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Papeles del Psicólogo es una revista científico-profesional, cuyo objetivo es publicar revisiones, meta-análisis, soluciones, descubrimientos, guías, experiencias y métodos de utilidad para abordar problemas y cuestiones que surgen en la práctica profesional de cualquier área de la Psicología. Se ofrece también como foro para contrastar opiniones y fomentar el debate sobre enfoques o cuestiones que suscitan controversia.

PAPELES DEL PSICÓLOGO
  • Director: Serafín Lemos Giráldez
  • Difusión: (Noviembre 2013)
         Media de difusión: 57.900 ejemplares
  • Periodicidad: Enero-Abril | Mayo-Agosto | Septiembre-Diciembre
  • ISSN: 0214 - 7823
  • ISSN Electrónico: 1886-1415
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Papeles del Psicólogo, 1982. Vol. (7).




CONTESTACIÓN DE MARIANO YELA

Mariano Yela

1 Creo que los Planes de estudio son importantes, pero secundarios. Lo decisivo es disponer de buenos profesores y de un ambiente que facilite y exija su dedicación exclusiva a la investigación y la docencia. Sin eso, los mejores Planes son letra muerta.

Un buen Plan es, sin embargo, conveniente. Hoy, la tendencia entre nosotros es que todas las asignaturas sea, como ustedes dicen, específicamente psicológicas. Me parece una reacción comprensible y saludable frente a la situación anterior, en que la Psicología era considerada como una rama de Filosofía y Letras. No lo es. Al menos, no lo es exclusiva, ni principalmente. La Psicología es una ciencia teórica y aplicada de carácter empírico y experimental. La tendencia que comentamos significa que se quiere respetar el carácter científico de la Psicología. Pero es una tendencia exagerada. La ciencia psicológica trata muy preferentemente del hombre en la Naturaleza, la Sociedad y la Historia. No puede desatender el estudio de ciertas metodologías y fundamentos biológicos, sociológicos, históricos, antropológicos, epistemológicos y filosóficos. Su desatención es una falla que comienza a notarse en nuestros Planes de Estudio. Las otras fallas importantes que vamos comprobando no proceden del Plan, sino de su aplicación. Todo Plan de Psicología debe estar montado sobre trabajos efectivos de los alumnos, ejercicios, seminarios, prácticas de laboratorio, estudios de campo, internado en servicios de psicología aplicada. Nuestros Planes suelen pretender todo esto. No lo suelen cumplir, por falta de medios. Todo Plan de Psicología debe comprender un último ciclo del más alto nivel para el desarrollo de la investigación básica y aplicada. También suele incluirse en los Planes. En muchos casos, tampoco se puede cumplir.

Lo que más urgentemente hemos de conseguir para que los Planes se cumplan es que se reconozca, según la terminología vigente, el carácter experimental de nuestras Secciones o Facultades de Psicología, que se cuide la formación permanente del profesorado y que se disponga de los laboratorios y centros de aplicación necesarios.

2 Depende de las Universidades. Su profesorado y sus medios son muy distintos. Las mejores dotadas creo que empiezan a ofrecer una razonable preparación profesional. La profesión psicológica cubre muchos y muy diversos campos. Ninguna Universidad puede abarcarlos todos. Haría falta que cada una se especializase en ciertas áreas, de acuerdo con la competencia de su profesorado.

La relación entre los estudios universitarios y la práctica de la profesión es, en general, deficiente, aunque va mejorando. La relación debe ser continua, intensa y recíproca. Sin una sólida base teórica y experimental, el psicólogo profesional corre el riesgo de convertirse, en el mejor de los casos, en un consejero con buena voluntad y sentido común, y, en el peor, en un pomposo charlatán. Sin la constante colaboración de profesionales competentes, los estudios universitarios corren el riesgo de convertirse en un juego académico.

3 En ese doble sentido, el papel de la práctica es imprescindible y capital. La Psicología es, fundamentalmente, una ciencia. La teoría científica es teoría de la práctica. La práctica científica de la teoría. Sin práctica, la teoría es pura especulación. Sin teoría, la práctica es rutina o fraude. La Psicología tiene que resolver, además, un difícil problema. Es, a la vez, ciencia, tecnología y aplicación práctica. Tendría que organizarse como una Facultad que reuniera estudios de dos tipos, como los de Física e Ingeniería, o los de Biología y Medicina. Además, como ciencia del hombre, no puede esquivar ciertos problemas filosóficos, éticos y sociales. Todo lo cual acentúa la necesidad de una estrecha relación entre la teoría y la práctica.

4 Claro que no todo es perfecto. ¿Quién es perfecto? El que lo sea, que arroje la primera piedra. Para mí, no hay duda. La más grande deficiencia está en el profesorado. Y no me refiero a estas o aquellas personas. Creo sinceramente que los jóvenes profesores de psicología son, en su mayor parte, competentes.

Me refiero a la organización del profesorado. A algunos de nosotros les ha costado muchos años lograr que se crearan los estudios de Psicología. Luego, de pronto, sin orden ni concierto, aparecieron por todos los rincones de España. No es eso. No se trata de que cada pueblecito tenga su Facultad de Psicología. Se trata de ver cuántas Facultades hacen falta para formar a los investigadores y profesionales que necesitamos. No se trata de que estén en Madrid, Barcelona y Valencia, pongo por caso. Tal vez debieran estar en Tomelloso, Ponferrada o Cangas de Onís. Las que convenga, donde convenga y bien dotadas: esa es la cuestión. Y que los problemas que esto plantee a los alumnos, se resuelvan con becas para los que las necesiten y las merezcan. Nos urge un Plan de Formación del Profesorado. Hay que seleccionarlo con justicia y rigor. Hay que darle oportunidades para que se forme. Hay que retribuirle decorosamente. Y luego, dejarle que investigue y enseñe en paz. Eso es lo principal: tener profesores competentes, en la brecha de la investigación de vanguardia. Con ellos, se puede hacer mucho, aunque se disponga de pocos medios. Sin ellos, los medios no sirven para nada.

Por supuesto, tal profesorado es necesario, pero no suficiente. Precisamente esos que ustedes mencionan, empezando por dotar a la Universidad de una infraestructura adecuada para la investigación. Pero lo principal es el hombre.

5 En cierto modo ya he contestado a esta pregunta. Añadiré algo que juzgo importante. Es preciso, a la vez dar a las Universidades autonomía y exigirles responsabilidad. Es un tema delicado, que habría que matizar. No hay espacio para ello. Simplificando al extremo las cosas, yo diría que, dentro de ciertos requisitos mínimos, cada Universidad debe decidir su propia organización, y que la que fracase, lo pague, se reforme o cierre. El pensamiento y la ciencia sólo prospera en un clima de libertad. Pero se deforman y extinguen sin una comprobación responsable. A una Facultad de Psicología verdaderamente autónoma yo le diría: atiendan ahora, lo mejor que puedan, a sus deberes actuales. Pero párense a pensar con calma. Piensen, primero, en la formación de su profesorado, a fondo y sin prisas. Vayan escogiendo a los alumnos que valgan y trabajen. Que los que aspiran al profesorado, pasen algunos años de estudio, de investigación, de prácticas, en alguna especialidad, con los mejores maestros, aquí o en el extranjero. Que puedan vivir, mientras tanto, decorosamente, y ascender, poco a poco, por los méritos que prueben con sus trabajos e investigaciones y que sigan ya siempre investigando. La Universidad es sobre todo un Centro de investigación. No es sólo eso, pero es eso principalmente. Es un centro de formación permanente a través de la investigación básica y aplicada, tanto para los profesores como para los alumnos. Y, en servicio de la ciencia y de la sociedad, al que más valga y trabaje, hay que reconocerle más autoridad y exigirle más responsabilidad.

6 Si, es conveniente que incluya una formación especializada. Ya lo he dicho. Todas las Universidades no pueden tener todas las especialidades. Cada una debe ofrecer varias, tanto en la investigación fundamental como en la aplicación práctica. Es difícil incluir la formación especializada en una Licenciatura con menos de seis años. Los alumnos tienen prisa por salir y trabajar. Pero es mejor pasar un año más y salir preparados, que salir un año antes y perder luego varios sin saber qué hacer. Hay que enseñar a la Sociedad que el psicólogo puede ser útil. Hay decenas de miles de puestos potenciales, en la enseñanza, en el trabajo, en la salud y la enfermedad, en la infancia, en la familia, en la vejez, en la prevención y rehabilitación, en el ocio, el juego y el deporte, en el urbanismo y la administración. Hace falta ir demostrando a los individuos y a la sociedad que los psicólogos somos de verdad útiles. Y eso sólo se consigue con una buena formación. Es verdad que tampoco conviene exagerar. La Universidad no está para enseñarlo todo, sino para preparar a cada uno para que sepa seguir toda su vida aprendiendo, investigando y adquiriendo experiencia profesional por su cuenta.

Creo que seis años son suficientes. Cuatro de formación básica y técnica en los que se inicie alguna especialización. Dos de formación especial, con algún tiempo dedicado a asignaturas teóricas y prácticas de la especialidad y con la mayor parte del tiempo dedicado a trabajar como alumno interno en los servicios pertinentes de psicología aplicada. Es posible que, con profesorado y medios, todo esto pueda lograrse en cinco años, con tal que se organicen cursos especiales y períodos de estancia y participación en los servicios aplicados para los antiguos alumnos que deseen renovar y actualizar su práctica profesional.

Una ultima observación. Mis contestaciones tienen un matiz crítico, aunque tal vez demasiado leve. Creo que la actitud crítica -quizá incluso algo más fuerte que la mía- es saludable. Pero no quisiera de ninguna manera dar una impresión derrotista. Llevo muchos años trabajando para la psicología. La he visto crecer lentamente entre nosotros, y, en los últimos años, adquirir un desarrollo notable. Ya no hay que empezar en cero. Se está trabajando mucho y bien. Ahora hay que consolidar y mejorar lo logrado. Mi impresión es que tenemos psicólogos competentes para conseguirlo.

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