los padres no entienden que e niño deba visitar a un psicólogo pero, sin embargo, le habían llevado a un Centro Médico donde le habían realizado un EEG no apreciándose nada significativo, pero se le prescriben unos tranquilizantes, que en el momento de asistir a nuestra consulta ya no toma por iniciativa de los padres le encontraban muy decaído y en clase, en una ocasión, llegó, a marearse. En esta entrevista la madre apenas participa. El padre habla bastante pero mostrándose muy remiso a esta consulta que realiza simplemente por la indicación del colegio. El hecho de que el psicólogo que les atiende sea mujer, hace que la desconfianza del padre aumente, poniendo de manifiesto que nadie conoce a su hijo como él.

La psicólogo trabaja cuatro sesiones con Juan; en ellas se muestra apático, desinteresado, poco colaborador y con aspecto cansado, A pesar de la recomendación dada a los padres de que informaran a su hijo del motivo de esta consulta, el niño no sabía a qué venía. Cuando dibuja, se tapa; cuando juega, se vuelve de espaldas. Cuándo se le pregunta, contesta de mala gana, y a veces parece muy triste. Dice: "no me gusta ir al colegio", "ellos me molestan, mis hermanos me molestan, y mis padres también", "me gustaría vivir sólo", "mi papá me regaña, yo estoy tranquilo y él me regaña; mi mamá siempre está hablando y nunca me deja en paz, siempre habla con mi papá y me van a dejar sordo". La psicólogo le pide que dibuje una familia. Dibuja un sólo personaje y dice que es su padre, pero no quiere dar más información. Juega con coches a "policías y ladrones" y a las guerras con indios y vaqueros.

En la devolución propuesta a los padres no asisten en tres ocasiones, siendo el motivo, al parecer, problemas de horario laboral del padre. Por fin acuden cuando el padre está de vacaciones. Los temas tratados son la excesiva responsabilidad del niño, sobre todo con respecto a sus hermanos (hace de mamá, de papá, y parece que nunca de hijo); en la escuela esto no le sirve, ya que se encuentra con un grupo de niños de su edad, y alguno más fuerte que él y con una profesora. Dice el padre: "Juan tiene que ser siempre el 1º" y vuelve a decir que la señorita no sabe imponerse, al igual que su mujer. Además comenta que el niño está acomplejado porque como está con una señorita sus vecinos le llaman "marica". Al preguntarle al padre por qué considera él que Juan puede mostrar tanta agresividad en el colegio, el padre vuelve a responder que no saben tratarle, que no se le imponen: "El niño conmigo no hace esas cosas".

A comienzos del presente curso vienen al Servicio la madre y Juan. Ella se muestra muy disgustada. Cuenta que Juan está expulsado del colegio, el niño se ha portado muy mal. El director le ha dicho que hasta que no tenga un Informe nuestro, que certifique si el niño puede estar o no en el colegio, que no vuelva. Se le dice a la madre que nos encargaremos del asunto y que nos pondremos en contacto con ella. Concertamos una entrevista con el director y la profesora de Juan. El director no asiste. La profesora nos habla de conductas agresivas y autoagresivas, de intentos de irse del aula y del colegio. Muestra una actitud de mucho rechazo y habla de que ella ha sido profesora en un colegio de Enseñanza Especial, y que allí sí puede estar; que no puede responsabilizarse de un niño así, que lo ha probado todo con él y que, a pesar de que repite curso, no sabe ni las vocales. Le proponemos una reunión en la que participen los padres de Juan, el director, ella y dos psicólogos del Servicio, para hablar de todo lo que está ocurriendo. El colegio deberá convocar a los padres. Se realiza esta reunión; a la hora prevista no están ni el director ni el padre. La profesora se queja de estas ausencias. Más tarde ambos se presentan, alargándose por este motivo la entrevista. Les indicamos que nos haremos cargo del caso del Juan, si el niño se reintegra al colegio y si los padres aceptan y colaboran en el tratamiento. A la profesora se le indica que, si su relación con el niño es sumamente conflictiva, podrá verse la posibilidad de que pase a otra clase. Al padre se le explica que su hijo tiene graves problemas y que, para resolverlos, necesita de su ayuda personal.

Aceptadas estas condiciones se comienza el trabajo; por un lado con la profesora con reuniones periódicas; por otro con los padres a través de entrevistas; por otra, con Juan para el que se pone ocho sesiones con carácter diagnóstico, al cabo de pro las cuales se reconsiderará la situación.

1.- La profesora parece haber encontrado un nuevo modo de relación con Juan. El niño le parece ahora, en ocasiones, inteligente; sabe cómo detener su agresividad; fomenta, con buen resultado, su integración en el grupo...

2.- Los padres ahora empiezan a considerar qué cosas pueden ayudar a Juan y muestran más colaboración en el contacto con nosotros.

3.- El niño ha vuelto al colegio; muestra una integración aceptable; su nivel de agresividad ha descendido notablemente, comenzando a interesarse por las tareas escolares. Asiste semanalmente a las sesiones diagnósticas, en donde progresivamente va colaborando más.

En un primer momento, ni los padres ni el colegio quieren hacerse cargo del problema de Juan. La actuación del psicólogo en una situación así es insostenible, está abocada al fracaso.

Para el padre todo el problema está en que las mujeres no saben tratar a su hijo y el psicólogo, siendo mujer, tampoco sabrá hacerlo. Si los padres no aceptan el trabajo del psicólogo, el niño tampoco lo puede aceptar. A él todo el mundo le molesta y también el psicólogo le molesta. El colegio ni siquiera aparece en este primer momento; se limita a enviar a los padres.

En el segundo momento, ante la grave situación de expulsión, nuestro interés primordial es hallar el modo que posibilite trabajar con eficacia el problema de Juan. Sólo cuando le planteamos a la profesora que no es obligatorio que soporte a Juan, ella puede decidir que le quiere soportar. Al plantearle a su padre que es necesaria su decisión personal para poder ayudar a su hijo, puede aceptar su ayuda.

Cuando a Juan se le conceda un lugar igual a los demás niños en su colegio, y un lugar de niño entre los hermanos en su familia, puede comenzar su cambio.

(1) .- Nos hemos interesado por delimitar la procedencia (quién) y las características (cómo) de las demandas que sobre el Fracaso Escolar llegan hasta nosotros, pues en función del quién y el cómo hemos observado que el encuadre de trabajo (trabajo siempre centrado en el síntoma del niño) debe adquirir características específicas que permitan realizarlo. Son estas diferencias en el encuadre las que abordamos a continuación.

(2) .- En estos casos el Fracose Escolar no es un síntoma diferente de los llamados "problemas de personalidad", es el modo que tiene el niño de expresar una conflictiva personal de rango inconsciente. El proceso psicodiagnóstico tiende a establecer cuáles son las motivacines últimas que determinan la aparición de este síntoma.

(3) .- La experiencia nos ha mostrado que una vez contituídos estos grupos como lugar donde el profesorado puede exponer las dificultades que encuentra en la relación personal-pedagógica con alumnos concretos, los alomnos no cesan de presentar problemas, pero el profesor es capaz de pensar sobre ellos, de aceptarlos como una característica propia de la clase y, en muchos casos, de romper la relación estereotipada que mantiene con el alumno-problema y reconducir el caso hasta una mejor integración del alumno.

(4) .- Este trabajo consiste en un Seminario-Grupo Operativo, bajo el título "Familia, Escuela, Comunidad".

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